Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

jueves, 23 de febrero de 2012

LA GRAN OPORTUNIDAD (III)




DIA SEGUNDO (DEL CENTRO Y DE LA VIDA)



El centro es la vida…
Yo me esforzaba por comprender. Quizá aún era muy temprano para meditar, pero no podía dejar de preguntarme y mantener, por segundos, el silencio interior que antecede a la respuesta buscada, mas la respuesta no venía. Afortunadamente el sol naciente me miró de frente y me dijo:

-          “Yo no soy el Centro, pero acojo al Centro”.

Su voz me inundó de calor. En este frío amanecer resultaba algo más  que agradable que el Sol se dignara mirarme, hablarme. A fin de cuentas, era el Padre Sol levantándose e iluminándome con su más temprana energía.

-          “¿Cómo dices acoger al Centro y no ser él?” – le pregunté casi instantáneamente-.

-          El Centro –me dijo- es lo único. Es la fuente de todas las fuentes. Es el origen del círculo. El punto no es la esfera, aunque la esfera es punto de otras esferas. Así pues, siendo yo la vida no soy el origen de la vida.  Conteniendo al Centro no soy su origen. En verdad te digo que aquél que mira a su alrededor se convierte momentáneamente en centro de lo creado, todo aquél que vive forma parte esencial de la vida. Mas si todo es vida, si todo es centro, todo contiene todo. Si el Todo contiene a las partes, cada parte contiene al Todo.
Hija Rosa –añadió tras esbozar una serena sonrisa-, si necesitas un espejo donde mirarte es porque aún no has aprendido a mirarte, ya que todo aquél que mira hacia afuera no mira sino hacia dentro, todo aquél que mira hacia dentro no mira mas que hacia afuera. Porque continente y contenido se abrazan en el abrazo de la vida.”

-          “En el abrazo de la vida…” –susurré-.

Un suspiro fue lo último que oí del Padre Sol. Una nube lo ocultó para sí deseosa, sin duda, de su saber y energía. Aproveché la ocasión para mirar nuevamente en torno mía. Distinguí, muy cerca de mí, a la Hermana Margarita. Algo más allá al Hermano Romero, y al Hermano Tomillo. La Hermana Lavanda estiraba su cuello intentando sobresalir en la espesura. El Hermano Musgo descansaba plácidamente en su duro lecho de roca. Y mientras, yo contemplaba asombrada la diversidad de la vida. La vida… Todo parecía sembrado a mi alrededor como por una mano invisible y todopoderosa. Todo cuanto me rodeaba estaba impregnado de la energía más poderosa que pueda existir: la energía de la vida. Y yo no podía ser ajeno a esto. Yo formaba parte de la vida, y su propia energía era mi energía.
Sentí entonces la mirada penetrante de unos ojos grandes y sabios. Sin haberme dado cuenta había estado pensando en voz alta y la Hermana Lechuza, a la que yo no había visto, me observaba reposadamente desde una cercana roca.

-          “No he podido evitar escucharte, Hermana Rosa. Por eso déjame decirte que tú no solo formas parte de la vida sino que, siendo expresión de la misma, eres la propia vida. Por eso sientes, vibras, sufres, deseas… Por eso estás aquí, formando parte indispensable del magnífico jardín del mundo. Contéstame a una pregunta: ¿Qué te gustaría hacer, por encima de todas las cosas?.

-          “Me gustaría volar –le dije-, para ver más allá del mágico círculo de mi horizonte”.

-          “Los seres –prosiguió la Hermana Lechuza- no solo son lo que hacen, sino también lo que desean, y lo que temen, lo que piensan, y lo que sienten. Es posible que tú seas un pájaro con forma de rosa, como eres fragancia en forma de flor. Te aseguro que si pones todo tu empeño, si usas toda tu confianza, si concentras toda tu fe, volarás cual rosa con alas, despertarás al pájaro que vive en ti. Y yo puedo ayudarte, porque no he venido en brazos del Hermano Viento, sino de la mano de la Hermana Conciencia (la dueña de la voz interior).”

