Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 30 de septiembre de 2011

CLAVES DEL MUNDO REAL: TODO ES ENERGÍA

Todo cuanto ves es energía. No hay otra cosa que energía. Eres energía.

Todo cuanto ves es producto del decodificador de realidad con el que has sido dotado: la mente..., con todas sus posibilidades y todas sus limitaciones.
La realidad que percibes no es mas que una ideación de esa mente.

Lo que tienes frente tuya solo es tal y como lo ves en una fracción de si mismo. Pero esencialmente, de principio a fin, es energía. Y como tal es susceptible de experimentar cambios en sus diversas manifestaciones, y dentro de lo que llamamos mundo real. Tomar conciencia de esto te puede permitir generar dichos cambios.

La materia está mayoritariamente constituida por grandes espacios vacíos. Esta realidad de la física del átomo viene a ser una paradoja cuántica y cuasi trascendente. Aún así, nos reconocemos como materia densa e impenetrable, como cohesionados, coherentes y físicos.

Todo cuanto ves es energía. No me percibas como un ser humano. Percíbeme como energía caminante, con capacidad para generar en ti una ideación antropomorfa coherente y estable, con posibilidad además de ser consciente de si, y comunicarse contigo.

La verosimilitud que damos al mundo físico debe ser limitada, pues lo físico es cuántico. Y más allá de esto, lo físico, lo cuántico, es el sostén de identidades igualmente energéticas (nosotros), arropadas así para compartir un espacio físico y temporal.

Así pues, todo es energía. Si asumes esto, y lo incorporas, y asumes la identidad energética de los individuos y la tuya propia, descubrirás una forma trascendente y distinta de comunicarte con el entorno.

Una parte importante de la clave que subyace en el cambio de conciencia, es decir, en el hecho de modificar tu conciencia al punto de convertirla en una extensión de “lo que en verdad eres”, viene determinada por el hecho de modificar la forma en la que percibes, interpretas, y te relacionas con el mundo que te rodea.

Cuando digo que eres, somos, energía, no me refiero sólo al hecho nada simple de estar íntimamente constituidos por átomos, sino al hecho de ser seres cuya identidad se sostiene sobre el mundo de los átomos, y así del cuerpo físico. Pero que están constituidos por una suerte de “partículas ultrasutiles”, de campos, que superan en su manifestación al medio físico de los átomos. Es decir, como si fuéramos, y lo somos, seres constituidos por una energía sutil que se sostiene, para interactuar sobre el medio físico, sobre otra energía menos sutil y perteneciente al mundo cuántico de los átomos. Así pues, de principio a fin, somos energía. Estas “partículas ultrasutiles”, estos campos, tienen su origen en una realidad distinta de la que habituamos.

Asumir nuestra materialidad es asumir nuestras limitaciones. Asumir nuestra naturaleza energética es asumir nuestras amplias posibilidades. Porque la conciencia se adecua al medio.

Todo es energía. Somos energía.
Por eso, y porque lo que llamamos conciencia tiene la propiedad intrínseca de compartir espacios aparentemente diferentes, el mero hecho de que pienses en mí te sitúa en mí a un nivel de ti. La unicidad de la conciencia y de las conciencias se expresa de tal manera porque existe, entre otras cosas, una similitud energética expresada en intensidad y en grado y, además, en sintonía. Expresiones estas destinadas a transmitir la idea de que somos lo mismo, pero diferenciado no solo por la percepción, sino por la frecuencia y modulación de esa energía.

Somos energía. Eres energía.







viernes, 23 de septiembre de 2011

ESPEJO DE LA LUZ (RETORNANDO)



Salvaré las distancias obedeciendo a impulsos estelares, pulsos de luz y de conciencia, instantes eternos estirados como vidas completas. Fragmentos de una realidad infinita hecha pedazos, que se me muestran de forma aparentemente ordenada, se convertirán en un fino hilo incandescente que me conducirá hasta el resplandeciente centro de Luz que a todo da vida.

