Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

jueves, 25 de noviembre de 2010

ÁRBOL CÓSMICO (NUESTROS AMIGOS LOS ÁRBOLES)



Existen viejos y antiguos espíritus en la naturaleza que contemplan, quizá asombrados, cómo caminamos por este mundo dirigiendo nuestra mirada tan sólo al suelo que pisamos. Nuestros amigos espirituales, los árboles, hunden sus raíces en la tierra, pero sus brazos penetran las alturas, alimentándose del corazón planetario y sus corrientes, y de los hilos de luz de las estrellas. Nosotros podemos hacer lo mismo, pero hemos elegido sostenernos en este mundo solo por los pies, como si solo estuviéramos hecho de piedras y tierra. Sin embargo, estamos hechos de aire y viento, de luz y de hojas  mecidas por el tiempo.
Nuestros amigos los árboles nos recuerdan todo esto.

O ellos son árboles humanos o nosotros somos humanos árboles. No sé exactamente dónde está la diferencia. En el lenguaje propio de la naturaleza los árboles nos hablan de una peculiar manera. Son aliados del viento y de la lluvia, amigos de los pájaros, y sostienen el cielo y la tierra. Viven entre dos mundos, como nosotros. Les gusta vivir en la compañía de otros, como nosotros.

No hay mucha diferencia entre los árboles y los humanos. Cuando miramos a un árbol, y percibimos en él el espíritu del tiempo y la raíz de la vida, quizá contemplamos un árbol humanizado. En ese momento, cuando el árbol también nos siente, quizá cree percibir a un humano “arbolizado”. Y es que, en realidad, somos lo mismo. Energética y espiritualmente hablando, quizá los árboles sean los seres más parecidos a nosotros, los más próximos. Ellos también se mueven por este mundo, solo que ayudados por el viento.

Energéticamente somos como árboles. También sembrados desde las estrellas, y animados por el espíritu del viento, la energía discurre por nosotros siguiendo caminos que conectan el cielo con la tierra, dejándonos en medio un espacio energético en el que nos convertimos en lo que somos. Nuestros brazos, las ramas, no son mas que raíces que se hunden en el cielo y desde el cielo se alimentan, y nutren a lo que somos, a lo que el árbol es.

Espíritus antiguos habitan en muchos de nuestros amigos de madera. Guardan grandes secretos, secretos vinculados a nuestro origen, y al secreto de la vida, a cómo se gesta la conciencia en un ser que vive imbricado en un ser planetario y completo. Muchos de esos viejos árboles son grandes y antiguos espíritus de la naturaleza que en un tiempo fueron venerados por pueblos antiguos y sabios. A su alrededor se contaron historias, mujeres dieron a luz, y se hicieron importantes ritos de sanación. El espíritu del árbol era el Espíritu, y todo cuanto acontecía en el mundo acontecía entorno a él. Si un círculo de piedra lo rodeaba, además era un modelo del propio universo de los hombres, y todo estaba incluido ahí. Y aunque el viento sea un fiel aliado que le trae historias de tierras lejanas, por debajo del suelo en el que hunde sus raíces tiende hilos de luz, raíces de luz, que se abrazan con otros árboles también de tierras lejanas. Y en el cielo encuentran un alimento esencial. Porque es en el cielo donde tienen realmente sus raíces, y de donde obtienen el alimento que los convierte en poderosos espíritus de la naturaleza.

Un viejo espíritu de este tipo no se gesta en el árbol. El árbol lo cobija, le presta su cuerpo para que se manifieste y tenga un lugar desde el que contemplar el mundo.
Pueden ser espíritus ancianos, muy antiguos, que se gestaron en los primeros instantes de vida de este mundo. Muchos de ellos pertenecen a las estrellas, llegaron con la creación del mundo, cuando el planeta fue sembrado de vida. Tienen su origen en una estrella que conocemos bajo el nombre de Sirio, y su misión no fue otra que permitir el asentamiento de esporas de vida, de masa forestal, de creación de una trama energética a un cierto nivel y sostenible, y de conciencia planetaria. Ahora estamos en débito con ellos, pues llegaron antes que nosotros y nos prepararon el camino.
Si afinas un poco tu visión, y miras con el corazón, no te resultará difícil distinguir a uno de estos antiguos y sabios amigos en mitad de la espesura del bosque.


viernes, 19 de noviembre de 2010

REFLEXIONES EN LA NOCHE




Suspiró el viento en mi oído, me trajo un susurro de secretos arrancados a durmientes que ignoran el vuelo nocturno de los pensamientos. Un nombre impronunciable ancló en mi conciencia, estremeciéndome y adueñándose de mí.

