Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

sábado, 25 de diciembre de 2010

REFLEXIÓN EN NAVIDAD

La verdad es que no he podido evitarlo. Todos los años, año tras año, me planteo lo mismo. Y lo mismo le digo a los que tengo a mi alrededor: Es Navidad. Y es tiempo y momento de celebración, de comidas en familia, y de regalos, de costumbres occidentales, occidentalizadas y modernizadas (remasterizadas a los tiempos y la civilización del primer mundo). Es tiempo de celebrar el nacimiento de Jesús en fechas en que seguramente no nació. Es tiempo de celebrar la victoria de la Luz sobre la oscuridad en el Sol Invictus..., aunque no se nos cuente que esto es así, y la esencia de divinidad y culto solar que esto viene a dar al personaje de Jesús... Es tiempo de muchas cosas, y muchas de ellas alejadas de lo que vendría a significar un sentimiento auténtica y verdaderamente cristiano. Porque mientras que en el primer mundo nos explayamos en derroches aún a pesar de la crisis, olvidamos que medio mundo se muere de hambre para que nosotros podamos celebrar nuestra opulenta Navidad, la Navidad de las grandes superficies comerciales, la anestesiante Navidad que dentro de unos días nos volverá a depositar sobre la realidad nada sublime de los tiempos difíciles en un mundo donde todo se nos antoja fácil, alejados de la esencial realidad de lo que verdaderamente significamos como seres humanos.

Necesitamos tomar conciencia de lo siguiente:

No es moralmente aceptable que medio mundo celebre la llegada de Dios a la Tierra, mientras la otra mitad celebra el milagro de sobrevivir un día más en condiciones de pobreza, marginación e injusticia social.

Así que cuando celebremos la Navidad y el Año Nuevo dediquemos, aunque sea por un segundo, un pensamiento, una mirada, una reflexión, al desfavorecido y olvidado de Dios. Si no hacemos esto, caeremos un año más en la autohipnosis cada vez más comercial de la llegada del Reino de los Cielos.

Por el que padece.
Por el que no tiene.
Por el perdido.
Por el desamparado.
Por cada hermano y hermana que camina sobre este mundo, y no encuentra la paz o el pan.
Por todos y cada uno de ellos.

Que el nuevo tiempo nos traiga el nuevo mundo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

VIVIR EN LO APARENTE


Vivir en lo aparente no da la felicidad. Puede darte momentos de satisfacción, incluso de gloria, pero no da la felicidad. Ni siquiera da algo que pudiera considerarse suficientemente permanente al punto, cuando menos, de sacarte de la ilusoria transitoriedad de lo que significamos como caminantes. Si eres un caminante, la fugaz gloria de la apariencia te hace creer que eres el camino.

¡Ay, amigo que vives de la ilusión de lo aparente!. ¿Por qué confundes tu imagen con “lo que en verdad eres”?. “Lo que en verdad eres” no está sujeto al paso del tiempo, ni al hecho de tener que aparentar lo que en verdad no eres. En cambio, la irrealidad de lo que aparentas, de la imagen que proyectas, incluso de la imagen que te esfuerzas en sostener porque te genera alabanzas, se extingue cada vez que la mirada ajena se dirige a otra dirección porque, en ese momento, dejas de ser el centro. Y claro, tienes permanentemente que alimentar el ego para que no se diluya..., hasta que cobra fuerza y se apodera de ti. Entonces estás perdido. Porque corres el riesgo de identificarte tanto con la imagen que proyectas que vivas permanentemente en el ego, subido en tu propio pedestal, alejado de toda realidad, de toda sensibilidad, gozando de ti mismo y para gozo de los demás. Y no quepa en tu vida más amor que el que te profesas a ti mismo.

¿Por qué no sales de la espiral del ego?. ¿Por qué no te permites ser verdaderamente libre y despliegas tus alas?. No olvides que lo único que de ti esperan los demás es que seas auténtico. Y tú crees quizá que ser auténtico es generar una imagen, identificarte con ella, y después vivir acorde a la irrealidad que genera en torno suya, y piensas: “Soy yo mismo”. Si esto es así, qué alejado estás de la realidad.
Por el contrario, búscate y encuéntrate. Habla con el silencio. Date la oportunidad de respirar hondo y mirar más allá del límite de lo que quieres ver de ti. Date permiso para amar y ser amado. Rompe tus propias cadenas. Deja de rendirte culto a ti mismo, y ríndele culto a la vida.
¡Que nefasto es el ego, y la superficialidad de pensar que somos la ropa que cada mañana nos vestimos para salir a la calle!.

Por todo esto nunca hay que mantener la guardia baja con el ego, porque es el peor enemigo que tenemos. Se alza ante nosotros, y entre nosotros y el resto del mundo. Se alimenta básicamente de nosotros mismos, y es a nosotros mismos a quien frena. No es que te haga creer que eres libre, es que te envuelve tanto que hace que te olvides de pensar que debes ser libre. La trampa del ego está en la autohipnosis que genera.
Por decirlo de algún modo, y además, te llenas tanto de ti mismo que nada más que tú mismo cabe en tu vida, en tus emociones, en tus sentimientos. Así que, entre otras cosas, no olvides que para llenarse primero hay que vaciarse.

Tampoco es necesario convertirse en el anti-ego pero, en este sentido, te digo que trabajar y vencer el ego es una asignatura esencial en el autoconocimiento, en la búsqueda de la Luz, y en nuestras relaciones con los demás. Así que, una vez más, te digo que despiertes y te pongas en marcha.
Tienes que desmantelar la superestructura de ti mismo para llegar a Ti Mismo. Así que comienza por romper el espejo en el que te miras cada mañana.

La verdad es que solo somos aprendices de humanos. Todo lo demás no es mas que vanidad de vanidades. Y esto lo olvidamos con demasiada frecuencia.

viernes, 17 de diciembre de 2010

LEVÁNTATE Y ANDA



Levántate y anda. No quiero resucitar a un muerto. Lo que quiero es despertar a un dormido. A qué esperas.
¿Desde que te levantas hasta que te acuestas, cuánta conciencia pones al hecho de estar vivo?. ¿Cuánta conciencia pones al hecho de ser humano y trascendente?.

Levántate y anda. Todo cuanto contemplas a tu alrededor forma parte de una biblioteca existencial que acoge el mayor de los conocimientos: el sentido de la existencia, y la mecánica de la vida. Es decir, el secreto de la vida en la escuela planetaria Tierra.

Levántate y anda. No te conformes con pensar que estás vivo, y que culminas cada día después de haber hecho lo que debías hacer. Ante todo, lo que tienes que hacer es aplicar conciencia a la mecanicidad de vivir, para que la mecanicidad de vivir dé paso al fluir en el vivir.

Yo te entiendo: somos seres de Luz encorsetados en un envoltorio biológico y estructural que sostiene una identidad energética, y la verdad es que necesitamos un vehículo físico con mayores prestaciones y potencialidades. Y entonces te dices a ti mismo: “hago lo que puedo”. Sin embargo, tengo que decirte que no se trata de hacer lo que se puede, sino de hacer lo que se debe en función de tu nivel de conciencia. Y si estás leyendo esto, y alguna vez te has planteado una parte de lo que te digo, es porque sabes lo que debes hacer. Y lo que debes hacer ya te lo he dicho: aplicar conciencia al hecho cotidiano, pero trascendente, de vivir.

