Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 27 de septiembre de 2013

AMANECERES






Sobre una piedra, sentado sobre una gran piedra amanecí de mis amaneceres, desperté de mis sueños de dormido caminante que se sueña despierto, y despierto se duerme, y en su sueño se busca, y en su despertar se encuentra.

Sobre una piedra, sentado sobre una gran piedra sentí el beso del rocío sobre mi rostro, y el frío de la desnudez del alma, y el calor que todo lo impregna cuando el amor más sincero te envuelve y te susurra cantos de pajarillos que anuncian su propio despertar y su vuelo al alba, al alba del alba. Y trinos de ruiseñores que ilustran cuentos de madrugada, de grandes aves nocturnas que ven en la noche, porque la oscuridad es para ellas solo un sueño de la mente dormida que se piensa despierta y del niño que somos que creemos no serlo.

Sobre una piedra, me dejé dormir y despertar sobre una gran piedra. El primer y más tenue rayo del sol de la vida acarició mi frente, besó mis párpados, y llegó a lo más profundo de mí susurrando destellos en las puertas del alma. Me dejé acariciar por el primer suspiro de luz y me dije a mí mismo: eso es lo que soy, Luz que suspira y camina.



Sobre una piedra. El asiento del alma, el asiento del cuerpo, un peso para la mente que le impide divagar y moverse...
La Luz... En la Luz vivimos. Danzamos en la Luz de la vida. Caminamos en la Luz..., en mitad de un mundo en el que la sombra cree moverse ágilmente, porque así hemos llegado a creerlo. Pero esta es la casa de la Luz. Habitamos en ella. En ella somos. Somos ella. Pero lo hemos olvidado, adormecido, acunado en el sueño del hombre descalzo que se calza el olvido para evitar el dolor, y evita recorrer sin recorrer el camino que atesora en su corazón..., y lo busca fuera porque se perdió de dentro.

Sobre una piedra, sobre una gran piedra amanecí de mis amaneceres y desperté de mil sueños soñados sin despertar... que es como se sueña. Pero desperté despierto de ilusiones y tramas, de telas de araña que me atraparon, de atardeceres que no se detienen y me conducían a la noche, a la noche más larga y más fría, sin estrellas, sin suspiros del alma. Y me dije: sólo Luz soy.

Corrientes de aire cristalino me envolvieron, frescores que contenían campanillas invisibles, sonoros besos de hadas que volaban a mi alrededor... Y estrellas, estrellas que se apagaban en el cielo, luces de la noche que dormían su primer sueño de mi nuevo día, brillante gema de luz que caía tras la montaña como Venus acariciando mi despertar.

Sobre una piedra. No hay asiento más sutil y más hermoso, más acorde a lo que somos: hijos de la tierra y del cielo. Caminantes de Luz en la noche oscura del olvido.







viernes, 20 de septiembre de 2013

DE LA PARTE AL TODO Y DEL TODO A LA PARTE




Mirar al mundo y verlo en ti. Mirarte a ti mismo y ver el mundo.
En la activa contemplación que solo busca verse y ver anida la clave de la dualidad trascendida. Entonces lo propio y lo otro se diluyen, y solo queda el sentimiento de unidad y de conciencia en esa unidad.

Cuando digo “aquello” veo el mundo como algo ajeno a mi, que contemplo desde fuera porque en otro lugar estoy para contemplarlo. Y digo “te veo”. Pero cuando me veo en él y en mi lo siento el "aquello" desaparece, porque no estoy fuera de ello ya que ello soy. Y ello es en mi. Y entonces digo “me veo”.

Lo de dentro y lo de fuera no es mas que el juego de espejos que este sueño, de dormidos que se creen despiertos, recrea como una forma de contemplar la realidad y vivirla. Porque existimos en un punto de conjunción entre la realidad de lo creado y la necesidad de lo creado de auto-observarse para tomar conciencia de sí. Y de esa manera regresar a sí mismo: el punto de partida del que nunca salió, aunque partiera.

Trascender las fronteras del sueño dual, y por lo tanto de la realidad fraccionada, es recomponer la realidad que vivimos y aproximarnos a la idea de la parte que contiene al todo y del todo que contiene a la parte. Y eso solo puede ser así porque no hay partes en el todo, solo reina la unidad.

La parte se recrea en cada singularidad y en cada singularidad se define como una porción aparentemente independiente que, a la vez, contiene a la totalidad, ciertamente integrante. Así que cuando miras te miras.

La parte existe porque cree existir en un sueño que se sueña a sí mismo, y cree estar despierta. Y se dice a sí misma: “estoy dormida”, “sueño mi vida”, “camino al despertar”. O sencillamente, se siente absolutamente real y no se cuestiona nada de esto. Pero más allá de las palabras todo camino está hecho, toda senda ya fue caminada, todo movimiento se hace sin moverse y toda vida se hace viviéndonos.


Dentro y fuera es lo mismo. Lo pequeño y lo grande son lo mismo. La parte y el todo son lo mismo. Y cada fracción es un sueño de soledad y separación que se disipará con la máxima expresión de la unidad: el Amor. Que es, ni más ni menos, lo que somos. Pura expresión de Amor.











viernes, 13 de septiembre de 2013

GRACIAS

Gracias... Gracias, Dios, hacedor del mundo y las estrellas.
Gracias, amigo eterno, Padre Eterno, que me amparas y me acunas, que alimentas los pasos que doy y calmas mi sed, que adornas la lluvia que cubre mis pensamientos y los alimentas de ideas fugaces y eternas, limpias y transparentes.

Gracias Dios, Padre y Madre, por darme la vida y dármela cada día, durante cada minuto, durante cada segundo, durante cada hálito que respiro y me siento, y te siento, y los siento...

Gracias por dejarme escribir y vivirme en lo que escribo. Y morirme en ello. Y renacer en cada hermano de la Luz que lo lee y se alimenta y bebe de su agua, que es tu agua, que no es mía sino tuya por los siglos de los siglos, y desde el principio que esconde en si mismo el final del tiempo que no acaba pero cumple un ciclo que empieza y continúa, y se vive como la eternidad en nosotros y en cada obra tuya que contemplamos.

Gracias Dios, porque sin ti  soy nada. Y gracias a ti soy todo.  Y en todo cuanto luce bajo el Sol y bajo el Sol se baña y se siente y se vive en tu luz, y en la clamorosa energía viviente de tu amor, que es el amor, nuestro amor, la causa que nos genera y el fin que nos justifica, yo soy en ti siendo yo.

Gracias. Gracias hacedor del mundo y las estrellas, del espacio, de cada espacio  y cada tiempo, de cada sonrisa y de cada lágrima, de cada murmullo de la voz del amor en cada uno de nosotros. Gracias por adornar mi vida de luces y sombras que no comprendo, pero que acepto sin aceptar en mi ignorancia porque tú sabrás el propósito que sirvo y al que sirven dejándome crecer para que crezca en ti lo que soy siendo en mi.

Gracias Dios, hacedor del mundo y las estrellas, del espacio, de cada espacio y cada tiempo, de cada sonrisa y de cada lágrima, de cada murmullo del amor, de cada ola y cada cielo, de la ternura, de la piel suave que se deja acariciar por el alma que por ella siente, Padre y Madre de la eternidad hecha carne, hecha huesos, hecha sangre y hecha luz. Gracias.