Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 24 de septiembre de 2010

MEMORIA PRIMIGENIA


De “lo que somos realmente” a “lo que creemos ser” existe un abismo. Cuando digo “soy Miguel Ángel”, lo que hago es poner límite a mi auténtica realidad. Pero si digo “soy”, hay tanta fuerza y tanto sentido en esa palabra, en esa divina afirmación, que automáticamente mi nivel de conciencia, aunque sea de manera ínfima, varía. Pero de “lo que somos” a  “lo que creemos ser”, el abismo al que me refiero no es otro que la memoria. Tenemos un problema de memoria trascendente.
El velo del olvido nos cubrió en este ciclo de vida y dejamos atrás todo nuestro bagaje y experiencia, los múltiples nombres que hemos tenido, las vidas que hemos vivido pero sobre todo, y a ello me refiero especialmente en este trabajo, “lo que en verdad somos” con toda la conciencia y todo el conocimiento. Y básicamente somos esto: conciencia y conocimiento. Pero lo hemos olvidado.

Me considero un guerrero que sobre todo ha luchado consigo mismo porque, incluso enfrentándome a las sombras de los demás, me he visto obligado a luchar contra mis propias sombras para no sucumbir a mis oscuridades y perderme en la noche sin tiempo, en mi propia noche. Mi barba se ha vuelto prácticamente blanca en los últimos años y a un ritmo acelerado, pienso yo que señala más que mi tránsito por el tiempo las heridas de guerra que la vida me ha infligido. Una vida que sigo viendo hermosa y llena de oportunidades para aprender, crecer y desarrollarme como un ser íntegro. Un objetivo olvidado este y que tenemos que recuperar porque es la forma, además, de recobrar la memoria.

La lejanía que sentimos de la Luz no es otra cosa que ausencia de recuerdo, un problema de memoria causado por la especial naturaleza de la materia y lo que ella implica, derivado de lo que supone asumir sus condicionamientos para que esta se exprese a un nivel de la realidad y de nosotros mismos. Quizá este obligado y prolongado olvido no estaba previsto, pero las cosas son como son y, si bien quizá así sean más difíciles, no es ahora momento de lamentarse sino de trabajar. Y así declaro que somos seres autoconscientes y de Luz, que tienen que recobrar la memoria primigenia.
Todo conocimiento, toda pregunta y toda respuesta, toda Luz está en ti, forman parte de ti. Solo tienes que recordar lo que eres, lo que tienes, lo que puedes, de dónde vienes, qué haces aquí, y hacia dónde te diriges. Por eso toda búsqueda en el externo ha de llevarte finalmente a una búsqueda en el interno que es, ni más ni menos, donde todo se encuentra y donde todo tu todo se encuentra con el Todo.
No pierdas el tiempo buscando fuera lo que está dentro de ti. Puedes aprender técnicas, procedimientos más o menos protocolizados que están ideados para controlar la mente o el cuerpo, y adiestrarte a obtener estados de la conciencia, pero no olvides que solo son una herramienta. No pueden constituir un fin en sí mismos. Solo son un instrumento para aproximarte de manera ordenada, y quizá más certera, a ti. No pierdas la perspectiva. No confundas el fondo con la forma. La técnica está fuera. Pero el objetivo de la técnica siempre ha de estar dentro. De nada sirve, por demás, controlar la mente o el cuerpo si no piensas sanamente, si no sientes sanamente.

Vivir aquí, en este mundo donde lo sutil se hace denso, conlleva el olvido. Quizá el contenedor de la forma energética que nos conecta con “lo que en verdad somos” es un receptáculo que no permite una sincronización adecuada entre ambos, y no podemos así gozar de todas las posibilidades de ese vehículo energético, descartando entre otras opciones la memoria trascendente. Del mismo modo, cuando el receptáculo reúne otras cualidades de lo físico este se adapta a dichas opciones, y entonces el anclaje físico muestra particularidades para nosotros sorprendentes. A estos seres yo los llamo “radiantes”, tienen la particularidad de vulnerar el transcurso del tiempo, de adecuarse a una forma física de manera aleatoria, y conviven insertos en la sociedad. Forman parte de una estructura de conciencia dirigida a sostener el equilibrio, a servir de freno y control a elementos que interfieren en el mundo para desestabilizarlo. No nacen entre nosotros, pero conviven selectivamente entre nosotros. Y, por otra parte, y para nosotros, cuando la ampliación y el afianzamiento de la conciencia se acrecientan (alcanzado un nivel pocas veces expresado en los humanos), el contenedor físico (el cuerpo) modifica sus cualidades, adquiriendo otras que podríamos calificar como extraordinarias, capaces por demás de interferir con el entorno en la misma manera. Lo que ocurre en este caso es que, al nivel más íntimo de la estructura de la materia, esta se ha doblegado, modificando sus cualidades para asumir la corporeidad energética de una conciencia superior que necesita un ámbito también superior para imbricarse y manifestarse.