En mi soledad las estrellas escribían mi nombre con luces de colores, con destellos semejantes al de ojos que te miran frente a frente buscándote en lo más profundo. Al mirarlas me miraban, y mi noche interior se convirtió en mi cobijo interior, en el atanor donde el ser de seres es cuanto es, donde me busco y me encuentro, donde existo desde siempre y para siempre.

Sabía que una respuesta certera habría de llegar desde el corazón más lejano hasta el mío propio, un corazón igual, como es el corazón de mis iguales, sangre y luz fluyendo por mis venas. Atravesó los mares y las montañas, y se hizo uno con el mío. La comunicación se hizo trascendiendo las distancias, porque no existe distancia.

No es la tristeza la compañera de mis noches cuando le robo horas al sueño, ni es el alma de los insomnes, de los que robamos horas al descanso. Lo que ocurre es que cuando el sol se duerme las almas y las ideas se propagan, y yo estoy presto a asirlas. La tristeza es el país donde anida la desesperanza.
Aléjate de mí. No cubras mi alma con tu sombra. No batas el aire a mi alrededor. Pasa de largo y sumérgete en los hielos del olvido. Aléjate de todo hombre, y del hogar de carne y hueso que ahora habito. Porque espero los susurros nocturnos, aquellos que llegan batiendo alas de pensamientos prestados y se dejan escribir. Entonces, la extrema claridad que inunda mis pensamientos me arrastra en un goce literario sin igual. Al escribir disfruto. Al sentir lo que escribo disfruto. Al comprobar la extrema naturaleza luminosa de lo que escribo disfruto, y siento la sonrisa de flores de palabras que se abren al mundo. Al escribir despliego mis alas y libero al águila, levanto el vuelo, el horizonte se amplía, y rozo las estrellas.

En mi mirada al mundo no dejo de mirarme en el mundo, de oírme en el latido de los corazones, de verme en los ojos ajenos con los que miro.
He nacido para tejer pensamientos llegados desde estrellas lejanas, para tejer conciencias que buscan ser una sola, para encender vidas y prestar palabras a mis dedos, para hacer preguntas y buscar respuestas. Y en mi soledad compartida sueño con Despertar.

Sin que tú lo sepas hacemos el mismo camino, caminamos la misma vida, vestimos de preguntas las mismas incertidumbres.
Sin que tú lo sepas buscamos lo mismo, y lo mismo somos, lo mismo amamos y lo mismo tememos. Y lo que tememos no es otra cosa que desaparecer en el olvido de lo creado, partir de estas tierras sin tiempo sin haber cumplido el objetivo marcado (que no es otro que convertir este mundo en un jardín donde florezca la vida y la conciencia).

Lo que me diferencia a mí mismo de ti mismo es una cuestión de conciencia y de energía. Aunque tú y yo seamos uno en un nivel superior de esa conciencia y de esa energía, a otro nivel es esto lo que nos diferencia. En la diferencia está la distancia entre nosotros, pero si trasciendes la diferencia te unes a nosotros. ¿Cómo puedes pensar que somos diferentes?. No somos diferentes, pero nos expresamos de manera diferente según el nivel, la conciencia y la energía.
Mira a tu alrededor, todo cuanto ves es uno contigo, aun cuando no seas consciente de ello. Únete a mí. Extiende tu mano. Siénteme. Siéntete. Víveme. No pienses que tú eres tú y que yo soy yo. No cultives la diferencia, sino la simplicidad aplastante de la singular unicidad de todo cuanto existe. No temas perder tu identidad, teme no encontrar tu identidad. Da el primer paso y yo lo daré contigo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

ALMAS GEMELAS


En los caminos sin tiempo, cuando las almas se cruzan, hilos de luz tejen abrazos resplandecientes, reconocimientos, amistades, encuentros a veces entre espíritus que compartieron un mismo origen, un mismo hálito, una misma esfera de luz en la misma conciencia de ser primigenia.
Las almas gemelas se llaman así porque fueron gestadas en el mismo atanor, no es que sean iguales es que son la misma, pero diferenciadas por la conciencia de ser individualizada de cada una de ellas; digamos que son idénticas diferentes. En el origen fueron una, pero en la diversidad bipolar de este universo-tiempo se desgajaron, asumiendo la diferencia y la similitud de las partes contradictorias y complementarias.