Hacia los espacios internos lancé las santas preguntas, las eternas interrogantes que apisonan mis días y mis noches desde hace incontables intervalos de luz de mi ancestral conciencia.
Buscando la finalización del gran viaje hacia la Luz, abrazado por la dorada serpiente (la dueña del ígneo fulgor del espíritu)..., con los pequeños pasos del gigante, con la mirada perdida en lo infinito, sobre el caballo del olvido... llegaré al final sin llegar, finalizaré el viaje sin concluirlo. Es la única salida sin retorno, el único retorno sin inicio.

Sigo la Luz. Me dejo guiar por el resplandor de una estrella remota, atractor irremediable del Ser, introduciéndome en sinuosos laberintos.

Comprendiendo que estamos en la Luz, aturdidos por la desbordante oscuridad... ¿Cómo llegar allí sin estar allí?. ¿Cómo salir de aquí estando allá?. ¿Cómo trascender definitivamente la forma y conectar con el latente espíritu de la realidad?.

Mirándome en el espejo de la Luz no es mas que Luz lo que veo.




viernes, 16 de septiembre de 2011

ME GUSTA ESCRIBIR POESIA




Me gusta escribir poesía.
Me saca de los confines de mi propio universo,
y me convierte en todo aquello que vive en mí
y no me dejo o no me atrevo a ser plenamente.

Son las estrellas en mi cabeza que se liberan y adornan el cielo,
y las nubes de algodón,
y las alas del ruiseñor de mi espíritu que canta
y vuela desbocado como el Pegaso de mis sueños.

Me gusta escribir poesía,
porque dejo de ser yo aún siéndolo
y habito entonces en cada sensación,
en cada piedra o en cada lágrima,
en cada ser o en cada recuerdo.

Me gusta escribir poesía,
porque me escribo a mí mismo y me describo en mi propia variedad, sin sombras y multicolor.
Y quizás yo sea así,
luminoso arco iris en alianza con la ausencia de las sombras,
que espera brotar a raudales con el espíritu que anima las palabras.




viernes, 9 de septiembre de 2011

EL VIEJO DE LA MONTAÑA (EL PEREGRINO)




Cuando el viejo de la montaña caminaba sobre sus propios pasos no desandaba el camino andado sencillamente, decía, lo andaba en una dirección diferente. Quizá por eso los que le veían marchar nunca le veían alejarse, nunca se perdía en la lejanía.
En una ocasión, antes que decidiera marcharse a vivir en la soledad, compartió su camino con un peregrino que hacía el viaje de retorno a casa. Y el viejo le preguntó:

“¿De verdad que estuviste en la montaña sagrada, diste tres vueltas en torno a la roca maravillosa, y después danzaste al son de la luz de la luna llena?. ¿Y ahora regresas a casa?.
Si en verdad es así, y nos has visto que en todo momento llevabas tu casa contigo, ¿cómo reconocerás una montaña sagrada sin que otro te lo diga?. ¿Cómo encontrarás la roca maravillosa sobre la que hundirás tu espada?. ¿Y cuándo sabrás que has de bailar al son de la luz de la luna llena?.
Cuando iniciaste el camino de ida iniciaste el camino de vuelta. Pero la verdad es que nunca te marchaste porque nunca te alejaste de ti. ¿Cómo puedes regresar al hogar que nunca dejaste?. “

El peregrino intentaba retener en la memoria cada palabra, cada gesto, cada inflexión de la voz del viejo Maestro; los matices eran intensos, y las pausas parecían breves eternidades destinadas a permitir que el mensaje llegara y tomara posesión del viajero. Este le preguntó:

"Pero Maestro, qué haré yo sin una luz que me ilumine, sin un cielo cuyas estrellas me muestren el camino, sin el sabio consejo de alguien como tú que me muestre los pasos que debo dar...?."

