Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

jueves, 19 de agosto de 2010

EL GUERRERO DE LA LUZ: BATALLAS




Un día, haciendo un alto en su camino entre contienda y contienda, el guerrero de la Luz echó la vista atrás para hacer balance. Y se dijo a sí mismo:

¿De las batallas que he librado cuántas han tenido sentido?.

Y cuando consumió toda valoración del pasado echó la vista al futuro. Y se dijo también a sí mismo:

¿De las batallas que libraré cuántas tendrán sentido?.

El guerrero de la Luz sabe que toda batalla tiene un vencedor y un vencido, y que no libra ninguna batalla para perderla. Pero sabe también que debe vencerse a sí mismo. Y sabe que el sentido de cada batalla se encuentra en la raíz que ha generado el conflicto y en la raíz de la solución al conflicto.
La batalla forma parte de la búsqueda del equilibrio y el objetivo no es ganarla, sino restablecerlo. Ganar o perder forman parte de la ilusión a la que está sometida la mente. Y a la mente hay que liberarla.
Sabe pues el guerrero de la Luz que una parte importante de su campaña no es otra que liberar su mente del miedo, y de la ilusión de ganar o perder.

El guerrero de la Luz sabe que no buscará una confrontación a iniciativa propia, salvo la batalla contra sus propios miedos y fantasmas, o contra su ego, contra el enemigo de sí mismo que no es otro que él mismo.
En conclusión, toda batalla pasada y toda batalla futura tienen sentido porque forman parte del más básico sentido del equilibrio, pero no deben estar vacías de contenido. Por eso el guerrero de la Luz nunca entablará una batalla cuyo único sentido no sea otro que luchar ya que sabe que el lado oscuro se alimenta de la energía de la confrontación, del desequilibrio que genera, y de la desunión que provoca. Por eso, para el guerrero de la Luz la lucha ha de tener un fondo, y un sentido, y un espíritu que la anime y le de vida.

El guerrero de la Luz siempre ha de combatir la oscuridad, empezando por sí mismo. Pero la razón de ser del guerrero de la Luz no es hacer la guerra, sino velar por la preservación de la Luz, y facilitar el establecimiento de su reino. Y en ello pondrá su empeño.



jueves, 12 de agosto de 2010

RECUERDO CÓSMICO




En el momento oportuno di un paso al frente. Quizá por eso ahora mi llamada a las estrellas resuena como un grito cósmico y esencial que se propaga por el universo, que vence al tiempo y al espacio para llegar a su destino, a la cuna de mis sueños, a la estrella donde me forjé hace eones de tiempo.


Sentado en mi atalaya de roca primigenia, compartiendo el alma con el alma del tigre y del águila, compartiendo mi canto con el de los lobos, susurro a voces la llamada que el viento y el eco del espíritu propagan por todo lo creado. Y me pregunto:

¿Cuándo seré lo que en verdad soy?. ¿Cuándo despertaré del sueño del viajero?. ¿Cuándo dejaré de ser un guerrero solitario que a solas comparte su miedo y su Luz consigo mismo, su sombra y su arrojo consigo mismo?.


En mis espacios infinitos, en la oquedad del Ser, donde me cobijo y me busco, donde me siento y me pierdo, os percibo y os siento. Y en las noches estrelladas, incluso en las más frías, busco vuestros ojos en los ojos de las estrellas. Y vuestra mirada en la mirada que el Todo me dirige. Y vuestra voz en la voz del silencio cuando este me acoge, acalla mi mente y libera el pájaro de luz de mis pensamientos. ¿Dónde estáis, los que susurráis en mis oídos invisibles, con el sonoro silencio de vuestra voz, las sabias palabras que acompañan a veces mis pensamientos?.


