Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 25 de abril de 2014

LA FLOR





Nace la flor a la mañana, despierta a un nuevo día.  Y en el aroma que arrastra el viento encuentra su propio alimento, el que viste su mente de aire fresco, el que hace que la roca mute en líquido cristal que encierra luces y arcoiris, y amaneceres como destellos. El agua que discurre por torrenteras, más tardes calmas como miradas hacia dentro.
Nace la flor a la mañana y cada mañana, al empezar su andadura, mira al horizonte, por donde el sol nace y se pierde, brilla y se opaca. Pero no teme al tiempo ni al dolor, no teme a la fatiga, pues dulce es la mirada. Ella sabe que vivir es sentir, y sentir es rozar lo divino.
Nace la flor y vive su vida como una gesta en la que vivir es vivir despierta y morir, morir con los ojos abiertos y el alma complacida. Vive su vida y al vivirla no compite, no lucha, no hiere. Y ve las nubes, y el cielo que cubren, y hasta el suelo que pisa, con la luz de la bondad más bendita. Y las estrellas, sus estrellas, son suspiros de dragones y hadas, caminos que conducen a la ciudad de Luz más soñada. Sus amaneceres se visten de fulgores de la primera luz, fulgores que despiertan al despierto más dormido y al durmiente más soñado, y recuerdan el ígneo fulgor que en todo late.

En su vida los hombres son seres, y los seres luces, y las luces energías, y las energías viven por el espíritu, y por el espíritu nacen y se hacen a este mundo. Y, al final del camino, por el espíritu retornan al hogar verdadero. 

Nace la flor y en su nacimiento, y en su vida, no ve sombras, sino sueños que interpretar. Y en los sueños misterios que resolver. Y en la vida el mayor misterio.

Nace la flor y sus pétalos están hechos de luceros que adornan cabellos, de sonrisas que visten labios con trasparencias que dejan ver la sutil expresión del alma, y miradas hechas de profundidades que descubrir.

No hay sombra, ni temblor, ni llanto, ni batalla…, solo esperanza, alegría, certidumbre, hermandad…, luces y sombras que buscan ser siempre luces.

Cuando gesta su vida y vive su gesta la mujer enamorada y que me enamora, la flor, la que viste mis días con los suyos, la que sueña mi sueño de despierto dormido que vive soñando y soñando despierta… extiende las manos y abre el corazón. Y sonríe por doquier prestando destellos rosas y esmeraldas. Bebe el agua que calma la sed y ofrece flores como amores, como días con diez soles, como soledades llenas de compañía, como hilos de luz que tejen sentimientos y colores.

Su vida no es lucha porque no es lucha la vida, sino un río de aguas cristalinas, un vivir con sentido. Y un sentido que es bondad y claridad, una aventura cotidiana donde la inercia no existe, ni el gris pensamiento de un solo pensamiento, ni un campo verde solo verde…

Para la flor vivir es florecer…, porque florecer es amanecer, y amanecer es nacer, y nacer es vivir. Y así, cada minuto de cada instante presente y contenido en cada suspiro. Porque es el alma quien suspira y la luz que todo lo cubre quien la inspira.

La flor gesta su vida y vive su gesta. Y se adorna de piernas y camina. Y se adorna de manos y acaricia. Y se adorna de ojos y contempla. Y se adorna de alma y suspira por la vida, por vivirla, por compartirla, por ser la misma vida. 

Nace la flor a la mañana y cada mañana es una gesta. Y cada mañana toda una vida por vivir.















viernes, 18 de abril de 2014

EL GUERRERO DE LA LUZ: A LA SOMBRA DE UN ÁRBOL

A la sombra de un árbol teje el guerrero de la Luz su destino, su momento presente, el siguiente momento, el día de mañana, la contienda librada que no debió librar y la aún no sostenida…

A la sombra de un árbol se enfrenta verdaderamente a lo que es. Es ahí donde entabla la mayor de sus batallas, frente a frente a sí mismo, en la misma orilla donde el dolor y la alegría, el llanto y el canto se definen, toman caminos diferentes o se dan la mano.

A la sombra de un árbol el momento más ligero, frugal, imperceptible, se convierte en una eternidad por descubrir, en un largo camino que explorar, en una lucha donde espada y cielo se enfrentan a las pesadas nubes de los miedos y el apego.

Crecí a la sombra de un árbol. A la sombra de un árbol fui concebido. Un pensamiento me hizo detener mis pasos por cielos ahora ya olvidados, por caminos que ahora vuelvo a pisar.

A la sombra de un árbol aprendí a ser lo que soy. El hermano pájaro me prestó su vuelo y su cantar. La hermana oruga su paso lento, pero su conversión. El hermano espino me enseñó que la blanca belleza de sus flores esconden espinas, y que tanto unas como otras forman parte del existir. ¡Pero qué hermoso es el espino blanco!.

A la sombra de un árbol me dejé querer por el viento, por una fina lluvia de pensamientos de cristal, susurros de ángeles que acarician flores y verdores de campiñas.

A la sombra de un árbol me enfrenté a la muerte, la de todos los días, la que vive en el lamento y en el silencio del alma, la que ahoga los suspiros porque atenaza y roba el aire, la que roba la voz.
A la sombra de un árbol, del mismo árbol, la vencí. Y el árbol era un ciprés. 

