Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
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MÚSICA

domingo, 19 de julio de 2015

TÍBET (MÁS CERCA DEL CIELO)



Regreso a tierras lejanas que tocan el cielo con aristas como dedos de caliza y nieve que acarician nubes y sueños. Brotan de la tierra, de la madre del mundo, y sueñan con el cielo. Atanores de pensamientos y de luces bañadas por lagos esmeralda.

Tierra santa. Santa tierra que custodia misterios. Más cerca del cielo, de lo divino y de lo humano. Ligereza del aire que respirar se deja y soñar se siente. Y temblar tiembla porque dragón despierto no es lo mismo que dragón inquieto.

País de las nieves, hogar de lo dioses. Soles en gompas. Maitreyas del mundo que habrá de venir. Rezos y ceremonias. Hombres santos que santifican la tierra que pisan. Tierra santa que santifica a los hombres.

Glaciares, lenguas de hielo que no hablan porque silentes hacen el camino y crujen en silencio. Y en silencio caminan. Y dormidas despiertan porque despertar no es un sueño, ni un sueño dentro de un sueño, sino un lecho de despertares.

Brillan soles en estepas coronadas de cumbres. Rezos que ponen voz a lo que no habla. Hablares de pensamientos tejidos sin tejerse porque brotan no de la bruma, sino de la claridad más transparente.

Cristales que no lo son brillan y palpitan, despiertan no adormecen. Madre tierra despertada y acariciada por su luz, por su santa presencia. Y nosotros, despertadores. Oyentes del silencio más clamoroso que habla del tejido de la luz y de Cielo que desciende a la Tierra. Escalera desde  el Cielo. La Paz en esferas. Círculo de luz y tres semillas.Tierra Madre. Madre Tierra que el vuelo levanta.



                                                      (Con motivo de nuestro inmediato regreso a Tíbet)















jueves, 2 de julio de 2015

MIEDO



Lo destierro y expulso del momento presente y cotidiano, del momento futuro y de todo cuanto amo.
Tenaza y amarra que sujeta libertades de la mente y del alma, libertades.
Enemigo huidizo que quedarse quiere para siempre y que siempre deploramos.
Miedo. Cadena de cadenas.

Miedo a perder, a ganar, a subir, a bajar, a ser y dejar de ser, a tener y no tener, a morir o perecer, a servir o ser servido…

Miedo es lo que nos aleja de nosotros mismos, de la eternidad contenida en un segundo y de lo que contiene el mayor de los disfrutes al andar por el mundo vestidos de carne y huesos: ver el sol levantarse y perderse por el horizonte.
Así de fácil y sencillo. Y entre medias: llorar y reír, reír y llorar, hablar y cantar, decir poesía y escribirla…, traer hijos al mundo y enseñarlos a volar. Verlos volar y hacer su vuelo propio no tu propio vuelo. Acunar sueños y acariciar amapolas en primavera. Vivir como atardeceres que contemplan amaneceres, albas vestidas de aurora que florecen a mediodía y se dejan besar por la luna llena.

Y así,  soñar viviendo, volar andando, volar en sueños, vivir despiertos. Pero volar. Alzar el vuelo y ver el mundo terrenal como es, sin miedo: un río de luces y sombras. Un río. Y nosotros, finita infinitud, estelares de roca.