Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

sábado, 24 de diciembre de 2011

EL HOMBRE Y LA HORMIGA




Le dijo un hombre a una hormiga:

-         “Sois tan pequeñas que ni siquiera nos veis, y vivís en la más completa ignorancia de lo que es la especie humana”.

Y la hormiga le contestó:

-         “Vosotros, en cambio, juzgáis por lo que veis, y nos pisáis tan solo por antojo.”


Enseñanza:

La Verdad es tan grande que puede no ser vista, y diariamente es pisoteada en pequeñeces que parecen no tener importancia.
De lo que se desprende lo siguiente:

De lo que es a lo que ves puede haber una gran distancia. De lo que ves a lo que es... también.

Lo pequeño no es menos trascendente por pequeño, ni menos importante por liviano, ni lo grande encierra un mayor secreto por ser grande. La visión de lo grande en lo pequeño y de lo pequeño en lo grande, nos acerca a la visión real de lo que significa estar vivo, y compartiendo la vida con otros seres.

La visión de la hormiga, como la visión del hombre, forman parte de la propia existencia, y no son excluyentes, sino complementarias y necesarias. Forman parte de la riqueza de la vida, y del hecho de vernos a nosotros mismos desde otros ojos

Hay que cuidar el momento, porque en el momento, y en la suma de estos, está la clave de la totalidad. Y esmerarse en lo cotidiano, porque lo cotidiano encierra la esencia de lo trascendente. No hay trascendencia sin cotidianeidad, ni cotidianeidad sin trascendencia.

Abre los ojos del corazón. Y aprende a Ver.








viernes, 16 de diciembre de 2011

EL VIEJO DE LA MONTAÑA: LA MAGIA DE LA VIDA




Cierto día, de entre los muchos días de aquél año, un preguntador dijo al viejo de la montaña:

-         “Hombre Mago, ¿qué es la Magia de la Vida?”.

Y este le contestó:

-         “Amor,  conocimiento, comprensión... En verdad te digo que cada vez que busques y encuentres, o inicies un camino, o andes los senderos de la vida..., en conciencia. Cada vez que te necesiten, y acudas, ofreciendo tu mano y tu luz. Siempre que mires al corazón con los ojos del corazón. Siempre que oigas con los oídos del entendimiento..,. estarás empleando la Magia de la Vida.”

-         “¿Y dónde se aprende esta magia?”, preguntó nuevamente el andador de preguntas, acostumbrado a inquirir sin hacer sus propios caminos.

-         “Se aprende –dijo el viejo- en la cotidianeidad de tus días y tus noches, en el caminar de tus pies sobre este mundo, y en tu aleteo en los mundos sutiles y radiantes (aquellos en los que apenas crees porque quieres tocarlos con tus manos en vez de aprehenderlos con tu luz)”.

-         “¿Pero dónde está esa magia?” – insistió-

Y el viejo de la montaña dijo:

-         “Está en todo. Y, estando en todo, forma parte de ti como tú formas parte de ella. Porque todo por ella se mueve y a ella obedece.
El cuerpo de esta magia es la creación. Su brazo en la Tierra, el hombre. Su clave, la comprensión. Su libro, el conocimiento. Su aplicación, la sabiduría. Y su fuerza, el amor.”

Y, una vez más, sus palabras acariciaron el aire con la fuerza del vendaval y la sutileza de un beso.








viernes, 9 de diciembre de 2011

EL VIEJO DE LA MONTAÑA: SER CONSCIENTE





Una tarde un caminante de la vida se acercó decididamente al viejo de la montaña, irrumpiendo en su caminar, para preguntarle:

-         Maestro, ¿cómo puedo ser consciente?.

Y el caminante recibió como respuesta el silencio.

Poco después otro, apresurando su paso, se le acercó diciendo:

-         Maestro, ¿qué es ser consciente?.

Y este le contestó:

-         Ser consciente es ser consciente.

Enseguida acudió un tercero. Y le dijo:

-         Maestro, ¿qué es tomar conciencia?.

Respondiéndole:

-         Tomar conciencia es saber.

Por último, un cuarto se acercó presuroso, preguntando:

-         Sabio anciano, a veces acaricias nuestros oídos con hermosas palabras. Y ahora, sin embargo, eres parco en ellas. Y ni siquiera te detienes para responder.

Y el anciano, haciendo un alto en el camino, le miró fijamente a los ojos. Y le dijo:

-   En verdad te digo que yo no hablo para vuestros oídos, sino para vuestros corazones. Y que aquél que está más cerca de mí necesita menos palabras para entenderme. Porque cada uno comprende lo que tiene. Y yo no hablo al ser que piensa, sino al ser que siente, en su propio y personal nivel de conciencia.

Y como si el viento de la vida hubiera arrastrado las hojas de sus palabras, el viejo de la montaña se alejó en el camino, desapareciendo en la distancia.










viernes, 2 de diciembre de 2011

DESPERTARES




Dormidos caminamos despiertos, haciendo caminos conocidos y olvidados.
Recreamos nuestra mirada de ojos cerrados en paisajes solemnemente propios pero, por olvidados, vividos como ajenos.
Despertamos dormidos, y dormidos caminamos.

Vemos luces, atardeceres, bostezos de días, y mañanas de colores vívidos, mares que acarician arenas cristalinas... Y todo ello creyendo ser lo que no somos.

Caminamos durmiendo despertares. Despertamos soñando dormidos.
Soñadores de caminos y luces, aprendices de luces caminantes... Eso es lo que somos.

Abriendo los ojos del corazón sólo vemos corazones, y sentido, y sentimientos, alegrías trascendentes, dormitares de mentes despiertas, hermanos en el camino..., y rostros ancestrales que arropan voces silenciosas narrando historias de seres estelares, vestidos de carne y hueso, que buscan recuperar la memoria. Seres, confinados en lo humano, que aletean a ras de la vida porque volar sobre ella es recordar, y recordar es ver, y ver es estar despierto. Y despertar es su objetivo.

Abro mi mano y la miro, y una flor brota y se abre ante mis ojos.
Miro hacia dentro, entorno los ojos, y abro el ojo que luce en mi frente. Y veo luz, destellos de la realidad, lenguajes hechos símbolos, estructuras no lineales que tejen la vida ignorando el antes y el después.

Ando mis pasos, busco acompasar el latido del camino que contiene todos los caminos con el latido de mi corazón. Y me encuentro con los demás. Hermanos hechos de trazos de luz que buscan recordar encendiendo despertares, juntando momentos lúcidos, y mirando la vida desde el interior de dentro al interior de fuera.

Viejos espíritus, caminantes de mil caminos, de mil historias, de mil tiempos, cruzan sus pasos con el de espíritus jóvenes que tardan en comprender, porque aún no han cristalizado sus búsquedas en una sola, porque su viaje cósmico casi acaba de empezar.

Abro el ojo interior al pasear mis recuerdos por las calles de mi ciudad, una tarde tras otra. Y, a veces, contemplo a los hermanos andantes como energías que se cruzan conmigo, vestidas de rostros. Y, entonces, el velo parece disiparse y dejarme ver que, lo que veo, no es mas que el velo. Y esto me invita a estar más despierto.

Despertar implica lucidez. Si tienes luz, ves. Busca la luz, está por doquier.