-          “¿Quieres decir que…?.”

-          “Quiero decir que he llegado hasta aquí con toda la conciencia de la que soy capaz, porque sabía que tú estabas aquí.”

Ciertamente, no salía de mi asombro. ¿Qué hacía aquí, a esta hora del día, la Hermana Lechuza?. Por eso le pregunté:

-          “¿Qué haces aquí, ave nocturna bañada en sol?”.

-          “Mis alas no tienen día ni tienen noche. Mi espíritu, que como el espíritu del viento me lleva de un rincón al otro de mi ser, no tiene Sol ni tiene Luna, porque soy hija de la vida. ¿Desde que amanece hasta que se pone el Sol, cuántos seres desfilan por el horizonte de la vida?. ¿Y cuántos desde que anochece hasta que el Sol sale?.  
Si el día y la noche son hermanos siameses de la vida. Si la Tierra gira sobre sí misma y, al hacerlo, te habla de la rueda de la vida. Yo me declaro hermana de la vida y eje de su rueda. Así que no soy yo quien va o quien viene: soy llevada y traída por la mano de la vida.”

Tras una silenciosa pausa, la Hermana Lechuza se marchó. El Sol, adormecido, se reclinaba ya sobre el horizonte. Poco a poco el ojo del espíritu se cerró, y la noche cayó como cae el telón de la vida.




                                                                                     (Continúa)







viernes, 17 de febrero de 2012

LA GRAN OPORTUNIDAD (II)





DIA PRIMERO: DE LOS ELEMENTOS



Despunta el Sol por el llano horizonte. Como un tremendo ojo de luz, que se abre y despereza, levanta la vida por la circular línea del infinito. Y el verde prado comienza a secar sus lágrimas de rocío.

Despliegan sus pétalos-brazos las innumerables flores. Se extinguen las tímidas pupilas estelares. Y los pajarillos empiezan a interpretar la siempre hermosa sinfonía de la vida.

Amanece. Ha nacido el día.

Es un gozo estirar mis pétalos nada más sentir esa cálida sensación de vida que me acaricia todas las mañanas. Poco a poco, lentamente, abandono mi centro y me ofrezco a la luz, a la inagotable fuente de vida y de conciencia. ¡Ah..., el Sol!.

¡Cómo amo la vida!. Que feliz soy cuando me siento zarandeada por el viento, acariciada por el aire. ¡Que infinitud de olores!. ¡Que universo de fragancias...!. Que si huele a pino. Que si huele a romero. Que si el polen de las rosas... Y las abejas... ¡Cómo disfruto de esas cosquillas inevitables que contribuyen a expandir mi vida!.

Las abejas, el aire, el Sol... ¡y la lluvia!. ¡Que delicia de aguanieve!. ¡Que chaparrón de agua cristalina (como vida llovida del cielo)!.

El Sol, el aire, el agua... ¡y la tierra!. No podía olvidar a mi sufrida madre, a mi pobre Madre Tierra, que tiene que ser pisada para que el hombre viva sobre su faz. Como una redonda madre que soporta todo con infinita paciencia, y a cuyas entrañas yo me agarro con las tímidas garras de mis raíces.

¡Oh, Madre!. Cuando siento esa energía que sube desde tu corazón, a través de mis raíces y mi tallo (explosionando en mis pétalos al fundirse con las energía del Padre Sol), no me siento flor, quizá me siento todas las flores, todas las plantas, quizá toda la Naturaleza.

¡Oh, Madre Naturaleza!. Me adivino como un insignificante cabello perdido en tu inconmensurable cabellera cósmica.

¡Oh, Madre Naturaleza!. Me siento como una ilusoria flor, crecida en la más real de las ilusiones creadas.

¡Oh, Madre Naturaleza!, que vives a través mío, que vivo gracias a ti, aún no comprendo por qué el hombre se esfuerza en negarte continuamente, como si su vida no dependiera de ti, como si lo hubiera parido otra Madre.