Levántate y anda. La sucesión de los días y las noches solapa la sucesión de procesos energéticos de la conciencia vinculados al entorno energético y consubstancial. Y esos procesos inciden en ti, en tu fisiología, en tu psicología, en tu emotividad, y en los procesos más íntimos de la conciencia. Por lo tanto, no puedes dejar pasar los días pensando además que tienes muchos días por delante, pues cada día es único e irrepetible en su esencia y en la dinámica y cinética de acontecimientos que lo componen. Y, por otro lado, nada garantiza que mañana estarás aquí, posando tus pies sobre la Gran Madre planetaria que te dio la vida.

Así que levántate y anda. No lo dejes para más tarde. Despierta, y camina en libertad.

viernes, 10 de diciembre de 2010

EN EL CAMINO



Hacer el camino no es andarlo, sino vivirlo. El camino es la vida, y la vida es el camino.
Todo camino emprendido es un camino que persigue un fin, y el fin no es otro que el fin del camino. Pero todo camino parte de un mismo sitio y termina en un único lugar, pues todo camino surge dentro y dentro de nosotros acaba.
Toda vida es un camino, y todo camino tiene un sentido. El sentido del camino es el fin en sí mismo, y todo fin es un nuevo inicio.

Al caminar recreamos nuestra vida, la expresamos, y la definimos en un propósito.
Todo camino es una búsqueda, y toda búsqueda se resume en lo siguiente: todo aquello que hacemos lo hacemos, aún sin saberlo, buscándonos a nosotros mismos. Así pues, al inicio y al fin de todo camino sólo estamos nosotros mismos.

Pero un camino de verdad es un camino iniciático, que busca reencontrarnos, situarnos conscientemente dentro de un contexto trascendente y específico. Cuando nos situamos en ese centro virtual y real que somos nosotros mismos, y lo hacemos con respecto al resto del universo, hemos comprendido el sentido. Y el sentido no es el fin, sino el propósito.
De nada vale hacer un camino iniciático, quizá un camino emprendido por generaciones de hombres y mujeres que emprendían sus pasos hasta el fin del mundo, si no caminamos dentro de nosotros. Estos caminos te sitúan en un contexto energético con respecto a un todo también energético. Pero para ello hay que aplicar conciencia a los pasos. Si nos limitamos a caminar podemos andar el camino, pero no hacemos verdaderamente el camino. Más camina la luz que se prende momentáneamente ante la fugaz maravilla de una puesta de sol, que el sudor de kilómetros y de pasos dados que solo persiguen decir “yo he hecho el camino”.
Todos los caminos confluyen en una misma encrucijada: el ser humano y su propia divinidad, la propia “cosmicidad” del hombre.

El día a día es un camino que se alimenta de la visión correcta de las cosas. Y de la propia experiencia de vivir. Y de dar sentido a los pasos que damos, y a lo que vivimos; y al hecho de convertir a la vida en un acontecimiento trascendente desde que iniciamos el día hasta que el sol se oculta tras el horizonte. Por eso me permito decirte que cada día, desde que pones el primer pie en el suelo, inicias un camino que puedes convertir en iniciático si pones conciencia al hecho de estar vivo y de vivir una existencia trascendente.

jueves, 2 de diciembre de 2010

EN MI MUNDO



En mi mundo el cielo no es azul, ni azules las verdes aguas del mar de la existencia. En mi mundo el cielo es multicolor, inundado por estelas arcoíris que se entremezclan y se mueven en todas direcciones. Y las aguas del mar tienen el color de la vida, verde plateado, azul iridiscente, translucida caricia con burbujas blancas y olor a salitre.

En mi mundo los cielos no tienen negros nubarrones, sino copos de luz y de agua, húmedo hálito estelar que da vida a los más insignes pensamientos. La lluvia que riega sus campos es lluvia de estrellas y cometas, luces desprendidas de la gran bóveda de los ancestros. Y los ríos no rugen en su descenso desde las altas montañas. En mi mundo los ríos susurran cuentos de sueños profundos, que hablan del lugar a dónde todo hombre se retira  cuando el cuerpo se apaga en la noche.

En mi mundo no existen los páramos, ni el desierto ocupa la vastedad del horizonte. En mi mundo los castaños y los hayedos alfombran el paisaje, y acarician la visión más correcta al mirarlos desde fuera y hacia sus adentros.

En mi mundo la tierra no tiene sed, y la verde hierba, y el brote del jazmín, buscan la luz desde el momento en que nacen y se yerguen, sin olvidar que son hijos de dos mundos.

En mi mundo los niños no tienen hambre, ni sufren las guerras porque no hay guerras.
En mi mundo la igualdad y la libertad son consubstanciales al nacimiento de todo ser, sea hombre o mujer, tenga el color que tenga el abrigo de su espíritu.

En mi mundo, el lugar del que vengo y al que volveré algún día, la vida es conciencia, y la conciencia de la vida inspira a los seres que llamamos sabios.

Ojalá pudiera traer mi mundo a este mundo, y sembrar con sus pensamientos los pensamientos de sus hombres, y traer su luz y el canto de sus sirenas, y el aleteo del viento cuando sopla entre hojas rojas que anuncian la llegada del otoño. Ojalá que todo canto de luz brillara en toda mirada, como estrellas mirando desde ojos que se asoman a un mundo que por fin ha despertado.

Ojalá que al abrir mis ojos se abrieran todos los ojos, y al hablar, y al entonar el canto de la vida, toda voz no hiciera mas que transmitir la palabra creadora y la sonora voz del silencio, y el tañido del único corazón que todos compartimos.

Ojalá que al hacer de este mundo también mi mundo los caminos divergentes de los hombres confluyeran en un solo camino. Y que el aire fresco de la mañana en mi rostro despejara toda incertidumbre. Y que el tiempo, al arrugarse sobre mi piel, nos recordara que solo somos árboles caminantes, gotas de rocío esperando que el sol de la mañana las disipe, sombras que a mediodía, y por un instante, dejarán de existir.

En mi mundo sueño, en el mundo de los hombres, abrir los ojos del espíritu, mirar entorno mía y cruzarme otras miradas. Extender las manos y encontrar otras manos. Besar el aire y, al hacerlo, besar las almas.

En mi mundo, y desde mi mundo, contemplo el mundo de los hombres y las sombras. Y, viviendo entre sus raíces. Y haciendo sus caminos. Y hablando sus lenguas. Y vistiéndome con sus olvidos y sus recuerdos. Y mirando a través de la miríada de ojos que visten la puerta de cada alma..., sueño con que un día llegará el nuevo tiempo para el nuevo mundo. Y al retirarme a dormir sueño con Despertar.

jueves, 25 de noviembre de 2010

ÁRBOL CÓSMICO (NUESTROS AMIGOS LOS ÁRBOLES)



Existen viejos y antiguos espíritus en la naturaleza que contemplan, quizá asombrados, cómo caminamos por este mundo dirigiendo nuestra mirada tan sólo al suelo que pisamos. Nuestros amigos espirituales, los árboles, hunden sus raíces en la tierra, pero sus brazos penetran las alturas, alimentándose del corazón planetario y sus corrientes, y de los hilos de luz de las estrellas. Nosotros podemos hacer lo mismo, pero hemos elegido sostenernos en este mundo solo por los pies, como si solo estuviéramos hecho de piedras y tierra. Sin embargo, estamos hechos de aire y viento, de luz y de hojas  mecidas por el tiempo.
Nuestros amigos los árboles nos recuerdan todo esto.

