Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

martes, 27 de octubre de 2015

EL GUERRERO DE LA LUZ: EN EL CAMINO



El camino se abrió en dos. Y cada camino era una opción. El diestro conducía al pasado. El izquierdo le llevaba al futuro.

Ante el Guerrero de la Luz se desplegaron un sinfín de posibilidades. Caminar al pasado le daría la oportunidad quizá de librar batallas que no libró, o afrontarlas de otra manera, o no librar alguna de las que acometió. Caminar al futuro le abría también todo un mundo de posibilidades, pues lo incierto se haría cierto. Y la experiencia acumulada sería la consejera de sus nuevos sueños y la que librara quizá la batalla del momento.

Un árbol buscaba el cielo donde el camino se partía en dos, como un pincel que buscara dibujar nubes. El sol, justo en lo alto, le robaba la sombra, como si quisiera significar que erguido en busca de su propio destino la sombra no era ni siquiera un sueño, ni mucho menos su enemiga, pues su sombra y su luz parecían fundirse en una sola cualidad del alma.

Contemplando el mar de opciones que ante él se mostraba una paloma blanca se posó sobre el árbol. Y entonces comprendió: Solo la pureza en el pensamiento le mostraría el camino. Solo se mostraría ante él el camino correcto si era capaz de ser como el árbol, dueño de su sombra y de su luz. 

Y apoyando su espada sobre el terreno, posó una rodilla en el suelo. Y reclinando la cabeza se dijo a sí mismo:

“Solo he de vivir el momento, pues presente, pasado y futuro confluyen en este instante sagrado”.

Al levantar su mirada, y ponerse en pie sobre su destino, no había más camino que el arcoíris que conduce al hombre de lo humano a lo divino y de lo divino a lo humano. Y el árbol sin sombra. Y sobre él el puente que lleva a la puerta de la Luz.

Una vez más comprendió que toda batalla se libra en el corazón del hombre. Que no hay guerrero que no se combata a sí mismo y, en su combate, no descubra que en él están todos los caminos, que no hay mas camino que sí mismo.






viernes, 23 de octubre de 2015

EL VIEJO DE LA MONTAÑA: "CAMINO Y SILENCIO"





Cuando hace el camino se hace a sí mismo. Al caminar, el viejo de la montaña no pisa el suelo. No es que no lo toque, ni la tierra no cruja a su paso, ni la hierba no se pliegue bajo su peso. Es que al caminar, él sabe que siendo de este mundo realmente no lo es y que su tránsito por él es tan solo pasajero (como todo tránsito). Un viento que arrastra vivencias desde el mundo de los sueños al de la realidad más cristalina.

Él sabe que su reino no es de este mundo. Así que cuando camina no lo hace. Sabe que sueña vivir despierto y que, en la realidad más cierta, vuela en los espacios infinitos del Ser.
Por eso nunca lo ven alejarse. Por eso nunca desanda el camino andado. Por eso para él caminar es vivirse. Y vivirse saber que, ante todo, es un ser alado que acostumbrado al vuelo vive una vida de hombre.

El viejo de la montaña no habla por hablar. Sabe que el don del habla es un verso sagrado que se ha otorgado al hombre para que manifieste lo que libre está de la pesada carga del tiempo y la materia. Un don de Luz expresado en versos que el hombre no usa responsablemente. Y que el pensamiento es la puerta de la Luz en la mente. Y que atravesar esa puerta significa no solo dignificar los pensamientos, sino iluminar la mente pensando en Luz. Y en la Luz ser el agua calma de la laguna.

Un día, de entre los muchos días que llenaron su vida, un joven de espíritu con la piel quebradiza por el tiempo, le preguntó:

- "Hombre sabio, ¿por qué marcas la sonrisa con la tierna mirada del chiquillo?."

Y el viejo le contestó:

- "Porque solo siendo como un niño se es capaz de entender la voz del silencio y la amable cualidad de la vida: te acaricia como te rasga".

El joven viejo no estaba muy seguro de haber entendido sus palabras. Por eso frunció ligeramente el ceño y esbozó un silencio intenso.