Aquél primer día el Hermano Viento trajo hasta mis floridos oídos el bello canto de un pajarillo. Podía distinguir en él la alegría de quien le canta a la libertad, la armonía de quien puede estar en el cielo y en la tierra sin perder el equilibrio. Muy poco tardó en llegar hasta mí tan volátil cantor.

-         “¿Cómo estás, Hermano Verderón?” –le pregunté-. Y me dijo:

-         “He ofrecido mis alas y mi destino al Hermano Viento. Me he dejado arrastrar por él hasta donde quisiera llevarme, poniéndome en manos de la Vida. Y a tu presencia me ha traído. ¿Quién eres tú, Rosa de los vientos, que tu perfume destaca entre los perfumes?. ¿Quién eres tú, Rosa de la Vida, hermosa criatura plagada de espinas?.

Dicho esto aquél relámpago verde, vestido de plumas, levantó el vuelo y se marchó.

El Hermano Verderón me planteó unas simples, pero muy sabias, incógnitas. La mano de la vida le trajo hasta mí, y la Madre de todas las madres habló a través suya. Aún recuerdo el murmullo de sus alas (se me antoja como el sabio susurro del aire de la vida).

Volar..., ¿puede volar una flor?. ¿Puede una rosa levantar el vuelo?. Apenas tuve tiempo para reflexionar. El fuerte viento reinante arrancó uno de mis pétalos ,y yo sentí cómo se me desgarraba un pedazo de mi ser. Mas no podía llorar, pues las lágrimas de rocío tienen su momento.
Con el llanto contenido miré a mí alrededor. Contemplé a la Hermana Oruga, entretenida en devorar las hojas de la Hermana Higuera. Contemplé al Hermano Saltamontes, empeñado en saltar por encima de todas las cosas. Escuché al Hermano Trino, canto lejano y desconocido, cabalgando en el viento.
Todo se movía a mi alrededor. Nada parecía estar quieto. Ni siquiera las nubes descansaban en el cielo.

La mañana pasó de largo. La tarde tenía mucha prisa. Pronto llegó la noche, y yo me replegué sobre mí misma.

En cierta ocasión la Hermana Mariposa me dijo que el centro es la vida. Y que por eso yo debía recogerme en mí misma cada noche de mi vida. Y en ese recogimiento, esa noche, soñé que era pájaro.




                                                                                                                 (Continúa)








viernes, 10 de febrero de 2012

LA GRAN OPORTUNIDAD (I)





INTRODUCCIÓN

Una experiencia es una vivencia. Una vivencia es un acontecimiento vivido en algún nivel de la realidad. 
Lo que vais a leer a continuación (La gran oportunidad) ha estado una treintena de años durmiendo el sueño de los justos en mi cajón del olvido. Hace escasamente unos días este singular relato vino a mi memoria, se apoderó de mi recuerdo y me pregunté ¿pero dónde estará?. Fue tejido en un tiempo en el que el traqueteo de la máquina de escribir ocupaba mis tardes y muchas noches, pues los ordenadores aún no habían llegado a nuestras vidas con la profusión y entusiasmo con la que nos han invadido en el último decenio. ¿Así que dónde podría yo tener aquellos folios?. No había mucho sitio donde buscar, pero sí muchas carpetas y papeles, y no recordaba haberlos visto en los últimos treinta años. Y, como suele suceder tantas veces cuando las cosas suceden porque han de suceder, un buen día extendí la mano, tiré de una carpeta, y allí estaba. Por fin, el pasado se hizo presente, y leí con entusiasmo y satisfacción este relato.

Normalmente, entendemos que vivir es acontecer físicamente, desarrollar una actividad que implica la manifestación o expresión de lo físico, pues con lo físico, es decir, con el soporte del dinamismo espiritual, nos vivimos en este mundo de piedras y agua, de nubes y fuego..., pero también de sentimientos, emociones y formas pensadas, de ánima y sensibilidad.