O ellos son árboles humanos o nosotros somos humanos árboles. No sé exactamente dónde está la diferencia. En el lenguaje propio de la naturaleza los árboles nos hablan de una peculiar manera. Son aliados del viento y de la lluvia, amigos de los pájaros, y sostienen el cielo y la tierra. Viven entre dos mundos, como nosotros. Les gusta vivir en la compañía de otros, como nosotros.

No hay mucha diferencia entre los árboles y los humanos. Cuando miramos a un árbol, y percibimos en él el espíritu del tiempo y la raíz de la vida, quizá contemplamos un árbol humanizado. En ese momento, cuando el árbol también nos siente, quizá cree percibir a un humano “arbolizado”. Y es que, en realidad, somos lo mismo. Energética y espiritualmente hablando, quizá los árboles sean los seres más parecidos a nosotros, los más próximos. Ellos también se mueven por este mundo, solo que ayudados por el viento.

Energéticamente somos como árboles. También sembrados desde las estrellas, y animados por el espíritu del viento, la energía discurre por nosotros siguiendo caminos que conectan el cielo con la tierra, dejándonos en medio un espacio energético en el que nos convertimos en lo que somos. Nuestros brazos, las ramas, no son mas que raíces que se hunden en el cielo y desde el cielo se alimentan, y nutren a lo que somos, a lo que el árbol es.

Espíritus antiguos habitan en muchos de nuestros amigos de madera. Guardan grandes secretos, secretos vinculados a nuestro origen, y al secreto de la vida, a cómo se gesta la conciencia en un ser que vive imbricado en un ser planetario y completo. Muchos de esos viejos árboles son grandes y antiguos espíritus de la naturaleza que en un tiempo fueron venerados por pueblos antiguos y sabios. A su alrededor se contaron historias, mujeres dieron a luz, y se hicieron importantes ritos de sanación. El espíritu del árbol era el Espíritu, y todo cuanto acontecía en el mundo acontecía entorno a él. Si un círculo de piedra lo rodeaba, además era un modelo del propio universo de los hombres, y todo estaba incluido ahí. Y aunque el viento sea un fiel aliado que le trae historias de tierras lejanas, por debajo del suelo en el que hunde sus raíces tiende hilos de luz, raíces de luz, que se abrazan con otros árboles también de tierras lejanas. Y en el cielo encuentran un alimento esencial. Porque es en el cielo donde tienen realmente sus raíces, y de donde obtienen el alimento que los convierte en poderosos espíritus de la naturaleza.

Un viejo espíritu de este tipo no se gesta en el árbol. El árbol lo cobija, le presta su cuerpo para que se manifieste y tenga un lugar desde el que contemplar el mundo.
Pueden ser espíritus ancianos, muy antiguos, que se gestaron en los primeros instantes de vida de este mundo. Muchos de ellos pertenecen a las estrellas, llegaron con la creación del mundo, cuando el planeta fue sembrado de vida. Tienen su origen en una estrella que conocemos bajo el nombre de Sirio, y su misión no fue otra que permitir el asentamiento de esporas de vida, de masa forestal, de creación de una trama energética a un cierto nivel y sostenible, y de conciencia planetaria. Ahora estamos en débito con ellos, pues llegaron antes que nosotros y nos prepararon el camino.
Si afinas un poco tu visión, y miras con el corazón, no te resultará difícil distinguir a uno de estos antiguos y sabios amigos en mitad de la espesura del bosque.


viernes, 19 de noviembre de 2010

REFLEXIONES EN LA NOCHE




Suspiró el viento en mi oído, me trajo un susurro de secretos arrancados a durmientes que ignoran el vuelo nocturno de los pensamientos. Un nombre impronunciable ancló en mi conciencia, estremeciéndome y adueñándose de mí.

En mi soledad las estrellas escribían mi nombre con luces de colores, con destellos semejantes al de ojos que te miran frente a frente buscándote en lo más profundo. Al mirarlas me miraban, y mi noche interior se convirtió en mi cobijo interior, en el atanor donde el ser de seres es cuanto es, donde me busco y me encuentro, donde existo desde siempre y para siempre.

Sabía que una respuesta certera habría de llegar desde el corazón más lejano hasta el mío propio, un corazón igual, como es el corazón de mis iguales, sangre y luz fluyendo por mis venas. Atravesó los mares y las montañas, y se hizo uno con el mío. La comunicación se hizo trascendiendo las distancias, porque no existe distancia.

No es la tristeza la compañera de mis noches cuando le robo horas al sueño, ni es el alma de los insomnes, de los que robamos horas al descanso. Lo que ocurre es que cuando el sol se duerme las almas y las ideas se propagan, y yo estoy presto a asirlas. La tristeza es el país donde anida la desesperanza.
Aléjate de mí. No cubras mi alma con tu sombra. No batas el aire a mi alrededor. Pasa de largo y sumérgete en los hielos del olvido. Aléjate de todo hombre, y del hogar de carne y hueso que ahora habito. Porque espero los susurros nocturnos, aquellos que llegan batiendo alas de pensamientos prestados y se dejan escribir. Entonces, la extrema claridad que inunda mis pensamientos me arrastra en un goce literario sin igual. Al escribir disfruto. Al sentir lo que escribo disfruto. Al comprobar la extrema naturaleza luminosa de lo que escribo disfruto, y siento la sonrisa de flores de palabras que se abren al mundo. Al escribir despliego mis alas y libero al águila, levanto el vuelo, el horizonte se amplía, y rozo las estrellas.

En mi mirada al mundo no dejo de mirarme en el mundo, de oírme en el latido de los corazones, de verme en los ojos ajenos con los que miro.
He nacido para tejer pensamientos llegados desde estrellas lejanas, para tejer conciencias que buscan ser una sola, para encender vidas y prestar palabras a mis dedos, para hacer preguntas y buscar respuestas. Y en mi soledad compartida sueño con Despertar.

Sin que tú lo sepas hacemos el mismo camino, caminamos la misma vida, vestimos de preguntas las mismas incertidumbres.
Sin que tú lo sepas buscamos lo mismo, y lo mismo somos, lo mismo amamos y lo mismo tememos. Y lo que tememos no es otra cosa que desaparecer en el olvido de lo creado, partir de estas tierras sin tiempo sin haber cumplido el objetivo marcado (que no es otro que convertir este mundo en un jardín donde florezca la vida y la conciencia).

Lo que me diferencia a mí mismo de ti mismo es una cuestión de conciencia y de energía. Aunque tú y yo seamos uno en un nivel superior de esa conciencia y de esa energía, a otro nivel es esto lo que nos diferencia. En la diferencia está la distancia entre nosotros, pero si trasciendes la diferencia te unes a nosotros. ¿Cómo puedes pensar que somos diferentes?. No somos diferentes, pero nos expresamos de manera diferente según el nivel, la conciencia y la energía.
Mira a tu alrededor, todo cuanto ves es uno contigo, aun cuando no seas consciente de ello. Únete a mí. Extiende tu mano. Siénteme. Siéntete. Víveme. No pienses que tú eres tú y que yo soy yo. No cultives la diferencia, sino la simplicidad aplastante de la singular unicidad de todo cuanto existe. No temas perder tu identidad, teme no encontrar tu identidad. Da el primer paso y yo lo daré contigo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

ALMAS GEMELAS


En los caminos sin tiempo, cuando las almas se cruzan, hilos de luz tejen abrazos resplandecientes, reconocimientos, amistades, encuentros a veces entre espíritus que compartieron un mismo origen, un mismo hálito, una misma esfera de luz en la misma conciencia de ser primigenia.
Las almas gemelas se llaman así porque fueron gestadas en el mismo atanor, no es que sean iguales es que son la misma, pero diferenciadas por la conciencia de ser individualizada de cada una de ellas; digamos que son idénticas diferentes. En el origen fueron una, pero en la diversidad bipolar de este universo-tiempo se desgajaron, asumiendo la diferencia y la similitud de las partes contradictorias y complementarias.