Y el viejo de la montaña añadió:

- "Solo siendo como un niño entenderás el sentido de mis palabras, pues no cabalgan a lomos del intelecto, sino del silencio que es la voz. Ahora sigue tu camino y vuelve a encontrarme cuando al verte en el espejo reconozcas en ti al niño dormido que habita en el hombre que eres y cree estar despierto."

Al oír estas palabras una fina lluvia se dejó caer sobre ambos, y el arcoíris selló aquél momento. En su silencio el cielo había hablado. Y el viejo de la montaña sonrió abiertamente.








viernes, 16 de octubre de 2015

ES




Es. No ha sido, ni está siendo, ni será. Es.
Y como Es, es indefinible, inabarcable, incomparable… Mas decir todo esto es definirlo sin hacerlo. Y trazar fronteras en torno suyo.

Sencillamente, Es. Y como Es, no está sujeto a nada.
No está sujeto a tiempo.
No está sujeto a espacio.
No está sujeto a la cuerda floja y trenzada, demasiado trenzada, de la mente.

Trazar un camino que conduzca a Ello es, de alguna manera, suficientemente innecesario. Bueno, no trazarlo, sino heredarlo, asumirlo, adoptarlo… Aunque tienes que andar tu propio camino. Es decir, y lo que implica, no ya hacerlo, sino hacerlo propio y libre, experimentarlo en lo más profundo y sagrado de ti. Pero nada de cadenas revestidas de santidad, de senderos salva-almas que iluminan porque son fórmulas magistrales. Si iluminaran, desplegarías alas y verías que el alma del camino ha de ser la libertad. Puesto que nadie vive ni padece, ni siente, ni llora, ni ríe, ni busca, ni encuentra…, por ti. Los caminos, si no cuidamos los pasos que damos, se convierten en cuerdas igualmente trenzadas, que limitan el pensamiento y no lo dejan volar hasta desaparecer,  condicionando los frutos de nuestra propia búsqueda. Y no te liberan del pensamiento, pues en la ausencia de él contemplamos la realidad. Y en su ausencia la luz deja de tener tonalidad, para ser sencillamente la Luz.

Hagamos el camino, pero que no se adueñe de nosotros. Al ponerle nombre y apellidos, al vestirlo de protocolos (no siempre necesarios) porque se suponen herramientas, corremos el riesgo de creer que el camino (el que se arropa de identidad heredada y se maquilla de verdad) es el fin en sí mismo. No la herramienta, ni la cerradura, ni la puerta, ni la llave de la cerradura, ni la piedra del camino, ni la arena, ni la hierba, ni lo que hay detrás de la puerta…, sino el fin último y verdadero. Y nos hacemos tan sabios de la teoría que solo somos voceros de lo que no entendemos. Y lo repetimos hasta la saciedad engreídos de un falso Conocimiento. Ciegos habladores que no escuchan el tañido de su propio corazón.

Así que como Es, no está sujeto a camino. No tiene dueño.
Se puede llegar a Ello…, pero trascendiendo el camino.

No es el camino lo que te libera, sino Tú Mismo. Y Tú Mismo no tiene nombres y apellidos. Quizá creas que lo tiene. Pero no lo tiene.
Es. No ha sido, ni está siendo, ni será. Ni nombre alguno tiene.






lunes, 5 de octubre de 2015

MAGIA DEL VIENTO Y DE LA LUZ






Cierra los ojos y abre el alma. Acaricia la luz que prende en tu cabello, la trae el viento a lomos de recuerdos y ensoñadores despiertos. Déjate acariciar por luces traídas por suspiros del alma que viajan en torrentes de aire. No son solo palabras que buscan contener sentidos que alimenten osadías del hambre más sutil. 

Al subir a la montaña y contemplar desde la cumbre el mundo de los hombres y las almas, las que aún no levantaron el vuelo. El sueño, tu sueño, es como luces de colores que componen alas cristalinas hechas no para volar, sino para mecerse sobre la luz, sobre lágrimas de rocío que contienen amaneceres, sobre heladas que maquillan hojas secas que recobran la vida al disiparse el rostro de hielo que las cubre.

En el valle, cuando la vida te muestra sonrisas sin tiempo, frutos contenidos en hermanos de piel de madera y miradas tejidas de aromas. Entonces los caminos son como ríos de pasos dados entre la luz y la oscuridad, como caminares entres sueños reales y realidades soñadas. Como luces vestidas de hombres o mujeres que se saben caminantes en caminos de tiempo y huesos, donde la luz quedó atrapada. Como tiempos que se visten de vidas para ser vividas con los ojos abiertos.