Desde mi punto de vista, la creatividad literaria tiene un origen no exclusivamente psíquico, pues siendo la mente, sin duda, el origen del procedimiento matriz por el que nos vinculamos al mundo exterior, y siendo a un nivel el universo mente, no todo sucede en el ámbito de la misma, ni tiene en ella todo su origen, pues la mente es al ser lo que el mar a la fosa oceánica, es decir, viene a llenar un vacío y a intermediar entre la totalidad y ese vacío, significando el vacío no la ausencia de algo, sino la presencia de la vacuidad presta a llenarse para alcanzar la totalidad, siendo esta última su hermana gemela. Así que la creatividad, y a esto iba, no siempre se enmarca en el contexto emocional, psicológico y espiritual del escritor. A veces el escritor (sobre todo aquel que genera el tipo de literatura que expreso en este blog) lo que está haciendo es servir de intermediario entre una conciencia o un estado de la conciencia, o una realidad, no propia, sino ajena, aunque quizá vinculada a él, y el mundo manifestado de lo físico y finalmente el lector. Para que nos entendamos, a veces el escritor es a lo creado como la fosa oceánica al mar que la ocupa y le da sentido, y a la propia totalidad y vacuidad que expresa. Y así, como por arte de magia literaria, algo en mí se vacía para llenarse de una prosa que, realmente, no me pertenece, porque solo me ha sido prestada para hacerla llegar al mundo sensorial de los hombres.

Leer La gran oportunidad después de treinta años me ha hecho reflexionar en este sentido, y tener la sensación de que quizá realmente, en algún nivel de la realidad no muy lejano, lo sucedido es tal y como se cuenta. Lo que sí os puedo decir es que recuerdo los momentos en los que escribí este relato, fueron momentos de gozo, de alegría y de un disfrute emocional exacerbado, acompañados de la sensación de que la protagonista existía de verdad... Quién sabe.

Este relato lo narra una rosa, una rosa que cuenta una parte de su vida, y me usa a mí para haceros llegar su historia.








LA GRAN OPORTUNIDAD (PARTE I)



Es posible que os parezca extraño que una rosa os cuente su propia historia, pues tengo entendido que en el mundo de los humanos no se oye la voz de las flores. Pero yo no he nacido entre los humanos, sino en el jardín de la vida.

La Hermana Lechuza (mi querida instructora que más tarde conoceréis) me dijo en cierta ocasión que el hombre también es hijo de este jardín, pero que hace tiempo que se escindió de él, renegando de su propia naturaleza. Y que por eso ya no oye los diversos matices y frecuencias de la voz de la vida.

La Hermana Lechuza (una gran conocedora de la naturaleza humana) bromeaba a menudo diciendo que el hombre tan solo era ya (salvo muy honrosas excepciones) capaz de sintonizar con la frecuencia modulada. Nunca supe qué quería decir esto, así que aún no lo he encontrado la gracia. Sin embargo, confiando como confío en mi querida hermana, seguro que tiene sentido para vosotros.

Creo que es evidente para todo humano que se precie de serlo que, entre otras cosas, una rosa no tiene dedos que puedan golpear un teclado y formar palabras. Así pues, desde un principio se me planteaba un serio problema a la hora de relatar una parte de mi vida. Y me preguntaba:

-         “¿Cómo puedo contar mi historia a los sordos humanos?”.

Como siempre, la Hermana lechuza me dio la solución:

-    “Hermana Rosa, –dijo- es muy fácil. Lo único que tenemos que hacer es utilizar a un ser humano. Un ser humano cualquiera aunque, eso sí, que escriba con cierto desenvolvimiento y que, aunque no oiga la voz de la vida sí, al menos, le llegue el suave susurro de la naturaleza.”

-        “Sí, claro –le contesté con un considerable tono de ironía-, es muy fácil. Al primero que pase por aquí le gritamos al oído (porque habrá que gritarle) y, si es la persona indicada, se sentará gustosa junto a nosotras y se pondrá a escribir. Si es muy simple...”