El momento del primer paso fue el momento del gran salto. Sin miedo nos aventuramos en el mundo de los hombres, vestidos de tiempo, con el tiempo limitado, y señalados por el olvido.
La sombra nos rodea, y persistentemente nos sale al paso. Sin embargo, hemos de navegar el mar embravecido de la vida conservando la calma y sin perder el horizonte, moviéndonos como sonámbulos en la noche del espíritu.
Sordos, ciegos y mudos que creen oír, ver y hablar dirigen los destinos de la humanidad. Y nos perdemos buscándonos. Y nos buscamos perdiéndonos.
Y en mi búsqueda mi llamada encuentra eco en conciencias que vienen a acompasar sus pasos con los míos, sus pensamientos con los míos. Conciencias que cumplen el mismo mandato y el mismo tiempo, que susurran también gritos de Luz a las estrellas. Hermanos que buscan disipar su soledad y rodear el mundo en el abrazo de la mayor de las hermandades. Hermanos que también oyen pensamientos de Luz que no le pertenecen.
Entre todos somos uno. Vinimos juntos. Y juntos regresaremos.

viernes, 6 de agosto de 2010

LA EXPERIENCIA OVNI



Los ovnis son una realidad incuestionable. Podemos debatir sobre su naturaleza, sobre su origen, sobre la razón de su presencia. Pero su existencia está fuera de toda duda.
Lo cierto no es solo que el fenómeno existe, que es real, que sobrevuela nuestros campos y ciudades. Lo cierto es que se trata de un fenómeno mucho más próximo a nosotros de lo que creemos.

Hubo un tiempo en el que el fenómeno, y por definición, era un fenómeno substancialmente nocturno. Los casos de objetos a la luz del día venían a representar una extraña singularidad celebrada por los ufólogos, sobre todo si su presencia quedaba avalada por testimonios gráficos. En la clasificación que el desaparecido J. A. Hynek hiciera de estos avistamientos aparecían recogidos como casos de “discos diurnos”, el resto eran “luces nocturnas” y “casos de radar”. Nunca me pareció que viniera a recoger la realidad y la singularidad de los avistamientos, sencillamente porque ésta era mucho más amplia y variada.
En su clasificación de los encuentros cercanos quizá atinaba mucho más. Pero lo cierto es que los avistamientos de ovnis respondían a características mucho más concretas que habrían permitido etiquetar los casos de manera más precisa. Aún así, y sea como sea, quedaba manifiestamente claro que los casos de ovnis eran nocturnos y diurnos. Pero todos sabían que eran primordialmente nocturnos.

Los ovnis nos tienen acostumbrados no tanto a dar giros imprevistos en sus pautas como a girar paulatinamente en su propio comportamiento o características. Y, en lo que hablamos, los ovnis han dejado de ser primordialmente nocturnos (que lo siguen siendo) para ser también abierta y manifiestamente diurnos. Me atrevería a decir, pues, que se muestran a nosotros de manera más obvia, más a las claras, ignorando el recelo que antaño parecían tener. Efectivamente, los casos diurnos se han disparado.

En la última década de la fotografía analógica la aparición de un fenómeno, que personalmente bauticé en los medios de comunicación como el de las “fotografías imposibles”, vino a poner un especial énfasis sobre el mundo ultrasensorial, y especialmente a pre-revolucionar diría yo las teorías sobre ovnis.
En el primer caso, me refiero a fotografías que de manera casual eran capaces de captar diversos fenómenos primordialmente luminosos y que, presuntamente, podrían estar relacionados con mundos invisibles o quizá con formas de vida no corpóreas. Fenómenos no visibles al ojo humano.
En el segundo caso, se hacía evidente, de manera fotográfica, la existencia de ovnis igualmente invisibles que eran casualmente captados por las cámaras, y estos nos hacían recapacitar sobre el hecho de que una cámara fotográfica pudiera captar lo que el ojo no ve. Y qué podría indicar esto respecto a la naturaleza del ovni.
La llegada posterior de la fotografía digital vino a rubricar y a evidenciar mas si cabe la existencia de estos objetos voladores invisibles. Y personalmente me hizo reflexionar mucho al respecto: por alguna causa el ojo no los veía, pero la cámara sí.
La respuesta tenía que venir en algún sentido, y barajé por un lado la capacidad del ojo para percibir en un rango limitado de luz, la limitación del mismo ojo para captar el movimiento (limitación que se demuestra en la ilusión del movimiento real de las imágenes del cine) o, y además, la más que probable tecnología de invisibilidad de los ovnis. Pero incluí un nuevo y revelador factor: fisiológicamente la realidad es que vemos en el cerebro, a través de los ojos (que son una prolongación del tejido cerebral al exterior) pero en el cerebro. Y por lo tanto, nos podríamos encontrar ante un nuevo paradigma, un nuevo modelo de la estructura de la realidad, que nuestro propio cerebro no alcanzara a decodificar, leer, y percibir entre otras cosas, quizá, porque no sabe que existe. De hecho, en muchas ocasiones, he tenido la sensación de que al hablar de ovnis hablamos de un fenómeno que parece diseñado para forzarnos a admitir un nuevo modelo o una nueva estructura de la realidad que es, precisamente, de la que ellos provienen y en la que estamos incluidos o somos aspirantes a estar incluidos.