En un tao de la energía más primigenia ambas giran en torno a un centro común: el centro de conciencia ancestral y primordial, el punto de luz en la esfera de conciencia de luz, ubicado en la estrella madre primigenia..., aunque pueda resultar difícil de asimilar. Las almas gemelas pueden no encontrarse, pero antes o después tomarán contacto en la vida física aún sin conciencia de ello. Pero si se encuentran se potenciarán la una a la otra. Y, si hay conciencia de ello, la conciencia se expresará de manera generosa. Pero el reconocimiento ha de hacerse en un nivel lógicamente no intelectual.

La esencia madre, es decir, la raíz primordial a la que se encuentra conectado nuestro punto de luz primordial, y a la que también conocemos como la fuente, fue quien dio origen a la esfera única que después daría lugar a las almas gemelas.
En su fluir la energía y la conciencia se expresan de muy diferentes maneras. En la polaridad hombre y mujer, por ejemplo, de una manera determinada. Pero en la polaridad esencial, en la que las almas gemelas se diferencian tan solo por su energía, la expresión viene dada de manera diferente.
En el encuentro amoroso entre almas gemelas con soporte en la realidad física, a niveles no perceptibles las esencias tienden a fundirse la una con la otra, buscando la anulación de toda individualidad y el retorno momentáneo a la unidad primigenia. Pero la unidad primigenia solo puede darse tras la desaparición de la conciencia de ser individual de cada alma.

A veces las almas gemelas están situadas equidistantes de un punto central imaginario, de tal manera que todo camino en la vida las mantiene alejadas entre sí como si fueran puntos opuestos en la periferia de una esfera también  imaginaria, separadas por un núcleo o centro igualmente imaginario.
Otras veces las almas siguen caminos opuestos, pero se encuentran en el punto de máximo alejamiento entre ambas. En ocasiones los caminos son diferentes, pero los pasos son muy parecidos. Antes o después se encuentran.
Y, cuando el camino y los pasos son el mismo, el encuentro transforma la conciencia, y la unión se consagra en el mundo de los hombres y en el mundo del espíritu, porque genera el acople de otros cuerpos energéticos, de otras conciencias e individualidades, de otros seres en otros niveles.
Individualmente, el acople de los cuerpos energéticos y el sometimiento de estos a la conciencia despierta, genera la alineación de esta conciencia con estos seres en otros niveles, y el intercambio de energía y de conciencia. Y el trasvase de energía y conciencia entre niveles se hace efectivo.

Energéticamente, como individuos, somos esferas. Como individualidades espirituales somos núcleos de luz, soles.
Energéticamente, como almas gemelas que se integran, somos esferas de luz que contienen la potencialidad de generar individuos autoconscientes en un nivel de nuestro universo-tiempo.
Exponencialmente nos expresamos en otras realidades con conciencias e individualidades diferentes, pero expresadas en nosotros como nosotros en ellas de manera no consciente en este nivel de conciencia. Aunque sería más correcto entender y asumir que somos nosotros los que estamos casi al final de esa estructura de conciencia, no podemos evitar mirar hacia arriba y creer que miramos hacia abajo.

En definitiva, la recreación de una esencia de contenido bipolar para este universo-tiempo deviene de la necesidad de integrar, bajo una forma creativa energéticamente sostenible, la presencia de una entidad espiritual, a la que contemplamos desde nuestro nivel de conciencia como si fuera consecuencia de nuestra propia exploración del universo personal, aún cuando la realidad es bien diferente. Es decir, y por lo tanto, la necesidad inicial de manifestarse en este universo genera dos elementos que pertenecen a un mismo núcleo de conciencia, desarrollando experiencias diferenciadas y autoaisladas en individuos energética y humanamente diferentes.

lunes, 8 de noviembre de 2010

LA NATURALEZA ES ARTE



Perdidos entre castaños, pisando un suelo alfombrado por hojas rojas que acarician la vista, se hace imposible no valorar el inestimable regalo que supone para el hombre que sigan existiendo parajes en los que la naturaleza no tiene miedo a expresarse. Si alguna vez se nos puso en el mundo, como especie, con alguna misión, esta no debió ser otra que la de cuidadores de un mundo rebosante de vida y de color, trabajo este que a muy duras penas y con poco éxito hemos realizado. 

En la naturaleza la vida se recrea a sí misma, se reinventa sin complejos, y se explaya en formas y colores. En la naturaleza la vida es arte en toda su magnitud, una forma de expresión creativa en la que el Gran Espíritu que a todo da vida se expresa, y que nos incluye. En la naturaleza formamos parte de la obra, no somos creadores, sino parte de ella con la cualidad también de ser observadores implicados. Por eso nos conmueve una puesta de Sol o la visión de un bosque de castaños que exuda otoño por cada hoja y por cada rama. Porque todo eso está en nosotros. Porque estamos en todo eso. Y, porque ese sentimiento se enciende en mí, te lo cuento, a sabiendas que lo entenderás perfectamente, y que sientes lo mismo que yo.
Soy uno con las hojas del castaño. Eres uno con las hojas del castaño. Y doy gracias a la vida porque me prestó sus ojos para contemplarla y saborear su luz, y me prestó la oportunidad de estar en la serranía de Ojén y retener este instante con mi cámara.

No somos humanos, sino árboles caminantes que hunden sus raices en la Tierra y elevan sus ramas brazos en las profundidades del cielo, donde las estrellas son alimento y origen del espíritu.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SOMOS HIJOS DE LA VIDA


Somos hijos de la vida. Es la vida la que nos trae al mundo. Es la vida la que nos sostiene en él. Y es la vida la que segará nuestros pasos sobre su faz.

No somos hijos de nuestros padres. No somos hijos de nuestro tiempo. No somos hijos de un mundo moderno y civilizado. Somos hijos de la vida.

Y porque somos hijos de la vida, toda luz y toda sombra del mundo no es mas que nuestra luz y nuestra sombra. Y porque somos hijos de la vida todo canto o todo llanto nos pertenece. Por eso no podemos permanecer ajenos a todo cuanto acontece. Por eso nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, y antes de nosotros todos cuantos adornaron sus pasos con el latido de su propio corazón sobre esta tierra... Por eso, nuestros hijos no son nuestros y nuestra misión con ellos nos es otra que enseñarles a caminar.

Somos hijos de la vida.
Cuando mi hijo me dice “padre”, no me dice “dueño y señor de mí”. Cuando me dice “padre” me dice “ancestro”, antepasado que prestó un trozo de su alma para que constituyera la suya. Cuando le digo “hijo” no le digo “propio”, sino regalo temporal de la vida para que le enseñe a caminar en la dirección del conocimiento y de la Luz, y vea en él lo que no vi en mí.

