Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
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MÚSICA

viernes, 4 de julio de 2014

MADRE TIERRA





Qué debo hacer si al caminar en la luz, buscándola, sintiéndola, palpándola…, me duelen las grietas de la tierra y el llanto de los cielos, heridas de la vida que remueven por dentro y por dentro susurran palabras de dolor de la Madre Tierra.
Madre Tierra, déjame cerrar tus heridas, sanar tu cuerpo y besar tu alma, subir tus montañas y amar la vida desde tus cumbres, rozar tu piel de fina arena acariciándola con mis manos, pues tu me diste la vida. 
Madre Gaia, deja que el viento que mece tus cabellos, de árboles y frondosas forestas, bese mi rostro y vuelva mi mirada pura y cristalina y mis ojos sean tus ojos y el amor que me profesas amor mío hacia ti. Háblame en el viento y en el quejido de las olas. Deja que el lobo cante los mil nombres con los que adornas tu alma desde que eres lo que eres y te sueñas en los espacios infinitos.
Madre Tierra, déjame sentirte como te siento: amor contenido en vida que palpita en cada piedra y en cada flor, en el agua y en las nubes…, en todo cuanto mi vista abarca.
Madre Gaia, de la vida y de la senda, del color y del amor, de la más grande hermosura expresada en valles y montañas, en ríos y lagunas, en hielos caminantes… Gracias te doy por darme todo cuando me das. Y siendo tu dejarme verte como si otro fuera, para amarte desde dentro y desde afuera. 
Madre Tierra, en mi te dueles ante el silencio baldío de un hombre dormido que dueño cree ser de tus horizontes y que sobre cada horizonte camina descalzo, hiriendo sus pies por ti sin saberlo. Porque se hiere a sí mismo cuando te hiere. Y no valora el tesoro que se esconde bajo las nubes y que expresas con tanta riqueza y hermosura.
Madre Gaia, Madre Tierra, cuando oigo mi llanto más pesado, el más denso, el que me enfrenta a mis heridas, a las nunca cerradas, las que claman equilibrio y desandar lo andado. Cuando lo oigo desde la proximidad más intensa… y siento tu latido en mi pecho, tu llanto en mi canto, el canto de tu lamento en los mares y el crujido llameante del calor más intenso en tus bosques, me pregunto: ¿Qué será de mi si tu me faltas?. ¿Qué será de ti si no abro los ojos y comprendo?. ¿Cuándo dejaré de lastimarte y honraré la vida que me has prestado?.