En cualquier caso, lo que sí parece claro, es que se ha producido en las últimas décadas un acercamiento del fenómeno ovni. Pero un acercamiento que nos ha obligado a postular teorías dimensionales. Y, sea como sea, en este u otro sentido se me antoja más cercano al ser humano..., o quizá seamos nosotros los que nos aproximamos a ellos. Porque antes o después tenemos que ampliar nuestra perspectiva, nuestra visión de la realidad, a mundos y posibilidades que rozan o superan la ciencia ficción. Esta es, bajo mi punto de vista, la realidad de este hecho.

En mi propia experiencia y en mi propia vivencia (atención porque me gusta diferenciar ambos conceptos aunque el común de los mortales los use como sinónimos), el fenómeno ovni es un cúmulo de manifestaciones que inciden en el ser humano desde diversos ángulos y que, por ello, afecta desde diversas perspectivas de sí mismo. Personalmente, aunque en verdad no uso habitualmente esa expresión, me gusta llamarle “la experiencia ovni”, porque es toda una experiencia, es mucho más por tanto que un fenómeno.
Un fenómeno es un acontecimiento. Una experiencia es un acontecimiento desde la perspectiva de quien lo percibe.
Tiene tantas acepciones el fenómeno, tantos ángulos desde el que puede ser contemplado, tantos niveles desde el que nos influye, que simplificarlo representaría una herejía en la propia herejía que significan los ovnis.

No puedo ni debo negar que he visto ovnis, y cuando digo esto no me refiero a confusas luces. Sin embargo, aun a pesar de elegir convenientemente los foros donde me expreso sobre ello, entiendo, y así debe quedar reflejado, que debo imponerme la responsabilidad de públicamente aludir al fenómeno, a mis experiencias, a mis búsquedas, de manera equilibrada, adquiriendo la perspectiva de un buscador al que le interesa sobre todo encontrar la verdad de tan enigmático fenómeno. Y asumo como propia la responsabilidad de transmitir de tal manera que no sean percibidos mis testimonios, mis criterios, como una fuente dogmática que da por hecho poseer la verdad. Porque además, si así fuera, estaría completamente equivocado. Lo que ocurre, entre otras cosas, es que vi el fenómeno por vez primera en un tiempo en el que no sabia de él, de su existencia, porque mi desconocimiento de entonces estaba avalado por la corta edad de un niño incapaz aún de sostenerse en pie por sí mismo.