Hace tiempo que pensé: “Mis hijos no me pertenecen, son préstamos de la vida para que los enseñe a caminar por este mundo. Tienen su tiempo y su destino y, por mucho que los abrace, no podré contenerlos”. También entendí que, al enseñarlos a caminar, debía enseñarlos a descubrir su propio camino. Y que, para ello, preciso un grado de lucidez, es decir, de Luz en mi mente para reconocer primordialmente que mi camino no es su camino, que tienen el suyo. Y que, por más que lo intente, no puedo gozar con ellos pero sufrir por ellos, vencer con ellos pero perder por ellos, crecer con ellos, levantarme con ellos pero caerme por ellos... Solo puedo estar a su lado como un custodio incluso de pasos aún no dados. Solo puedo vivir la parte de sus vidas en las que estoy incluido, pero no puedo sustituir sus individualidades por la mía, ni sobreprotegerlos al punto de robarles la necesaria experiencia, a tantos niveles, que les convertirá en caminantes de carne y hueso y, ojalá que también, en hacedores de caminos de Luz.

Somos hijos de la vida. Es la vida la que nos trae al mundo. Es la vida la que nos sostiene en él y define nuestros pasos. Y es la vida la que pondrá fin a estos una vez el camino esté hecho.

martes, 2 de noviembre de 2010

OTOÑO EN SHAMBALA

 
 
Un álamo se viste con lágrimas doradas antes de adormecer su canto con la llegada del invierno. El hermano viento retirará su voz de entre sus ramas, y dejará tan sólo un susurro incierto. Ahora su dorada faz nos habla del  transcurso del tiempo, y del río de la vida que da alimento a sus raíces.  
 
Piedras, tierra, aire, agua, cielo..., y la mirada humana, que se acerca sigilosa aprendiendo el lenguaje de los pájaros para sentirse una con cada uno de todos. Somos lo mismo, pero nos contemplamos desde otro.

jueves, 28 de octubre de 2010

HIJOS DE SHAMBALA



Sigo los impulsos...
Señales, destellos de la ciudad de la Luz me llegan.
Los hijos de Shambala no duermen, al contrario, velan por el esfuerzo de los desfavorecidos y custodian la llama de Luz primigenia, cuidan de mantener encendido el fuego del espíritu y sostenerlo sobre nuestras cabezas.

Esta noche dicen estar aquí, observando nuestros pensamientos, sintiendo nuestros colores, armonizando nuestras almas.
En la noche de Ragdor, el guardián de la puerta de estas tierras, el sostenedor del umbral de la ciudad de la Luz en estas montañas, los espíritus enaltecen el sentimiento de unidad y de pertenencia para que los huérfanos, los desterrados, los hijos olvidados de la Luz retornen al origen y encuentren cobijo bajo las estrellas, entre las montañas nevadas y lejanas, el lugar donde Shambala es una realidad del otro mundo y de este mundo.

Llegan y se quedan entre nosotros, sus presencias se hacen notar; sigilosos pasos, vuelos deslizantes a ras del suelo, como espíritus ligeros de pies invisibles, pero sostenidos por el aire que respiramos. Son los hermanos de Ragdor, sus consejeros, sus ayudantes, los que transmiten el aliento, y la esperanza, y la motivación. Vienen a decir que no estamos solos, ni olvidados, ni abandonados, que velan por nuestro destino y por aquello que nos hace crecer aún a pesar del escepticismo que produce el dolor y el desaliento.

Me llegan ecos de palabras susurradas: adelante, para siempre, en el camino, con la fuerza, en el tiempo, desde lejos, para vosotros...
Dicen que alimentan nuestros sueños y que afinan la melodía de nuestro espíritu, y que lo mecen cuando la mente se aquieta y se apaga. Y que entonces hacen de nuestra mente su mente, y de sus pensamientos los nuestros.

Dejan caer luces de colores sobre esta casa, y sobre los que esta casa cobija. Y sonríen placenteros porque se sienten escuchados. Me recuerdan que no nos olvidan, y que nos sienten cuando los sentimos y aún cuando ni los imaginamos. Dicen que la Luz es el estado natural del hombre, y que todo aquello que la extinga o la haga pasar desapercibida forma parte del gran engaño al que la percepción y la mente nos someten. Y que por eso, y porque somos hijos de la Luz, debemos cuidar nuestros pensamientos tanto como nuestras acciones, pues estos a veces son tan contundentes como ellas, tienen tanta capacidad para herir como un hecho consumado. Y que, por lo tanto, desde que iniciamos el día hasta que lo damos por concluido debemos cuidar nuestros pensamientos, la forma en la que pensamos, lo que hacemos con ellos.

Y ahora, sabiendo que el mensaje ha llegado, ellos deciden marcharse porque consideran que su presencia ha cumplido el cometido trazado. Pero volverán.


Shambala, Cojáyar, 22 de marzo de 2009, a las 02.33h

viernes, 22 de octubre de 2010

MIS RECUERDOS DEL FUTURO: TIAHUANACO



En 1975, a los 14 años, me ponía por vez primera ante un público para hablar de algo que, en aquél tiempo, y reconozco que aún hoy, me inquietaba. Los culpables de que hiciera esto fueron dos, de una parte mi innata inquietud por todo aquello que supusiera un misterio capaz de situar al hombre de manera diferente en su entorno creencial y cultural (aunque comprensiblemente en aquél tiempo esto lo expresaba de diferente manera), y de otra, alguien que me atrevo a calificar como el hereje de los años 70: Erich von Däniken. Este suizo y sus óperas primas, Recuerdos del futuro y Regreso a las estrellas, fueron para mí un auténtico revulsivo, al punto de que no pude contener la tentación de exponer a mis compañeros de estudio, con toda la formalidad y el rigor de que era capaz a esa edad,  mi visión del pasado y de la posible implicación de los extraterrestres en ese pasado. El documental que sobre estos libros se hizo me dio el decisivo espaldarazo final. Aún conservo el manuscrito que me sirvió de guión, y aún recuerdo la disponibilidad y la apertura de mente del profesor que acogió sin recelos tan peculiar exposición de un alumno que se salía de la norma, y en un tiempo en el que el tema estaba muy lejos también de las normas. “Los extraterrestres en la historia”, así titulé mi conferencia.

Lo cierto es que, con el paso de los años, uno tiene que reconocer la ambivalencia de este hereje de los 70, pues la rigurosidad y los datos fidedignos no eran su fuerte. A poco que uno viaja, y visita algunos de los lugares descritos en sus obras, se llega a la conclusión de que, o bien él no estuvo allí, o le podía más un apasionamiento poco minucioso en sus descripciones o deducciones que el afán de argumentar suficientemente para conducirnos razonadamente a sus conclusiones. Pero desde luego sí hay que reconocerle algo a Däniken: fue el pionero, abrió camino y se adelantó literariamente a la idea de que fuimos visitados en el pasado por seres llegados de las estrellas. El mérito sin duda es suyo. Y desde aquí va hacia él mi más sincero homenaje. Y porque fue fuente de inspiración para mí, titulo de esta manera el presente trabajo y la serie que ahora inicio.