En un tao de la energía más primigenia ambas giran en torno a un centro común: el centro de conciencia ancestral y primordial, el punto de luz en la esfera de conciencia de luz, ubicado en la estrella madre primigenia..., aunque pueda resultar difícil de asimilar. Las almas gemelas pueden no encontrarse, pero antes o después tomarán contacto en la vida física aún sin conciencia de ello. Pero si se encuentran se potenciarán la una a la otra. Y, si hay conciencia de ello, la conciencia se expresará de manera generosa. Pero el reconocimiento ha de hacerse en un nivel lógicamente no intelectual.

La esencia madre, es decir, la raíz primordial a la que se encuentra conectado nuestro punto de luz primordial, y a la que también conocemos como la fuente, fue quien dio origen a la esfera única que después daría lugar a las almas gemelas.
En su fluir la energía y la conciencia se expresan de muy diferentes maneras. En la polaridad hombre y mujer, por ejemplo, de una manera determinada. Pero en la polaridad esencial, en la que las almas gemelas se diferencian tan solo por su energía, la expresión viene dada de manera diferente.
En el encuentro amoroso entre almas gemelas con soporte en la realidad física, a niveles no perceptibles las esencias tienden a fundirse la una con la otra, buscando la anulación de toda individualidad y el retorno momentáneo a la unidad primigenia. Pero la unidad primigenia solo puede darse tras la desaparición de la conciencia de ser individual de cada alma.

A veces las almas gemelas están situadas equidistantes de un punto central imaginario, de tal manera que todo camino en la vida las mantiene alejadas entre sí como si fueran puntos opuestos en la periferia de una esfera también  imaginaria, separadas por un núcleo o centro igualmente imaginario.
Otras veces las almas siguen caminos opuestos, pero se encuentran en el punto de máximo alejamiento entre ambas. En ocasiones los caminos son diferentes, pero los pasos son muy parecidos. Antes o después se encuentran.
Y, cuando el camino y los pasos son el mismo, el encuentro transforma la conciencia, y la unión se consagra en el mundo de los hombres y en el mundo del espíritu, porque genera el acople de otros cuerpos energéticos, de otras conciencias e individualidades, de otros seres en otros niveles.
Individualmente, el acople de los cuerpos energéticos y el sometimiento de estos a la conciencia despierta, genera la alineación de esta conciencia con estos seres en otros niveles, y el intercambio de energía y de conciencia. Y el trasvase de energía y conciencia entre niveles se hace efectivo.

Energéticamente, como individuos, somos esferas. Como individualidades espirituales somos núcleos de luz, soles.
Energéticamente, como almas gemelas que se integran, somos esferas de luz que contienen la potencialidad de generar individuos autoconscientes en un nivel de nuestro universo-tiempo.
Exponencialmente nos expresamos en otras realidades con conciencias e individualidades diferentes, pero expresadas en nosotros como nosotros en ellas de manera no consciente en este nivel de conciencia. Aunque sería más correcto entender y asumir que somos nosotros los que estamos casi al final de esa estructura de conciencia, no podemos evitar mirar hacia arriba y creer que miramos hacia abajo.

En definitiva, la recreación de una esencia de contenido bipolar para este universo-tiempo deviene de la necesidad de integrar, bajo una forma creativa energéticamente sostenible, la presencia de una entidad espiritual, a la que contemplamos desde nuestro nivel de conciencia como si fuera consecuencia de nuestra propia exploración del universo personal, aún cuando la realidad es bien diferente. Es decir, y por lo tanto, la necesidad inicial de manifestarse en este universo genera dos elementos que pertenecen a un mismo núcleo de conciencia, desarrollando experiencias diferenciadas y autoaisladas en individuos energética y humanamente diferentes.

lunes, 8 de noviembre de 2010

LA NATURALEZA ES ARTE



Perdidos entre castaños, pisando un suelo alfombrado por hojas rojas que acarician la vista, se hace imposible no valorar el inestimable regalo que supone para el hombre que sigan existiendo parajes en los que la naturaleza no tiene miedo a expresarse. Si alguna vez se nos puso en el mundo, como especie, con alguna misión, esta no debió ser otra que la de cuidadores de un mundo rebosante de vida y de color, trabajo este que a muy duras penas y con poco éxito hemos realizado. 