Como ya dijera en otro trabajo referido a los ovnis y publicado en este blog, los ovnis son para mí los desconocidos insondables.
Para intentar comprenderlos debemos huir no ya de todo convencionalismo (lo que es crucial), sino además vaciar nuestra mente de todo prejuicio ortodoxo o heterodoxo. Porque al final ¿cómo vamos a comprender si lo que nos separa de los ciegos que niegan la evidencia es tan solo el punto de vista desde el que defendemos nuestra irracionalidad?.
Amigos, los ovnis existen. Pero a la hora de aventurarnos a hablar públicamente de ellos tenemos que asumir el peso de la razón, y el argumento de la razón.
Nunca los fundamentalismos fueron buenos consejeros de la libertad. Y, si queremos descubrir y avanzar, tenemos que pensar libremente. Es más, solo los necios discuten sobre la razón de la sinrazón (así que voy a intentar no incurrir en ello).Y, en cualquier caso, no hay mejor experiencia que la propia. No hay mejor acierto ni mejor error que el propio.
Y así es como me lo planteo, y como lo busco, y como lo encuentro. Lo que ocurre, además, es que el fenómeno ovni, la experiencia ovni, camina en mi búsqueda al igual que yo camino en su búsqueda, e inevitablemente nos encontramos. Dicho así parece un encuentro de propósitos e intenciones compartidas y recíprocas, y no lo dudo, pero lo que sucede sobre todo, quizá, es que atiendo a una llamada, a su llamada, a la llamada de los desconocidos insondables que se comportan con respecto a mí como un tremendo imán desde la niñez. Y esta sensación de interrelación entre el fenómeno ovni y quién lo percibe o lo busca, o lo estudia, me atrevería a decir que es muy común entre todos nosotros, atreviéndome a afirmar que el fenómeno ovni teniendo como tiene un amplio ámbito de influencia generacional, sociológica, mediática y creencial, tiene otro ámbito de influencia tremendamente próxima y personal que viene a convertirlo en un fenómeno prácticamente, a ciertos niveles, personalizado, individualizado. Así es. Y así es la naturaleza de este fenómeno.

No se me escapa, en este sentido, la alta posibilidad y mi creencia interior que apunta a la existencia de un plan, de un protocolo de asimilación de la especie humana, aunque preferiría decir de la conciencia humana, a un nuevo paradigma del mundo y del universo que habitamos. Y la inclusión de muchos de nosotros en ese protocolo quizá desde el momento en que se creó, pero cuando nos vestíamos con ropajes y mentes diferentes, antes de asumir nuestro humano caminar y nuestro destino en este mundo.
Pero hablar de ello implica traspasar la frontera de lo todavía culturalmente inaceptable incluso para muchos de nosotros y esa creencia, o esa certeza, como la queramos definir, forma parte del contexto sociocultural de los ovnis. Pero resulta difícil transmitirlo públicamente porque previamente a ello es necesario transmitir la realidad de la existencia del fenómeno, y que sea aceptada. Y una vez aceptada esa existencia como, además, la expresión de una forma de vida diferente, asumir que existe un segundo paso necesario y que no es otro que la asimilación de lo que implica en si mismo y de manera global la existencia de este fenómeno, su origen, su naturaleza y su propósito. Y qué papel jugamos nosotros con respecto a ellos, y en el propio contexto de ellos. Y está claro para mí que la forma que tienen de modificarnos, de cambiarnos como individuos que deciden sobre su destino y comparten el mismo universo que ellos, pero precisan de incorporar nuevos elementos del mismo, es imbricar aunque fuera en parte su contexto con el nuestro, entrelazar su realidad con la nuestra. Porque así tendremos individuos diferentes, que perciben diferente, que piensan diferente, y estaremos fabricando un hombre nuevo para un tiempo también nuevo. ¿Pero con qué propósito?. Lo desconozco pero, en primer término, para aceptarlos abiertamente quizá  como premisa al encuentro y contacto generalizado de la humanidad con ellos.
Creo que esto es lo que venimos observando en nuestros cielos y campos desde hace, cuando menos, 60 años, sin contar la historia antigua de los ovnis, ni su implicación en el ámbito de los mitos y creencias ancestrales, en el origen de las civilizaciones y quizá del propio hombre.
Si hubo un tiempo en el que estuvieron más próximos, tanto que llegaron a pisar el mismo suelo que nosotros y compartir el mismo cielo, y después se marcharon, quizá ahora estemos en los prolegómenos de una historia que quiere repetirse. Pero quién sabe.