Debes tomar conciencia de esto: tienes que recordar, porque has sido vestido con un traje de materia que te ha hecho olvidar. Eres un amnésico existencial. Tienes que buscar en ti mismo el rincón donde se guardan los más primigenios y grandes secretos de tu viaje cósmico, y el misterio de tu verdadera y trascendente identidad. Tienes una naturaleza y una identidad trascendentes que superan ampliamente lo que ahora eres, y la conciencia que tienes de ti, y tus posibilidades como ser consciente de sí. Ahora eres un sonámbulo amnésico. Caminamos por este mundo adormecidos, con los ojos del espíritu cerrados,  y creyendo que estamos despiertos y conscientes, con absoluto control de lo que nos sucede. Pero la realidad es otra. ¿O acaso no lo recuerdas?.

jueves, 16 de septiembre de 2010

LA LOMBRIZ, LA LUCIÉRNAGA, EL GORRIÓN Y LAS ESTRELLAS


Una lombriz se arrastraba sobre la arena. A duras penas levantaba ligeramente la cabeza y miraba a las estrellas
Había decidido salir a pasear de noche porque en la noche no vuelan los gorriones, y a estos los temía especialmente.
La primera vez que lo hizo tenía miedo a la oscuridad. Y por miedo se alió con su amiga la luciérnaga, para que alumbrara su torpe arrastrar por el mundo.
En el inicio de esta relación ambas hablaban profusamente de todo aquello que les preocupaba en el día a día, de todo aquello que les ayudaba a mantenerse vivas y no morir en el intento de sostenerse un día más sobre el mundo.
Cuando agotaron todas sus preocupaciones se dedicaron sencillamente a acompañarse.
Ambas eran muy diferentes. Sin embargo, sus preocupaciones eran comunes.

A pesar de lo espectacular del brillo de la luciérnaga y de que esta era capaz de volar, a pesar de ello, nunca había mirado con atención a las estrellas. Estas, en su lento caminar por el cielo, hicieron creer a la luciérnaga que eran otras luciérnagas que, noche tras noche, recorrían los cielos agrupadas y unidas por una férrea amistad.

La lombriz, en cambio, acostumbrada a la oscuridad del subsuelo, se sentía atraída por lo que creía eran las salidas de miles de túneles habitados quizá por otras lombrices similares a ella.

El gorrión, en cambio, habituado a refugiarse en su nido, veía en las estrellas los ojos de una descomunal bandada de rapaces nocturnas.

En nuestra soberbia pequeñez los seres humanos venimos mirando a las estrellas, aunque sea una frase hecha, desde la noche de los tiempos. Y en cada tiempo hemos creído comprenderlas, conocerlas. Hemos estado tan cerca y tan lejos de ellas como la lombriz, la luciérnaga o el gorrión. Y ahora no solo las conocemos, sino que sabemos cómo nacen, cómo viven, y cómo mueren las estrellas. Pero yo me atrevería a decir que, a pesar de ello, seguimos dirigiendo una mirada que no nos permite conocerlas plenamente, saber qué son realmente, cuál es su función en el universo, qué tienen que ver con aquello que llamamos Dios, o qué papel juegan en la gestación de formas de vida energéticas y espirituales.

Creemos comprender el universo en su inicio y desarrollo, y aventuramos a decir que hace 15000 millones de años toda la materia y todo la energía estaban contenidas en un punto. Decir esto roza la filosofía o la fantasía. A pesar de que se trate de un planteamiento de la ciencia, parece el resultado de la mirada de la lombriz. ¿Pero quién puede decir que no haya sido así?.
En cualquier caso, difícilmente la mente humana pueda imaginar procesos en el tiempo que superen la vida media de una persona, salvo que los relacione con acontecimientos históricos que le sirvan de referencia para, de manera ordenada, seguir secuencias negativas en el tiempo. Y aún así, el concepto, la idea de un tiempo prolongado más allá de esa vida media, se nos escapa. Así que hablar de 15.000 millones de años es como hablar de 25.000 millones de años o de 150.000 millones de años.

Somos tan pequeños e insignificantes con respecto a estos tiempos que no significamos nada insertados en su contexto, lo que no evita que afirmemos categóricamente, por ejemplo, que la vida es una singularidad exclusiva de la Tierra y por demás irrepetible. Así que hablar de toda la materia y toda la energía contenidas en un punto es un concepto prácticamente metafísico que nos obliga a valorar la idea global de lo que significa toda la materia y toda la energía del universo, como si la lombriz, la luciérnaga o el gorrión pudieran contener o hacerse una idea de lo que implica, por ejemplo, la totalidad del mundo con todo lo que comporta. ¿Pero podemos hacernos una idea de esto?. Quizá no todo estaba contenido en un punto, quizá lo que sucedió no fue otra cosa que un afloramiento de materia y energía que propagó el espacio y el tiempo en su expansión, y se propagó desde un espacio tiempo primigenio que tenia su origen al otro lado de ese virtual punto primitivo, que no habría sido otra cosa que un agujero en nuestra realidad primigenia y todavía inmanifiesta en aquél no espacio y no tiempo. Pero esta visión podría ser también producto de la mirada de la lombriz.

viernes, 10 de septiembre de 2010

LA PALOMA Y EL DESTINO





Le dijo el águila a la paloma:

"Mientras que tú llevas tu mensaje yo vigilaré el horizonte, no sea que te aceche el halcón peregrino, y acabe con tus días y tus noches."