Tiahuanaco o Tiwanaku, según se adopte la fonética quechua o aymara, se encuentra a 21 kms del mar interior a mayor altitud del mundo, el lago Titicaca, un paraje desolado y misterioso en pleno altiplano boliviano que deja adivinar en la distancia la Gran Cordillera Blanca.
Si bien algunos autores cifran la antigüedad de Tiahuanaco en 10.000 años, la arqueología nos habla de cifras más razonables y tranquilizadoras, situando el llamado periodo aldeano entre el 580 aC y el 133 dC, y el más reciente, el periodo imperial, entre el año 900 dC y el 1200 dC.  Sin duda, el pionero y conservador inicial de Tiahuanaco no fue otro que Arthur Posnansky, un ingeniero y cineasta que estudió muy de cerca estas ruinas, luchando por su preservación, y fundando en 1922 el Museo Arqueológico de Tiwanaku. Posnansky estudió las correspondencias astronómicas de ciertos elementos de las construcciones de Tiahuanaco, llegando a postular que estas correspondencias tuvieron lugar en el 14000 aC. Un personaje este que en un tiempo me interesó enormemente por razones obvias. Para Posnansky, además, la cultura Tiahuanaco habría sido la gran madre de las culturas precolombinas.
La población de Tiahuanaco debió oscilar entre los 25000 y los 50000 habitantes, y la ciudad ocupó originalmente una extensión de 420 hectáreas, de las que solo 38 hectáreas han sido estudiadas y permanecen a la vista.
Las partes más importantes de su estructura son el templo semisubterráneo o de las cabezas clavas o empotradas, el templo de kalasasaya, la pirámide de akapana, el monolito Ponce, y  principalmente el elemento más espectacular en mi opinión de Tiahuanaco: la Puerta del Sol, una construcción de 12 toneladas de peso en la que Alexander Kazantsev (quien fuera director del Servicio de Cohetes del Instituto Astronómico de Moscú durante parte de la guerra fría en la extinta URSS) creyó ver un calendario que recogía los ciclos de Venus.

El origen de Tiahuanaco tiene un halo de misterio que el propio Pedro Cieza de León acrecienta en sus Crónicas del Perú, cuando recoge historias de hombres blancos y barbados que vivían en el lago Titicaca, y que no eran otros que los wiracochas. Un halo de misterio acrecentado por las crónicas de Fernando Montesinos, que recogía la creencia de que Tiahuanaco estaba conectada subterráneamente con Cusco, en el Perú (a unos 500 kms en línea recta). Sea como sea, y al margen de otras historias extrañas relacionadas con el lugar (el propio gran dios Wiracocha surgió del Titicaca en una de ellas y en otra se menciona la existencia de dioses-peces como en otras culturas antiguas), los españoles ya encontraron una ciudad abandonada y en ruinas.

Ciertamente, se puede decir mucho más sobre esta ciudad que acaso en un tiempo remoto estuvo a orillas del lago Titicaca, pero esto lo dejaremos quizá para otra ocasión. Aunque de cualquier manera no podemos dejar de decir que la existencia de Tiahuanaco plantea diversas e interesantes dudas. Con el pueblo y la cultura tiahuanaco se cumple lo que parece una norma en los pueblos antiguos: su desaparición en un momento de máximo apogeo, sin una causa conocida para los arqueólogos e historiadores. En este caso, se han barajado un par de hipótesis, una de ellas que la desaparición de esta cultura estuviera vinculada a una catástrofe climatológica derivada de un cambio climático, la otra que una contienda con los wari (un pueblo con el mantenían rivalidad) fuera el origen de su desaparición.
Me llamó la atención, por ejemplo, la minuciosidad y pulcritud de la talla de algunas piedras en contraste con la tosca forma en que otras fueron trabajadas, en contraposición a otras que recordaban a las empleadas en las construcciones megalíticas de la vieja Europa. En ese sentido, y dada mi costumbre de guardar una piedra de cada lugar especial que visito, tuve una curiosa experiencia con una piedra traída de Tiahuanaco, aparentemente una andesita: tras mojarla, y ante mis ojos, se rompió en varios pedazos como si hubiera explosionado con fuerza desde el interior. Varios días después, y tras haberla pegado, la piedra exudó incontables gotas de agua en toda su superficie. Comportamientos similares a este lo he podido comprobar en otras piedras recogidas en otros lugares. ¿A qué procedimiento sometían los tiahuanacos a algunas de sus piedras suponemos que para trabajarlas?. Desde luego un procedimiento igual o parecido a piedras de Egipto y del sur de España que poseo y que, como digo, de vez en vez hacen cosas que las piedras no deben hacer.

Espero haber atraído suficientemente la atención sobre un lugar inhóspito y alejado de cualquier ruta que merece la pena visitar no por su belleza, por su esplendor, o su extrema grandiosidad, sino por el interés y las dudas que suscita. Tiahuanaco fue la ciudad de los hijos del Sol, uno de los lugares más misteriosos del mundo antiguo, un lugar para pensar, mirar alrededor y hacerse mil preguntas. Yo me las hice.., y me las sigo haciendo.



viernes, 15 de octubre de 2010

LA ILUMINACIÓN POR EL SEXO (APUNTES SOBRE SEXUALIDAD SAGRADA)



En el mundo, en la vida, todo cuanto ves y cuanto es, es energía, energía decodificada por nuestra percepción bajo la apariencia de formas que solo son reales en un nivel de sí mismas.
Todo cuanto existe no es otra cosa que eso: expresión de una energía diversificada a muchísimos niveles y que proviene de un origen o fuente común. Todo es uno en el Todo porque estamos constituidos de lo mismo y, esencialmente por tanto, somos lo mismo. Por eso somos uno con todo lo creado. Por eso estamos estrechamente vinculados aun cuando no tengamos conciencia de ello. Todo cuanto existe forma parte de nosotros, y somos nosotros. En la esencialidad de la energía y de la conciencia yo soy tú.

En la expresión de la vida humana y de la mirada que esta desarrolla en su entorno más primario y en el más lejano y complejo, la polaridad de las esencias nos convierte en seres energéticamente diferenciados. Cada uno de nosotros se distingue porque, aún en la uniformidad relativa de la energía, tenemos una energía o un matiz en nuestra propia energía diferente. Esto constituye nuestra seña de identidad, y nos diferencia de cualquier ser del universo. Si fuera posible convertir esta seña en un sonido, este sonido sería lo más parecido a nuestro “auténtico nombre” o a nuestra palabra sagrada por excelencia, pues viene a tener la capacidad de empatizar con nuestra esencia al punto de movilizarla energéticamente.

En cuanto a hombre y mujer, somos igualmente y de manera obvia, diferentes. La energía se expresa de manera distinta en cada uno de nosotros, y en cada cual igualmente con sus matices. En la compleja dinámica energética del universo, desde su inicio y desarrollo hasta el momento ilusoriamente real que representa este preciso instante, la búsqueda de la unidad de lo diferente y entre lo diferente se puede establecer mediante un vínculo sensorial que se traduce inevitablemente en energético. Me refiero a la relación hombre mujer y su culminación en la experiencia sexual.

Aún cuando la generalidad de los individuos no sea consciente de esto, la imbricación de los cuerpos y el intercambio fisiológico-afectivo conlleva una serie de procesos y condicionamientos que se traducen en un nivel de lo energético. Pero llevado a un punto o nivel superior, aplicando conciencia a la acción, este proceso puede ir más allá y convertirse en una experiencia energética y espiritual superior. La fusión de los cuerpos y la experiencia afectiva se transformaría en una experiencia de anulación del ego y de la individualidad, debido a la fusión de ambas individualidades sensoriales y energéticas en una sola, dando lugar a una experiencia espiritual consistente en la adquisición de una transpersonalidad única y diferente. Esta experiencia puede alcanzar su punto más álgido en una explosión súbita  de conciencia en un ámbito muy superior, que implica la desaparición momentánea de toda identidad y la contemplación de la totalidad. Dicho de una manera más simple: hablamos de sexo como forma de alcanzar transitoriamente un estado de conciencia diferente y más amplio, o la iluminación.

