Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 25 de octubre de 2013

CUANDO CIERRO LOS OJOS



Cuando cierro los ojos se hace el silencio.

Cuando cierro los ojos mis espacios interiores se despliegan y el tiempo se diluye, deja de tener sentido, y veo más allá de la profundidad que se presenta ante mi. 

Cuando cierro los ojos vuelo y para volar detengo la mente, la silencio en su constante bullir, convirtiéndola en un manso lago de aguas transparentes, quietas como un espejo en el que todo puede mirarse y verse, porque todo forma parte de su faz.

Cuando cierro los ojos los abro en la visión más integradora y sincera, y profunda, la que es capaz de ver lo que no se ve. Mi respiración se hace tenue y el silencio que todo lo llena me invade, me envuelve, toma posesión de mí puesto que en mi siempre estuvo. Mi corazón se abre y el verde esmeralda me inunda, adquiero la visión y el sentimiento, la percepción y el alma.

Crisálida soy que abandona el lento caminar de la oruga y se recoge dentro de sí misma, y en su recogimiento se transforma y renace. Y entonces despliego mis alas multicolores y me entrego al mundo aéreo y del espíritu, me baño en la luz y en la más sutil de las fragancias, y me acerco al sol de lo que soy en la más pura esencialidad del aire que me sostiene y del alma que anima mis alas. Y en mi camino sin vuelo y en mi vuelo sin camino, resplandezco.









viernes, 18 de octubre de 2013

ANTE EL ESPEJO




Me miro en el espejo. Me miro en el espejo y me pregunto: ¿Cuándo en él me miro me veo?. ¿Me veo en él?. Y aún más, llego a preguntarme...: ¿Quién de los dos es el observador y quién el observado?. ¿Soy yo quien contempla o soy el contemplado?.

Agua clara y prístina que refleja no lo que soy, sino lo que creo ser, me permite verme sin ver y observarme sin observar.
Agua clara y prístina que acoge todo cuanto soy y no me deja verlo, a menos que me mire y lo mire más allá, mucho más allá, de todo sueño y de todo despertar en el que despertar tan solo signifique seguir soñando.
            
Me miro en el espejo y no me veo. Y, en cualquier caso, lo que de mi veo es finito, limitado, atiende a la forma y a mi propia decisión en absoluto libre de cómo me veo. Pero en realidad..., en realidad no puedo verme, porque verme en realidad sería verme realmente y verme realmente es percibirme en el mundo real, no en el que hemos imaginado como real, sesgado y lleno de dolor. Verme realmente sería Verme. Y no hay más explicación. Solo se puede explicar con el énfasis de la palabra expresado de singular o sintáctica manera.

Si digo “me Veo” es que me veo de verdad, es que me siento, me comprendo, me trasciendo en la mirada y en la percepción de mí mismo. Y digo entonces: “Miguel Ángel es sólo un sueño y como tal sueño duerme despierto y dormido vive y soñando cree estar despierto”. Pero aquél que Yo Soy no se ve en el espejo. Solo puede verse en la clara y tersa superficie del mágico lago de la conciencia, el espejo de la realidad en el que la realidad se recuesta para que puedas verla de más cerca y de más cerca apreciarla, atesorarla, comprenderla, amarla en su ilimitada finitud, y sentirte en ella como lo que realmente eres. No como el sueño de tu despertar.

Me miro en el espejo y no me veo. Te miro y no me veo, porque creo ser otro y creo que eres otro..., y tu lo crees de ti mismo. Miro a la roca y digo: “La roca”. Pero no hay roca, soy yo percibiendo una roca que no es real, que es una parte de mi que se siente roca e independiente de quien la mira. Y ella me percibe, me siente a un nivel de mi y de sí misma. Porque la conciencia está en todo.

Me miro en el espejo solo para acariciar cabellos en una dirección acordada con el sentido de mi propia imagen, para buscarme entre la sonrisa de mis ojos, para encontrar un acuerdo de coexistencia entre aquello que busco y los pasos que doy y pensar: “me parezco, me acerco...”. Pero no soy yo realmente quien está en el espejo, Yo Soy quien está más allá del reflejo de mi imagen, de mi propia imagen y de mi mismo..., y al otro lado del espejo.


Para verme debo cerrar los ojos y no soñarme despierto, sino despierto vivirme, y mirar hacia dentro, y ver el reflejo de lo que no soy para dejarlo a un lado y encontrar la esencialidad que inspira la realidad que vivo y la realidad que sueño. Y así, trascenderme.






viernes, 11 de octubre de 2013

EL CAMINO SILENCIOSO



Cada día, cada minuto del día, con cada paso que doy, en cada mirada que dirijo al mundo, al despertar, al dormir..., ando el camino silencioso de la única manera que puede ser andado.