La paloma, asintiendo, la miró amablemente y contestó:

"Mientras tú vigilas el horizonte yo llevaré el mensaje, no sea que el halcón peregrino me de caza y acaben mis días y mis noches."

El halcón peregrino, que escuchaba furtivamente la conversación, se dirigió al águila diciendo:

"Anda tú y vigila el horizonte mientras yo devoro a la paloma, no sea que aparezca el alcotán y acabe con mis sueños, y no acabe yo con el grito de mis tripas.
Si tú cuidas mi espacio yo cuidaré el tuyo, y compartiremos amistosamente todo lo que en  el aire se mueva."

Pronto la paloma se percató de lo que ambos se traían entre manos y que, a fin de cuentas, el águila tan sólo la reservaba para otra ocasión. Y, ya que las dos rapaces decidían sobre su destino, les dijo intentando salir airosa de la situación:

"Anda tú y vigila el horizonte no sea que el halcón peregrino lo invada y de cuenta de toda caza que pueda ser tuya, y tengas a  un ave ligera y rápida compitiendo en tu cielo por el sustento.
 Y vigila tú también el tuyo no sea que el águila te encuentre entretenida siguiendo palomas que podrían ser suyas, y acabe con tus días y tus noches, o que el alcotán sepa de tu trato y se sienta molesto porque quieres romper el equilibrio.
 Y así, mientras os entretenéis en vigilaros la una a la otra, yo tendré tiempo de entregar mi mensaje, y podré volar sin temor a ser cazada por ninguna de vosotras."

En realidad tanto el águila como el halcón tan solo estaban preocupados por un asunto de comida, pero para la paloma  se trataba de perder la virtud de vivir siguiendo el vuelo de lo imprevisible (que es lo que convierte a cada vida en una manifestación única e irrepetible) o, en cualquier caso, colaborar en ser almuerzo de una o de otra.

De manera repentina el aire se agitó bruscamente, como si las alas de la mayor de las oscuridades hubieran hecho acto de presencia, y la sombra del buitre leonado se cernió sobre ellos diciendo:

"Hablad y discutid cuanto queráis porque nada hará que no se cumpla el destino marcado, pues todo ser que camina o vuela sobre este mundo ha nacido y, algún día, verá el final de su tiempo. Para ese instante yo quebrantaré sus huesos y comeré la carne que de él quede, sellando el final de su vida. Y ya que entre su nacimiento y su muerte tan solo se estira el tiempo, vivid y dejad que el río discurra libre entre las piedras en su camino al mar. Porque os puedo asegurar que nada acorta más la vida que querer contenerla en la mano, y hacerla predecible y ordenada, y pretender controlar tu destino o el destino de los demás."


viernes, 3 de septiembre de 2010

EL MUNDO NO ES GRIS




El mundo no es gris. Quizá tú lo veas gris. Pero sabes a la perfección que el mundo está hecho de color. Y está hecho de color sencilla y simplemente para que tú lo veas, y lo disfrutes, y lo vivas con la máxima intensidad. El color es una manifestación de la alegría, y  la alegría es una manifestación del color.

El mundo no es gris. Si la creación fuera monocromática la uniformidad se habría adueñado de todo aquello que abarca tu vista, y hasta del propio horizonte.
Por favor, toma conciencia de la magnífica riqueza que significa estar vivo y tener la oportunidad diaria de vivir plenamente, y de mirar al mundo con los ojos del recién llegado, con la visión del aprendiz de humano. Tener la oportunidad de acertar o errar, e incluso de rectificar, de respirar literal y figuradamente. Llena tus pulmones de vida,  de alegría, y de proyectos. Eso es darle color a tu vida.

La creatividad es el alimento del alma. Créate y recréate, porque no estás terminado de ninguna de las maneras. Tengas la edad que tengas estás sin terminar, aún no has fraguado del todo. Tienes aún mucho que andar, mucho que aprender, y la auténtica madurez se define por el equilibrio y el equilibrio se define por la conciencia.  Y la conciencia es una, pero es multicolor. Incluye al gris, pero solo como una gama más de la existencia.

El color no es para que separes, el color es para que diferencies, para que distingas, para que te veas en la diferencia y en la similitud y te acerques a lo diferente, para que encuentres la riqueza en la propia diversidad e integres en ti aquello que necesitas para estar completo. Y nos completamos con lo que es desigual a nosotros, aceptándolo, asumiéndolo, integrándolo. Y en esa distinción, en esa diferencia, en esa diversidad, somos uno.
Mira al mundo con los ojos del arcoiris, y aprende a verte en él.