-     “Es más simple que todo eso –replicó-. Ayudados por la Hermana Conciencia usaremos la voz interior para hablar con él. Es posible que nunca sepa de dónde o de quién le llega esa voz, pero escribirá ineludiblemente todo lo que le dictes. Quizá piense que está escribiendo un simple cuento, una bonita historia. Es posible que hasta se crea su verdadero autor. Eso debe darnos igual, pues ya ha ocurrido muchas veces. Sin embargo, si presta un poco de atención a la voz de la vida nos reconocerá. Anímate. Tenemos que hacer que el hombre regrese al jardín que lo vio nacer.”

Así que un buen día (uno de esos estupendos días primaverales que suelen hacer en la región donde vivo) puse manos a la obra y dejé volar, cual pájaro, mi voz interior. Al principio revoloteó un poco a mi alrededor, seguramente intentando orientarse. La verdad es que no sabría precisar si le costó o no encontrar el camino. Aunque lo que sí puedo decir es que, según me dijo quien ya sabéis, cuando la voz interior surge evita el intermedio de la mente y vuela, en línea recta, camino del corazón. En este caso en pos del corazón de quien me había de oír. Después pasaría por el tamiz de su mente, pero el más puro sentimiento, mi más fiel historia, surgió de mi corazón (las rosas tenemos corazón) y llegó hasta el suyo.

¿Qué más puedo deciros?. Es la primera vez que utilizo esta forma de comunicación y, la verdad, es que se antoja una experiencia muy interesante. Nunca pude yo imaginar que la voz de una rosa hablara a través de las manos de un ser humano. Y, mucho menos, que esa voz fuera mi voz. Pero nada es imposible.
Esto fue algo sobre lo que la Hermana Lechuza y yo también tuvimos la oportunidad de hablar frecuentemente. Nunca se cansaba de decirme que debía desterrar la palabra “imposible”, la expresión “no puede ser”, de mi vocabulario. “Todo tiene su tiempo”, me repetía una y otra vez. “Lo que ahora no pueda ser será algún día, o quizá ya fue en un tiempo pasado.”

De la misma manera que todo se repite, como vuelven las golondrinas todos los años al mismo nido, todo aquello que no es será, de una u otra forma. Antes o después todo llega. Lo que ocurre es que no todo llega como nosotros queremos o cuando nosotros queremos. Hay que tener en cuenta que todo aquello que participa de la vida no lo hace desligado del resto, sino todo lo contrario. Por eso, de alguna forma, un hombre muere cada vez que es arrancada una flor, cien hombres mueren cada vez que es talado un árbol.
¡Cuántas veces oí el lamento de la Madre Vida!. Cuando se aprende a oír su voz se vive algo indescriptible, hermoso, pero también se sufre. No podéis imaginar los gritos de dolor que da, porque se quema en cada árbol que se quema.

El Gran Árbol (el padre de todos los árboles) ya no sabe qué hacer. Es el más directo descendiente del Árbol de la Vida, del único árbol que nunca podrá arder y al que el hombre quiere encaramarse, ya que intenta controlar la vida. ¿Cómo se puede controlar la vida a través del desprecio de la misma?. La verdad, no lo entiendo.

Dicen que un día se reunió el Gran Consejo de la Vida, los progenitores del jardín de la vida, para decidir qué hacer con el hombre. Sus opiniones estaban divididas:

El Padre Fuego (padre de las energías internas de la Tierra) quería hacer que todos los volcanes entraran en erupción.
El Padre Huracán (padre de todos los vientos y tormentas) quería desatar su ira en todos los rincones del planeta.
La Madre Tierra, que siempre fue paciente, deseaba temblar y abrirse bajo los pies de los hombres.
El Padre Sol (insuflador de la vida) deseó abrasar al ser humano.
La Madre Luna (madre de los flujos y reflujos, de los líquidos y sentimientos) deseó por un segundo hacer subir las mareas, y ahogar a los hombres.