Al mirar frente a frente al espíritu que crea las nubes, el que las viste de colores y formas, de danzas de pájaros sutiles que acompañan mi vuelo nocturno cuando me aventuro en magias vestidas de luz y me enfrento a las sombras. Llevar me dejo por vientos que acarician mil rostros y se visten de palabras teñidas de corazón. Y entonces, en todos estoy y en todo vivo.

Cuando el sueño despierto se adueña de mi y acapara sentimientos y palabras, papeles de luz bañados en sentidos y formas de energías placenteras, por sabias y precisas. Entonces, y solo entonces, conocer es un hecho. Y vivir, una historia fragmentada en sueños de luz, vestidos de mariposas surgidas del más sutil magín. 

Cuando el sueño despierto me sueña a mí mismo. Y en mí mismo descubre pasos dados en pos del sentido más profundo y más sincero. Y en mí mismo descubre vuelos dados en cielos nocturnos que esconden soles como girasoles, que siguen el curso del sol verdadero, que alimentan sueños y amamantan realidades vestidas de vidas vividas con amor. El dolor no duele y el amor expresa lo que siendo cierto no es menos contenible por ser intenso: Que la vida es sueño. Que soñar despierto es un paso dado en singular desierto, de aguas y de amores. Que vivir dormido es dormir, por cierto, cuando todo clama que morir no es cierto. 

¿Qué decir yo puedo si amo en colores?. Y en colores siento que no hay más desierto que vivir con miedo y vivir dormido, y hasta complacido por no estar despierto.

Cuando esto digo al soñar despierto: Que sueño dormido y dormido vierto verdades completas como marionetas de mis dedos, prestos a sellar secretos que no pueden serlo. Deja que te abrace en abrazo eterno, que por ti me siento un ocaso incierto. 

Al fin de mis días dejaré de hacerlo, pero habré dejado un legado cierto: palabras y sentidos, herrajes del alma para liberar al viento de su propio miedo a vivir despierto, a surcar montañas, acariciar desiertos, beber de aguas turbulentas, descansar en lechos hechos de planicies de amor dulce y salado. ¿Si vivir dormido o vivir despierto no tiene importancia, qué podrá tenerlo?.




       

Al espíritu que me da vida: Gracias










viernes, 2 de octubre de 2015

SUSURRAN PAJAROS




Susurran pájaros.
Cánticos que trae el viento,
resplandores de aleteos azules
y de almas viajeras que acarician el cielo
y las nubes.
Y versan lluvias,
bautizos por inicios y vuelos del alma.
Espíritus libres que libran batallas batiendo murmullos de luz al viento.

Pájaros de colores que susurran cánticos,
que cantan amaneceres
y atardeceres
en los que el sol se cobija en la madeja de los árboles.

Y entre ellos los cantores,
como flores voladoras,
se sinceran con la hoguera
que alumbra las praderas.

Sol en las montañas,
las riveras,
en sonrisas sin fisuras
(y las siembra de cordura).
Atadura que madura se convierte en locura.

Vislumbre de la puerta de la flores,
la que conduce al cielo del hombre.
Corazón que late y tiembla de vida en su pecho.

Susurran pájaros.
Son viento contenido en silbidos y graznidos,
en sonrisas de colores
revestidas de sabores…
a besos,
a temblores…
del alma,
a rezos del viento,
a mil pensamientos,
a temblores por amores…

Susurran pájaros.
Ellos son viajeros.
Son sinceros.
Solo cantan cuando encantan a la vida,
cuando roban sonrisas,
cuando roban caricias.
Y acarician con su canto corazones.
Amores de cristal que brillan,
que sienten,
que se hermanan con las hojas de los árboles.

Que torrentes de alas.
Que brisa con sonrisa alada.
Que trino que no trina que habla.
Que canto que no es canto que es alma.
Que brilla porque es luz en movimiento,
raudal de alegrías dibujada en algarabía.

Susurran pájaros.
Quiero ser ellos.
Cánticos al alba y al crepúsculo.
Susurran pájaros…