Energética y físicamente la actividad se acrecienta y las sensaciones también, generando una respuesta diferente y más rica entre los implicados. La “técnica” básicamente se traduce en entrega, respiración, conciencia, voluntad y visualización creativa dirigida a movilizar la anatomía energética de la persona, con una suerte de procesos meditativos al margen. Aunque la movilización es personal e individual, y la experiencia también puede serlo, el objetivo es la búsqueda de la experiencia común y única, siendo importante, por demás, la confrontación de los centros energéticos de los amantes, pues serán los anclajes inicialmente necesarios para propiciar la desestructuración momentánea de la anatomía energética personal para recrear una diferente, única y compartida entre ambos.
En la experiencia sexual energética el desenlace final no representa el objetivo a alcanzar, ni siquiera tiene por qué significar el término del encuentro sexual, pues la relación física y energética puede continuar y, de hecho el acúmulo de energía puede propiciar consecutivas experiencias orgasmicas, o un recargue de energía en vez de un descargue, evitando el desgaste físico.

En definitiva, la experiencia sexual enfocada de esta manera hace referencia al encuentro de dos universos humanos (uno varón y otro hembra) que se fusionan en un encuentro de conciencia, energético y espiritual, buscando la desaparición momentánea de la conciencia individual y consecuentemente de la personalidad, para crear una unidad diferente constituida por dos esencias polarizadas que fabrican transitoriamente un vehículo energético único e indiferenciado en el que ambas son una sola y toda polaridad desaparece. Y a partir de aquí, de esta búsqueda, y como en parte hemos descrito, las experiencias pueden ser diversas.

¿Y por qué el sexo?. Porque implica procesos endo y exo-energéticos vinculados a la generación de procesos iniciadores de la vida, y de la adjudicación de un vehículo para la matriz  de la conciencia humana, y es quizá la actividad  fisiológica que más energía desarrolla durante su actuación, movilizando, agitando, al cuerpo energético de manera importante.
Durante la experiencia sexual se produce lo que podríamos definir como un proceso de retroalimentación energética. Si bien por una parte la agitación y movilización de la primera anatomía energética produce una consecuente pérdida de energía. Por otro lado, la habituación de una forma energética previa alimentada por un nivel también previo de conciencia, posibilita el fenómeno contrario, es decir, no la pérdida de energía en una especie de “autocombustión” energética, sino el reforzamiento del cuerpo energético mediante la creación de nuevas partículas que son irremediablemente asimiladas.
¿Puede haber sexo sin conciencia?. Evidentemente sí, y viene a representar la generalidad de las experiencias cotidianas de los seres humanos.
¿Debe haber sexo con conciencia?. Es una opción en una octava superior de la sexualidad, que convierte al sexo en una experiencia más completa y rica, y de la conciencia.

viernes, 8 de octubre de 2010

¿UN MUNDO CIVILIZADO?



En el tiempo no significamos nada.
Otros antes que nosotros, y otros anteriores a los primeros, ya caminaron por estas tierras, ya construyeron un mundo, ya dejaron su sello, su impronta, su personalidad, su civilización..., y desaparecieron. Otros, y otros, y muchos otros antes que nosotros ya crearon el mundo, su mundo. A pesar de ello, el hombre moderno se mueve arrogante sobre la faz de la gran madre planetaria que le da la vida. Y con el paso decidido hacia el futuro encamina sus pasos hacia su propio fin, para ser nuevamente olvidados y borrados de la historia por el paso del tiempo y por nuestra propia estupidez.
Lo cierto es que no somos tan grandes, ni tan civilizados, ni tan modernos, y mucho menos tan sabios.

Aquellos otros, antes que nosotros, y otros antes de esos otros primeros, ya fueron sabios, civilizados, y modernos.
Que lejos nos queda la historia. Que lejos nos queda el pasado. Que lejos nos queda todo aquello que nos puede hacer sentir pequeños, solitarios, embebidos por nuestra soberbia. Que lejos nos queda todo aquello que nos pueda provocar un ataque de humildad.

¡Ay hermanos del mundo!. ¡Ay hermanos del tiempo!. Qué será de nosotros si pronto no rectificamos nuestros pasos, ni el sentido que les damos. Si pronto no recobramos la memoria de nuestro pasado, y evitamos cometer los mismos errores, y evitamos olvidar el verdadero sentido de lo que es sabiduría y ciencia.
Otros antes que nosotros, y otros antes de esos otros, ya levantaron el mundo, y lo incendiaron, y lo volvieron a levantar... Y al cabo de tanto tiempo, y de tanta historia, aún no hemos aprendido nada. Sin embargo, no hacemos mas que construir y reconstruir el mundo sobre cenizas, llegando a creer que la civilización, la cultura, la modernidad, la democracia, se imponen, si hace falta, a sangre y fuego.

Llegará un momento en el que el mundo estará en manos de gentes de conocimiento, de hermanos de la Luz cuyo único propósito no será otro que generar un mundo de conocimiento y libertad, de equilibrio y bienestar, en el que media humanidad no muera de hambre para que la otra mitad viva en la opulencia.
Hoy por hoy, y mal que nos pese, la conciencia de los dirigentes políticos todavía apunta en una dirección bien distinta, básicamente porque estos no han generado en sí mismos un verdadero estado de conciencia. Si así fuera, el bienestar y los gobiernos no estarían en manos de los intereses privados de las grandes empresas, no se fabricarían guerras para vender armas, no se fabricarían enfermedades para sostener a la industria farmacéutica, la industria del petróleo no mantendría el monopolio de la energía y ya se habrían desarrollado suficientemente energías limpias y alternativas,  y la televisión sería una ventana al mundo de la cultura y de las humanidades para formar y sembrar conciencias, no para adormecerlas.

Otros antes que nosotros caminaron los mismos caminos, edificaron los mismos principios, miraron el mismo cielo... Lo cierto es que el hombre moderno y civilizado no ha inventado nada nuevo, al menos nada que sea verdaderamente crucial para sí mismo y lo emplace en un nivel diferente de sí, pues si antes éramos niños jugando con instrumentos de sílex ahora somos niños que juegan con neutrones.
Necesitamos gobiernos y líderes que caminen en la misma dirección: la de la unidad y la verdad, enarbolando la bandera de la paz.
Cuando todos los que andamos nuestros caminos con el brillo del arco iris en los ojos sepamos reconocer que andamos el mismo camino, y que juntos podemos provocar un cambio auténtico, daremos inicio al principio del nuevo tiempo. ¿Pero cuánto habrá que esperar hasta entonces?.

Lo cierto es, amigo mío, mi hermano, mi amiga, mi hermana, que se impone un cambio, un cambio de forma de vida, de modelo de sociedad, un cambio profundo en la estructura de las organizaciones y administraciones políticas y sociales, pues en la realidad se limitan a administrar los tiempos de crisis y de bonanza garantizando siempre la supremacía de unos sobre otros, y así globalizar un reparto desigual de la riqueza, que viene a significar lo que ya venía siendo hasta ahora: que el menos rico no es que sea menos rico, sino que es directamente pobre. Mis hermanas y hermanos, se impone la revolución de la conciencia para convertirnos en seres auténticamente humanos y erradicar el hambre, la injusticia y la desigualdad.
Tenemos que dar un paso al frente, generar y provocar el cambio, pero no para poner al frente del mundo a los iluminados de turno que levantarían la mano rápidamente si alguien preguntara “¿Hay algún Maestro entre el público?”. No caigamos en ese error.
Cambia tú para que cambie el resto, pero no nos perdamos en el camino y sustituyamos a unos locos sin conciencia por unos locos con carné de salvadores.

viernes, 1 de octubre de 2010

HADA AZUL



La mujer de corazón de hada me dijo que el águila había volado, que por fin levantaba el vuelo libremente y de manera libre se expresaba, como si iniciara un nuevo ciclo, como si sus ansias de volar se vieran satisfechas. “¿Ves? –dijo- has liberado al águila”.
Desde lejos me había visto. Desde lejos me había sentido. Y confiando en sus palabras asentí con el corazón, seguro que me percibía en un nivel en el que yo mismo no me percibía.