Sin embargo, afortunadamente para el ser humano, la Madre Naturaleza y la Madre Vida, principales miembros del Consejo, les hicieron reflexionar. Y finalmente dijeron, sentenciando:

-       “El hombre es uno más de nuestros hijos. ¿Qué madre o qué padre quitaría la vida a un hijo?. ¿Puede la Madre Naturaleza atentar contra la propia naturaleza?. ¿Puede la Madre Vida, que a todos nos sostiene, atentar contra la vida?. El fundamento de la vida es el amor, la comunión entre todos los seres. Demos pues al hombre la oportunidad de cambiar o de aniquilarse a sí mismo.”

En el hermoso jardín del mundo se corrió la voz de que una nueva oportunidad había sido dada al ser humano. Y el mundo natural se estremeció, pues no es esta la única humanidad que ha vivido sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, esta como ninguna otra atenta contra el mundo, contra el cuerpo planetario de Gaia y contra los seres que la complementan. Por eso, el temor se apoderó de todos los reinos de la naturaleza.

Ahora todas las estrellas miran a la Tierra. Todos los ojos del cielo están pendientes del hombre, pues el ser humano tiene la oportunidad de reconciliarse con la vida.

Gracias a la Hermana Lechuza he aprendido a ver en el hombre no a un enemigo, sino al hermano pequeño, al hijo difícil, de la naturaleza, inadaptado a un mundo demasiado hermoso como para no ser amado. Por eso la Gran Oportunidad (como todos la llamamos) era inevitable. Y yo formo parte de esa gran oportunidad.

Esta rosa obedece a la sabia voz de la Hermana Conciencia. Por eso os hablo.
Desde mi modesta aportación como Rosa de la Vida no pretendo mas que ser útil a la Vida, contribuyendo al cambio que se ha de operar en el hombre.

Si en la superficie, como rocío cubriendo la pradera, existe un latente temor en la naturaleza, en el fondo todo el reino vivo tiene sus esperanzas puestas en el ser humano, porque creemos en el hombre.

Desde mi pequeña parcela en la vida quiero ser un instrumento de la Hermana Conciencia y de la Madre Vida. Y tenderte una mano, que no tengo, a ti que me lees. Este es el motivo de que yo esté aquí. Y esta es la causa de que utilice al hermano Miguel ángel para hablaros en forma escrita.
A veces me pregunto cuán consciente será de quién soy, de lo que está en verdad sucediendo. Mas de singular forma se comporta la mente humana: Miguel Ángel cree estar escribiendo una singular historia, un original relato cuyo protagonista es una rosa. Y no sabe que esa rosa existe de verdad.

Sobre mis pétalos tengo ya muchos amaneceres y puestas de Sol. Sin embargo, de entre todos los días de mi vida, os dedico los tres más importantes, los que vieron cómo se iniciaba mi despertar.



 (Continúa)















viernes, 3 de febrero de 2012

CLAVES DEL MUNDO REAL: REALIDAD Y NATURALEZA HUMANA




A veces la vida nos sorprende, nos sorprende en manifestaciones que se salen de toda lógica; digamos que en el organigrama de la realidad irrumpen experiencias disonantes fuera de todo esquema..., como si pertenecieran a otro modelo organizativo de la realidad o como si el organigrama de lo cotidiano fuera erróneo o estuviera incompleto. Aunque esto es... lógico porque, como ya dijéramos en otra ocasión (Claves del mundo real: La realidad se construye) la realidad se construye, construimos la realidad.

