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Mostrando entradas de septiembre, 2013

AMANECERES

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Sobre una piedra, sentado sobre una gran piedra amanecí de mis amaneceres, desperté de mis sueños de dormido caminante que se sueña despierto, y despierto se duerme, y en su sueño se busca, y en su despertar se encuentra.

Sobre una piedra, sentado sobre una gran piedra sentí el beso del rocío sobre mi rostro, y el frío de la desnudez del alma, y el calor que todo lo impregna cuando el amor más sincero te envuelve y te susurra cantos de pajarillos que anuncian su propio despertar y su vuelo al alba, al alba del alba. Y trinos de ruiseñores que ilustran cuentos de madrugada, de grandes aves nocturnas que ven en la noche, porque la oscuridad es para ellas solo un sueño de la mente dormida que se piensa despierta y del niño que somos que creemos no serlo.

Sobre una piedra, me dejé dormir y despertar sobre una gran piedra. El primer y más tenue rayo del sol de la vida acarició mi frente, besó mis párpados, y llegó a lo más profundo de mí susurrando destellos en las puertas del alma. Me dejé …

DE LA PARTE AL TODO Y DEL TODO A LA PARTE

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Mirar al mundo y verlo en ti. Mirarte a ti mismo y ver el mundo. En la activa contemplación que solo busca verse y ver anida la clave de la dualidad trascendida. Entonces lo propio y lo otro se diluyen, y solo queda el sentimiento de unidad y de conciencia en esa unidad.
Cuando digo “aquello” veo el mundo como algo ajeno a mi, que contemplo desde fuera porque en otro lugar estoy para contemplarlo. Y digo “te veo”. Pero cuando me veo en él y en mi lo siento el "aquello" desaparece, porque no estoy fuera de ello ya que ello soy. Y ello es en mi. Y entonces digo “me veo”.
Lo de dentro y lo de fuera no es mas que el juego de espejos que este sueño, de dormidos que se creen despiertos, recrea como una forma de contemplar la realidad y vivirla. Porque existimos en un punto de conjunción entre la realidad de lo creado y la necesidad de lo creado de auto-observarse para tomar conciencia de sí. Y de esa manera regresar a sí mismo: el punto de partida del que nunca salió, aunque partiera…

GRACIAS

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Gracias... Gracias, Dios, hacedor del mundo y las estrellas.
Gracias, amigo eterno, Padre Eterno, que me amparas y me acunas, que alimentas los pasos que doy y calmas mi sed, que adornas la lluvia que cubre mis pensamientos y los alimentas de ideas fugaces y eternas, limpias y transparentes.
Gracias Dios, Padre y Madre, por darme la vida y dármela cada día, durante cada minuto, durante cada segundo, durante cada hálito que respiro y me siento, y te siento, y los siento...
Gracias por dejarme escribir y vivirme en lo que escribo. Y morirme en ello. Y renacer en cada hermano de la Luz que lo lee y se alimenta y bebe de su agua, que es tu agua, que no es mía sino tuya por los siglos de los siglos, y desde el principio que esconde en si mismo el final del tiempo que no acaba pero cumple un ciclo que empieza y continúa, y se vive como la eternidad en nosotros y en cada obra tuya que contemplamos.
Gracias Dios, porque sin ti  soy nada. Y gracias a ti soy todo.  Y en todo cuanto luce bajo el Sol…