En ella vive un hada azul que duerme un sueño de esperanza. En ella habitan recuerdos perdidos y olvidados de tiempos en los que aleteaba entre las flores, y se alimentaba del vuelo de los pájaros y del trino del jilguero. Tiempos en los que las mariposas y las libélulas fueron compañeras de juegos.
Su sonrisa se viste con las flores del almendro, y el brillo de sus ojos es comparable al de las estrellas porque en su mirada está todo contenido.
Adormecida por el olvido ha adoptado un nombre, y un lugar de procedencia, y un tiempo para venir a este mundo, y una familia. Pero en su interior anhela un mundo diferente, recuerda un tiempo distinto, sueña con regresar a un lugar no recordado. Porque una parte de sí misma ha despertado y se echa de menos.

Ella es la mujer con corazón de hada y el destino la trajo a mí sin traerla.
No esconde su secreto, al contrario, busca su secreto.
No está perdida, sino caminando para tejer sus alas de colores y levantar el vuelo.
No está sola, pero busca disipar su soledad reconociendo a sus iguales.

En sus sueños sagrados busca respuestas, y visita la escuela de las almas despiertas, de lo espíritus llegados de remotas estrellas.
En sus sueños sagrados hace preguntas a viajeros antiguos, a maestros de lejanos cielos, que le hacen comprender lo que ya sabe: que debe hacer permanentemente el bien, porque es el único camino para alcanzar la felicidad.
La mujer con corazón de hada no es una mujer con corazón de hada, es un hada disfrazada de mujer.

viernes, 24 de septiembre de 2010

MEMORIA PRIMIGENIA


De “lo que somos realmente” a “lo que creemos ser” existe un abismo. Cuando digo “soy Miguel Ángel”, lo que hago es poner límite a mi auténtica realidad. Pero si digo “soy”, hay tanta fuerza y tanto sentido en esa palabra, en esa divina afirmación, que automáticamente mi nivel de conciencia, aunque sea de manera ínfima, varía. Pero de “lo que somos” a  “lo que creemos ser”, el abismo al que me refiero no es otro que la memoria. Tenemos un problema de memoria trascendente.
El velo del olvido nos cubrió en este ciclo de vida y dejamos atrás todo nuestro bagaje y experiencia, los múltiples nombres que hemos tenido, las vidas que hemos vivido pero sobre todo, y a ello me refiero especialmente en este trabajo, “lo que en verdad somos” con toda la conciencia y todo el conocimiento. Y básicamente somos esto: conciencia y conocimiento. Pero lo hemos olvidado.

Me considero un guerrero que sobre todo ha luchado consigo mismo porque, incluso enfrentándome a las sombras de los demás, me he visto obligado a luchar contra mis propias sombras para no sucumbir a mis oscuridades y perderme en la noche sin tiempo, en mi propia noche. Mi barba se ha vuelto prácticamente blanca en los últimos años y a un ritmo acelerado, pienso yo que señala más que mi tránsito por el tiempo las heridas de guerra que la vida me ha infligido. Una vida que sigo viendo hermosa y llena de oportunidades para aprender, crecer y desarrollarme como un ser íntegro. Un objetivo olvidado este y que tenemos que recuperar porque es la forma, además, de recobrar la memoria.

La lejanía que sentimos de la Luz no es otra cosa que ausencia de recuerdo, un problema de memoria causado por la especial naturaleza de la materia y lo que ella implica, derivado de lo que supone asumir sus condicionamientos para que esta se exprese a un nivel de la realidad y de nosotros mismos. Quizá este obligado y prolongado olvido no estaba previsto, pero las cosas son como son y, si bien quizá así sean más difíciles, no es ahora momento de lamentarse sino de trabajar. Y así declaro que somos seres autoconscientes y de Luz, que tienen que recobrar la memoria primigenia.
Todo conocimiento, toda pregunta y toda respuesta, toda Luz está en ti, forman parte de ti. Solo tienes que recordar lo que eres, lo que tienes, lo que puedes, de dónde vienes, qué haces aquí, y hacia dónde te diriges. Por eso toda búsqueda en el externo ha de llevarte finalmente a una búsqueda en el interno que es, ni más ni menos, donde todo se encuentra y donde todo tu todo se encuentra con el Todo.
No pierdas el tiempo buscando fuera lo que está dentro de ti. Puedes aprender técnicas, procedimientos más o menos protocolizados que están ideados para controlar la mente o el cuerpo, y adiestrarte a obtener estados de la conciencia, pero no olvides que solo son una herramienta. No pueden constituir un fin en sí mismos. Solo son un instrumento para aproximarte de manera ordenada, y quizá más certera, a ti. No pierdas la perspectiva. No confundas el fondo con la forma. La técnica está fuera. Pero el objetivo de la técnica siempre ha de estar dentro. De nada sirve, por demás, controlar la mente o el cuerpo si no piensas sanamente, si no sientes sanamente.

Vivir aquí, en este mundo donde lo sutil se hace denso, conlleva el olvido. Quizá el contenedor de la forma energética que nos conecta con “lo que en verdad somos” es un receptáculo que no permite una sincronización adecuada entre ambos, y no podemos así gozar de todas las posibilidades de ese vehículo energético, descartando entre otras opciones la memoria trascendente. Del mismo modo, cuando el receptáculo reúne otras cualidades de lo físico este se adapta a dichas opciones, y entonces el anclaje físico muestra particularidades para nosotros sorprendentes. A estos seres yo los llamo “radiantes”, tienen la particularidad de vulnerar el transcurso del tiempo, de adecuarse a una forma física de manera aleatoria, y conviven insertos en la sociedad. Forman parte de una estructura de conciencia dirigida a sostener el equilibrio, a servir de freno y control a elementos que interfieren en el mundo para desestabilizarlo. No nacen entre nosotros, pero conviven selectivamente entre nosotros. Y, por otra parte, y para nosotros, cuando la ampliación y el afianzamiento de la conciencia se acrecientan (alcanzado un nivel pocas veces expresado en los humanos), el contenedor físico (el cuerpo) modifica sus cualidades, adquiriendo otras que podríamos calificar como extraordinarias, capaces por demás de interferir con el entorno en la misma manera. Lo que ocurre en este caso es que, al nivel más íntimo de la estructura de la materia, esta se ha doblegado, modificando sus cualidades para asumir la corporeidad energética de una conciencia superior que necesita un ámbito también superior para imbricarse y manifestarse.

Debes tomar conciencia de esto: tienes que recordar, porque has sido vestido con un traje de materia que te ha hecho olvidar. Eres un amnésico existencial. Tienes que buscar en ti mismo el rincón donde se guardan los más primigenios y grandes secretos de tu viaje cósmico, y el misterio de tu verdadera y trascendente identidad. Tienes una naturaleza y una identidad trascendentes que superan ampliamente lo que ahora eres, y la conciencia que tienes de ti, y tus posibilidades como ser consciente de sí. Ahora eres un sonámbulo amnésico. Caminamos por este mundo adormecidos, con los ojos del espíritu cerrados,  y creyendo que estamos despiertos y conscientes, con absoluto control de lo que nos sucede. Pero la realidad es otra. ¿O acaso no lo recuerdas?.