Ciertamente, y lo digo asumiendo el riesgo que implica decir algo así, nosotros (y hablo en plural porque te incluyo a ti) estamos acostumbrados a vivir nuestra vida con perspectivas, y elementos incorporadas a ella, que nos permiten vivir una realidad más amplia que la realidad que contempla y experimenta la media de la población. Vivir así, vivir con esto, te permite contemplar más opciones, tener una vida más rica, pero también te conduce en el camino de plantearte mil preguntas más, y buscar ese millar de respuestas. Tu vida, pues, se simplifica a un nivel (porque se vuelve más natural y transparente), pero a otro nivel se vuelve más compleja, pues necesitas elementos substancialmente más ricos para llenar tu tiempo, tus pensamientos, y para avalar tus acciones. Así es el camino de la conciencia. Vivir, para nosotros, no es un automatismo de la fisiología, ni de la psicología, ni de la propia naturaleza en su origen. Para nosotros, vivir es un acto de conciencia, un acto cotidiano y permanente de conciencia.

Somos sonámbulos que caminan por las calles de esta vida como si estuviéramos despiertos y, como si estuviéramos despiertos, vivimos. El sonámbulo camina en la oscuridad atendiendo a una voluntad no consciente, y de manera no consciente realiza las acciones del despierto. Y finalmente regresa al lecho, sin recordar.
Por eso es tan importante despertar en este sueño que significa vivir. Despertar en el sueño de la vida es ser consciente. Despertar en este sueño es Vivir.

Como individuos somos referencias particularizadas de la realidad, puntos de observación y de enfoque de la realidad. En nosotros la realidad se genera y se sostiene, y desde nosotros la realidad se conforma a sí misma aderezada, además, por el resto de individualidades humanas. En el modelo generalizado y “vulgarizado” de la realidad, esta se encuentra estructurada en niveles definidos en ámbitos que limitan al hombre y a su propia naturaleza, recortándole las alas, acortando su horizonte, y sustrayéndole su verdadera dimensión, y nos ha hecho construir, desde que el hombre es hombre, un mundo cada vez más pequeño.

Sin embargo, en el "nuevo modelo de la realidad" que vivimos, y al que me refiero desde el principio, la realidad es más amplia, y contempla la existencia de elementos solo aparentemente irreconciliables con lo que llamamos realidad, porque en verdad lo que vienen a significar estos elementos es la prueba tangible de que el universo de la existencia, y el propio universo, es mucho más complejo, rico, sorpresivo y cercano, e interactúa con nosotros a niveles a veces extremadamente personales, dejándose acariciar por nuestra intención y construyendo lo cotidiano atendiendo a planteamientos más holográficos que lineales.

Por eso, aunque la vida nos sorprenda con manifestaciones que se salen de toda lógica, la realidad es que atienden a una lógica más amplia y diferente. Obviamente, se salen de la lógica simple, mecanicista y escuálida del pensamiento racional y cuadriculado que, por demás, nos intentan imponer, porque nos convierte en individuos previsibles, conductualmente dirigibles y manejables. Y así, el sistema (y los que lo controlan) se garantizan su perpetuidad. Y de esta forma, nunca podremos cambiar el mundo.

Para cambiar el mundo, tenemos que cambiarnos a nosotros mismos. No habrá cambio fuera si antes el cambio no se ha dado dentro. Cambiar pues al mundo es cambiar nosotros mismos..., modificando nuestro pensamiento, nuestras acciones, asumiendo una filosofía de vida natural y de conciencia, solidaria y trascendente, cercana y personal y que, obviamente, no empatice con roles consumistas, competitivos, de mercado y, mucho menos, racistas, belicistas o políticos. La aproximación real, auténtica, del hombre al hombre, y del hombre al Cosmos, se impone. Y esto es, en parte, la oportunidad que se nos ofrece en 2012.

Así que vivir atendiendo a una experiencia y visión de la realidad donde decir imposible es negar a la propia realidad, te permite caminar por este mundo manejando un número mayor de parámetros que convierten a la vida, a lo cotidiano, en una experiencia más rica y con mayores posibilidades de aprendizaje ya que, a fin de cuentas, ni estamos terminados como individuos ni hemos desarrollado las potencialidades que como seres humanos contenemos. Porque, obviamente, tenemos una dimensión, y unas prestaciones derivadas de esa dimensión, que nos trasciende como individuos meramente mecánicos que forman parte de una especie, la especie humana.