"¿De verdad crees –contestó el viejo- que los niños caminan de la mano de sus padres durante toda su vida, que en ningún momento se atreven a andar solos o a hacer de sus pasos y con sus pasos su propio camino dejando atrás la niñez?. En verdad te digo que, por mucho que yo te muestre el camino, tú has de hacerlo por ti mismo, y enfrentarte a sus luces y sus sombras, para vencer tus oscuridades y aprender a vivir, y a distinguir dónde está la virtud de las acciones y de los pensamientos. Porque ello es crucial para que despiertes y des a luz al Maestro que en ti vive, pues yo no soy la Luz de tu camino, sino solo un caminante que te dice qué debes hacer para despertar. Pues al andar en la vida, y distraído con el paisaje, puedes creer que la iluminación es un hecho extraordinario que solo sucede a hombres extraordinarios y no veas que, en tal caso, tú lo eres. Así que despierta, descubre la Luz de tu interior, e iníciate en la Magia de la Vida."





viernes, 2 de septiembre de 2011

EL VIEJO DE LA MONTAÑA (EL HOMBRE Y EL ASNO)



El viejo de la montaña se acomodó sobre una roca,  de esta forma podía ver a todos los congregados, y todos podían verle. Usando un tono sereno y pausado se dirigió a ellos como si los hubiera visto por primera vez, como si todo hubiera recomenzado de nuevo, como si el tiempo transcurrido y los encuentros, las preguntas y las respuestas hubieran sido barridos por el viento… En ese instante su voz se hizo una con la rota soledad del páramo, su mirada se volvió cristalina y sus pensamientos parecían brotar de lo más hondo y de lo más cercano. Y dijo:

“En la certeza de todo fin está la esencia del principio.
En la certeza de todo camino está el final del mismo.
En la esencia de cada paso vive el alma del caminante....

¿Cuando un hombre monta sobre su asno, quién hace el camino del hombre el mismo hombre o el asno?.

Cuida tus pasos, y la forma en que los das, y lo que pisas, y el espíritu de las palabras que usas para cabalgar tus pensamientos, y los pies que te calzas para andar tu camino y si en el camino, por llegar antes, cumples el destino del asno.”


Después de un prolongado murmullo se hizo el silencio. Multitud de miradas se cruzaron... Quizás alguno había llegado hasta allí sobre su asno... Y todos, casi con una certeza absoluta, emprendieron alguna vez un camino.
Cuando se hizo el silencio ya caía la noche, y el canto de los grillos rasgaba la oscuridad que lentamente se cernía sobre ellos.
Una pregunta no se hizo esperar:

“¿Cómo distinguir el destino del asno del mío propio?” – inquirió una voz de entre la muchedumbre-.

“Pregúntale al asno” -contestó el viejo-. “Pregúntale al asno”.


Risas y sonrisas se adueñaron del momento. ¿Quién podría suponer que un asno guardara tan vital conocimiento?. A fin de cuentas los asnos son burros, y los burros se distinguen por su ignorancia. Sin embargo, los hombres se distinguen por su conocimiento. ¿Y entonces, cómo es posible que un burro pudiera dar semejante respuesta?. ¿Cómo es posible que un hombre pregunte a un burro?.

El viejo de la montaña pareció adivinar tan comprensibles pensamientos..., por eso argumentó:

“Antes que el mundo fuera mundo, antes que los hombres depositaran los pies sobre su faz y caminaran sobre ella, los burros poblaban estas tierras,  y bebían agua de sus ríos, y pastaban en las verdes llanuras, conocían la sucesión de los días y las noches, y todo cuanto el hombre hoy conoce.
Y cuando el hombre amaneció, comparado con un asno, era como un burro.

Si un asno tenía que cubrir una larga distancia, y no le apetecía hacerlo a patas, montaba sobre un hombre. Y este le llevaba. Y hacía el camino del asno, soportando su peso. Y pensaba: ¿Por qué no haré yo mi camino y él no hará el suyo?. ¿Por qué he de andar los pasos que él no da, cargando con él sobre mis espaldas?. ¿Por qué pensará que soy un burro cuando soy un hombre?.

Hoy los burros ocupan el lugar que el hombre ocupaba, y se preguntan a sí mismos por qué los hombres deciden no dar sus pasos por sí mismos, y dejan que caminen por ellos.

Si en algún momento todo volverá a ser como antes  no lo sabemos. Yo, por si acaso, hace tiempo que senté a mi asno a la mesa, y que juntos damos gratos paseos. Porque si hay algo cierto en todo esto es que al hombre lo frena su ignorancia y al burro lo frena el hombre. ¿Cómo el ignorante va a ser dueño de sus pasos y de su destino?.”