En la naturaleza la vida se recrea a sí misma, se reinventa sin complejos, y se explaya en formas y colores. En la naturaleza la vida es arte en toda su magnitud, una forma de expresión creativa en la que el Gran Espíritu que a todo da vida se expresa, y que nos incluye. En la naturaleza formamos parte de la obra, no somos creadores, sino parte de ella con la cualidad también de ser observadores implicados. Por eso nos conmueve una puesta de Sol o la visión de un bosque de castaños que exuda otoño por cada hoja y por cada rama. Porque todo eso está en nosotros. Porque estamos en todo eso. Y, porque ese sentimiento se enciende en mí, te lo cuento, a sabiendas que lo entenderás perfectamente, y que sientes lo mismo que yo.
Soy uno con las hojas del castaño. Eres uno con las hojas del castaño. Y doy gracias a la vida porque me prestó sus ojos para contemplarla y saborear su luz, y me prestó la oportunidad de estar en la serranía de Ojén y retener este instante con mi cámara.

No somos humanos, sino árboles caminantes que hunden sus raices en la Tierra y elevan sus ramas brazos en las profundidades del cielo, donde las estrellas son alimento y origen del espíritu.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SOMOS HIJOS DE LA VIDA


Somos hijos de la vida. Es la vida la que nos trae al mundo. Es la vida la que nos sostiene en él. Y es la vida la que segará nuestros pasos sobre su faz.

No somos hijos de nuestros padres. No somos hijos de nuestro tiempo. No somos hijos de un mundo moderno y civilizado. Somos hijos de la vida.

Y porque somos hijos de la vida, toda luz y toda sombra del mundo no es mas que nuestra luz y nuestra sombra. Y porque somos hijos de la vida todo canto o todo llanto nos pertenece. Por eso no podemos permanecer ajenos a todo cuanto acontece. Por eso nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, y antes de nosotros todos cuantos adornaron sus pasos con el latido de su propio corazón sobre esta tierra... Por eso, nuestros hijos no son nuestros y nuestra misión con ellos nos es otra que enseñarles a caminar.

Somos hijos de la vida.
Cuando mi hijo me dice “padre”, no me dice “dueño y señor de mí”. Cuando me dice “padre” me dice “ancestro”, antepasado que prestó un trozo de su alma para que constituyera la suya. Cuando le digo “hijo” no le digo “propio”, sino regalo temporal de la vida para que le enseñe a caminar en la dirección del conocimiento y de la Luz, y vea en él lo que no vi en mí.

Hace tiempo que pensé: “Mis hijos no me pertenecen, son préstamos de la vida para que los enseñe a caminar por este mundo. Tienen su tiempo y su destino y, por mucho que los abrace, no podré contenerlos”. También entendí que, al enseñarlos a caminar, debía enseñarlos a descubrir su propio camino. Y que, para ello, preciso un grado de lucidez, es decir, de Luz en mi mente para reconocer primordialmente que mi camino no es su camino, que tienen el suyo. Y que, por más que lo intente, no puedo gozar con ellos pero sufrir por ellos, vencer con ellos pero perder por ellos, crecer con ellos, levantarme con ellos pero caerme por ellos... Solo puedo estar a su lado como un custodio incluso de pasos aún no dados. Solo puedo vivir la parte de sus vidas en las que estoy incluido, pero no puedo sustituir sus individualidades por la mía, ni sobreprotegerlos al punto de robarles la necesaria experiencia, a tantos niveles, que les convertirá en caminantes de carne y hueso y, ojalá que también, en hacedores de caminos de Luz.

Somos hijos de la vida. Es la vida la que nos trae al mundo. Es la vida la que nos sostiene en él y define nuestros pasos. Y es la vida la que pondrá fin a estos una vez el camino esté hecho.

martes, 2 de noviembre de 2010

OTOÑO EN SHAMBALA

 
 
Un álamo se viste con lágrimas doradas antes de adormecer su canto con la llegada del invierno. El hermano viento retirará su voz de entre sus ramas, y dejará tan sólo un susurro incierto. Ahora su dorada faz nos habla del  transcurso del tiempo, y del río de la vida que da alimento a sus raíces.  
 
Piedras, tierra, aire, agua, cielo..., y la mirada humana, que se acerca sigilosa aprendiendo el lenguaje de los pájaros para sentirse una con cada uno de todos. Somos lo mismo, pero nos contemplamos desde otro.