Pero la especie humana se enmarca en un ámbito mayor, más amplio, que traspasa las fronteras del espacio y del tiempo, al formar parte de una familia mayor, una familia que acoge a la casa de la humanidad, a la propia humanidad. Y no es otra que lo que podemos llamar la humanidad cósmica, pues obviamente para mí lo humano, lo estructuralmente humano, es un modelo físico y de conciencia que tiene su origen en el universo, en los espacios infinitos, de donde la naturaleza que nos ha creado lo ha importado. Aunque, obviamente también, en origen, desarrollando unas potencialidades que, desde nuestra perspectiva (limitada por la conciencia de nosotros mismos que tenemos), podríamos llamar superhumanas.

Así que eso es, en parte, lo que nos pasa. Formamos parte de una especie humana y cósmica que, asentada en la Tierra, adolece de no ser consciente de todas las posibilidades que alberga y de todo aquello que es capaz, y que ha preferido verse a sí misma como un animal que se distingue del resto de especies por su inteligencia. Esta visión es errónea, pues nos distinguimos por el origen de nuestra naturaleza, por nuestro propio origen, por nuestra conciencia y la capacidad de ser autoconscientes, y por el velado programa de retorno al hogar primigenio que llevamos impreso en lo más profundo de nuestro cuerpo energético. Pero viéndonos como animales racionales los esfuerzos serán mayores y quizá hasta vanos, o el camino un camino más largo por recorrer. Por eso debemos contemplarnos a nosotros mismos desde un nivel y perspectivas diferentes, y asumir nuestra verdadera naturaleza que, por descontado, no es animal. Puede haberse obtenido de lo animal, en nuestro origen planetario y en un punto evolutivo genéticamente crucial de una especie primitiva pero, desde luego, la naturaleza y el origen de lo humano no es animal, y no es terrestre. Morfológicamente no hacemos mas que reproducir un modelo universal que debe cumplir ciertos requisitos para tener capacidad de contener, albergar, un cierto tipo de conciencia y permitir que esa conciencia, esa particularidad energética y espiritual, se exprese.

Pero para asumir nuestra verdadera naturaleza tenemos, al menos, que intuirla, sospecharla, sentirla. Al descubrirla, descubriremos también que somos seres que habitamos diferentes dimensionalidades al tiempo que caminamos por este mundo. Dimensionalidades que viven en nosotros y en las que nosotros nos desenvolvemos de manera no consciente, nos constituyen y forman parte de la anatomía que da cobijo a nuestro ser. Dimensionalidades que existen independientemente de que seamos o no conscientes de ellas.

Pero hoy estamos hablando de una realidad compuesta, organizada, matizada y mediatizada por la percepción, la creencia y la propia estructura de la mente humana..., según cómo enfoquemos y diseñemos esa estructura. Y así generar pasillos en la cinética de la vida y de los acontecimientos que nos lleven a donde queremos, o desmontemos la estructura aprendida, heredada y reforzada, además de esencialmente rígida, de la realidad que vivimos, para recrear y reconstruir una diferente y más acorde al contexto dimensional y cósmico en el que vivimos y al que pertenecemos.

En la percepción los mecanismos de percepción son importantes, como importantes son los mecanismos de interpretación de lo que percibimos, porque ambos elementos nos van a llevar a definir un modelo de la estructura de lo acontecido y va así a condicionar nuestras futuras percepciones. Finalmente, el mundo no es como es. El mundo es como somos. Finalmente el mundo puede ser como queremos que sea. Pero tenemos que salirnos del extremo alienamiento de esta sociedad consumista, belicista, competitiva y castrante que te va comiendo terreno lenta pero inexorablemente... al tiempo que te dice que eres más libre.

Lo cierto es que habitamos un pluriuniverso, del que compartimos entre todos unas cuantas habitaciones del hogar cósmico. Pero solo unas cuantas. El resto está aún por descubrir. El resto está, además, muy habitado.