No atesora el clamor de las palabras que no encierran contenido, lo limita en su expresión y no le deja ocupar el espacio en la mente que no le corresponde. Y así la expresión del mundo en ti es clarificadora, transparente, y deja pasar la Luz. Y esta entra en ti por las doce puertas del alma. Y a través de ellas te alimenta de una forma que no puedes imaginar.

Al hacer el camino, al explorar los espacios invisibles que llenan mi realidad más inmediata, me pregunto: ¿Qué llena el inexistente vacío que me separa sin hacerlo de un hermano que, como yo, camina su camino sobre este mundo?. Hilos de luz generan una trama maravillosa, filamentos que nos conectan con todo aquello que expresa una forma de conciencia. Nubes que no lo son..., e infinidad de pensamientos que vienen y van migrando de un lado a otro, esperando ser rescatados por mentes sagaces o que divagan continuamente de un pensamiento a otro y después a otro..., y llenan de ruido una mente que no puede oír por el gran estruendo que contiene y al que alimenta.

No es que no deba haber ruido alrededor, que las tormentas no expresen su llanto, que la torrentera sea como la faz suave y tersa de la laguna, que el silencio se adueñe del mundo, que todo enmudezca... Es dentro donde tienes que hacer el silencio. Porque es dentro donde está todo ruido.

El camino silencioso recibe este nombre porque para vivirlo, para hacerlo, hay que acallar la mente. Y cuando la acallas, cuando la detienes en su constante bullir, cuando le haces ocupar el lugar que le corresponde en tu propio proceso de vivir, surge una voz interior que nace del silencio y desde el silencio te habla.

Haz de hacer el camino de manera que ni las piedras al pisarlas dejen oír su quejido. No crujen si no las oyes, y no las oyes si no piensas en ellas, y no piensas en ellas si acallas la mente. Si acallas la mente se hace el silencio.

El camino silencioso encierra el atronador secreto de la vida, un secreto a voces... del silencio que pocos oyen:

Todo está contenido en el momento presente, todo secreto, todo misterio... Todo tiempo por vivir no es mas que este instante..., crucial, irrepetible, genuino.
Comprender esto y que sólo el temor, en sus más variadas formas, nos aleja del momento presente es substancial.


Y recuerda: Sólo en el silencio se oye.





viernes, 4 de octubre de 2013

VIVIR, MORIR, SOÑAR




Cuando sigo el camino desde el río a la montaña. Cuando hago el sendero que transcurre por el claro del bosque y me lleva a la orilla de un mar de trigo. Cuando hago el camino que va desde el primer suspiro de la mañana hasta el último aliento del día, para dejarme dormir y soñar. Cuando hago estos senderos, en los que vivo y me vivo, en los que siento y me siento...  ¿Dejo escapar, cual otoño, las hojas secas de las horas, y los besos del tiempo que me hacen creer finito y limitado o acaso los atesoro, y atrapo momentos fugaces, adormeceres dorados que sólo son eso?. ¿Cómo camino mi tiempo, el que se me ha dado?. ¿Acaso con un ojo abierto y el otro cerrado?. 

Cuando camino sin andar los caminos que la vida pone bajo mis pies.  Cuando camino sin oír la voces que susurran cantos de aprendices del momento consciente, ¿qué sendero estoy siguiendo y qué sentido tiene el camino de piedras que adorno con dolor mudo que transpira clamor de corazones rotos?.

¿Dónde está el tiempo que nunca tuve y sin tenerlo perdí?. ¿Dónde el clamor de la ternura, el de la caricia sin precio de una palabra suave y dulce, como dedos que acarician el alma con “te quieros” que no tienen tiempo, ni color, ni nombre...?, solo cielos que brillan en miradas adornadas con amor. ¿Dónde vive el color de la vida y el azúcar de un beso de ojos cerrados que abren el alma y la acarician por dentro, porque de dentro surgió el beso y de dentro surgió un amanecer que no se acaba?.

¿Dónde estás amada mía, vida mía, que lates en mi latido y sientes en mi sentido, y por querer alumbrarme me vives como Luz coloreada con destellos de flores y aromas que vencen la distancia, y desde la distancia pronuncian mi nombre verdadero para hacerme despertar en lo que soy?.

¿Dónde estás vida de mi, que tan larga vida espero que muero porque no muero y sin morir, vivo y me vivo en ti..?. Esperando en la locura que tan llena de cordura me sostiene... Y al vivir, así me siento que, al morir, creo volar y llegar al fin. Como un ave de alas blancas que al volar mi nombre canta y al cantarlo sin morir renace porque, de mi, solo espera una quimera tan real como vivir.
Y en su muerte y su partida renace, porque en su vida y lo que significa vivir, no espera más recompensa que unas alas más abiertas y un cielo al que partir. Ya que en mi vida y sus momentos no he de temer al lamento, solo al sueño, al dormir.
Y al dormir yo tan despierto me alegro de no estar muerto. Y de muerto, al revivir, encontrar en ese tiempo la verdad de lo que siento: que si la vida es sueño, despertemos que es vivir.



A Teresa y Calderón