Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

jueves, 9 de junio de 2016

COMO ROBLES




Hasta el roble más fuerte arde.

Hasta la rama más firme se doblega. Y la ceiba que aspira a ganar el cielo hunde sus raíces en el suelo, y palpa el barro para acariciar las nubes.

Hasta la roca más dura se convierte en arena por el embate de las olas. Y el aire más sutil se torna vendaval cuando el viento arrecia.

Entre el cielo y la tierra.
Entre la luz más divina y el resplandor más cercano.
Entre la sangre y el alma.
Entre el fuego y la helada.
Entre la cuchilla y la palma de la mano.
Entre el llanto y la partida.
Entre la risa y el retorno.

Erguidos como árboles caminantes que unen dos mundos, así vivimos. Así cantamos nuestro llanto y reímos nuestro dolor. Así lloramos nuestra risa y enrojecemos ante la palidez del fin último.

Temblorosos, temerosos, gallardos, abatidos, victoriosos, renovados, perdidos y encontrados. Así vivimos. Como robles que saben soportar el peso del aire y de la vida, sujetar la tierra y besar las estrellas, amando la vida y dejándose amar. Humanos.





viernes, 3 de junio de 2016

TAUROMAGIA

Fotografía de ABC.es


Me senté con él a la mesa. Se había erguido como un hombre y como un hombre me hablaba. Sus modales y su sensibilidad delataban humanidad…, la que nos falta a los humanos y la que se supone no tienen los toros.

Se llamaba Cenizo, era negro como el carbón y su mirada encerraba la nobleza de lo previsible. Ningún daño podía esperarse de él. Al contrario, su necesidad por entender clamaba compasión hacia mí, representante de lo humano que era… sin pretenderlo ni quererlo.

Al poco me preguntó: "¿Por qué?. ¿Por qué lo hacéis?. ¿Por qué mi gente, de casta brava y porte regio, ha de ser torturada hasta la muerte?."

Si hubiera sabido qué contestarle habría sido todo más fácil. ¿Cómo definir lo sinsentido?. ¿Cómo justificar el escarnio, el sufrimiento infligido… por divertimento, por afición…?. ¿Dónde encontrar el sentido de algo que dicen es arte?. ¿Desde cuándo es arte la tortura, la sangre y el dolor?.

Se sentó conmigo a la mesa, y la silla crujía. Pero más crujía el aire, se quebraba, se rompía… y el toro lloraba. Cenizo lloraba su destino… y casi el nuestro.

Algo va mal en el ser humano cuando el vandalismo más cruento se justifica, cuando se llama arte a la sangre derramada, al dolor vendido en ventanilla, y se llama fiesta… taurina. Que le pregunten al toro, a ver qué opina.

Se llamaba Cenizo. Su mirada escondía dos penas, la suya y la mía.