A la sombra de un árbol, del mismo árbol, clavé mi espada en tierra para poder levantarme. Y al hacerlo, pensé: Todo cuanto tengo vive a la luz de esta sombra. Todo cuanto soy aquí está contenido. Sólo soy una sombra de lo que Es, a la sombra de un árbol que toca el cielo.










viernes, 11 de abril de 2014

GESTA

Del cielo  desciende la ígnea espada que cada mañana blande al levantar el Sol. Pero su espada es su verso y su verso es su habla y su habla sus manos, sus ojos y el andar certero sobre este mundo en el que cielo y tierra se mezclan como arena y ola.

Lucha y vive su contienda, gesta de hombres y ángeles sobre un mundo de luz y oscuridad, bajo un techo de estrellas y nubes, de soles y atardeceres, de llanto que grita lluvia, y torrenteras, de dominaciones que lucen esmeraldas prestadas a los hombres para encender corazones e iluminar mentes que buscan ser aguas calmas y tibias.

Tensa la mirada y la deja ir sobre el horizonte. Sigue la silueta hasta donde la vista alcanza, su frontera, el lugar donde cielo y tierra confluyen y se confunden, donde cielo y mar se besan y se abrazan.

Vehículo de la Luz que busca corazones donde florecer y quedarse, amarse amando la vida, abrazar al viento cerrando los ojos. Y desde la Luz trenza atardeceres que señalan batallas concluidas. Luz contra oscuridad, viento contra deseo, suspiro contra sollozo, río contra mar, nube contra roca.

Tallo de junco, bambú que se inclina sin romperse, opuesto que no lo es, danza de la vida, danza del color, canto de ánimas que buscan retornar y andar nuevos caminos, caminos andados y al andarlos… piedras dolorosas como pies cansados que buscan la fresca agua del río de la vida.

Vive su vida como una gesta en la que lo divino y lo humano confluyen, porque en su vida no solo ella se vive sino que Él se vive en Si mismo y en Si mismo en ella se expresa. Cuando abre los ojos el universo abre sus ojos en ella. Su vida es lo que es porque existe una causa superior que la impulsa y justifica, que le da aire y la inspira, y la convierte en trascendente.

De su corazón al cielo. Recoge su energía y levanta los brazos, al cielo la expone, al cielo la vierte y del cielo recoge lágrimas de Luz, destellos, adormeceres como despertares para iluminar sus pasos, para alumbrar el camino, su camino.

Toda vida tiene un propósito y ese propósito la trasciende en la individualidad en que se manifiesta y expresa. La gran búsqueda del constante equilibrio, la gesta de la manifiesta realidad y de la Luz para no ser desterrada de nuestras vidas, de nuestro mundo. Vivir no es sólo vivir, es librar la contienda de la cotidiana realidad a la que pereces si no vistes tus sueños de propósito y tu propósito de sentido, y si no ves que el sentido tiene sus raíces en el firmamento y sus manos en la Tierra.








viernes, 4 de abril de 2014

NO TE DES LA ESPALDA




No le des la espalda a lo que eres.
Lo que eres te trasciende, vive a través tuyo, es tu ser verdadero alejado de todo sueño en el que soñar no sea vivir. Y vivir no sea amar la vida y el despertar del durmiente.

No te des la espalda a ti mismo ni para ver tus alas. Están hechas de luz, como estrellas que tejen plumas luminiscentes, porque de luminiscencias están hechos los caminos que viniste a recorrer. Pero los ves embriagados de dolores de parto, como si cada momento te abocara a un nacimiento en el que vivir significa traer a la luz con dolor.

En tus pasos dados vivo Yo y en aquellos que esperan ser caricias de un camino que, labrado a llanto y risa, desean ser realizados sin pesada carga que portar.

Al caminar te caminas, al besar el tiempo pesadas cadenas recaen sobre ti, al forjar tus miedos conviertes en dura roca la sutil esencia que te anima. Pero cuando te ves tal cual eres, lo que eres: ser radiante, amante de la vida, mano tendida, gozo sin sollozo, bendición de la razón que se aparta y cristalina roza el cielo y convierte en flores pensamientos sin colores…, tocas con las nubes las puntas de tus dedos y en tu cielo, en cada cielo, descubres que amores como sones de la vida florecen como dones.

Así que no le des la espalda a lo que eres porque, si lo haces, el olvido que arrastras en este mundo de tiempo y miedo se volverá pesada losa sobre todo recuerdo y todo afán por descubrir los misterios de la vida.

No le des la espalda a lo que eres, no reniegues sin renegar de tu propia luz y del corazón que late en tus entrañas. No mueve sangre, ni líquida esperanza de acumular días como piedras o como flores. Lo que late es el alma.

No le des la espalda a lo que eres. Porque, aún no sabiendo lo que eres, lo sabes pero lo olvidas y echas a tu espalda las heridas no el vuelo, ni las alas, ni el viento, ni el más puro sentimiento ni la luz que lo compone, ni el cielo que te cobija porque, siendo lo que eres, cuando miras allá arriba sencillamente miras.

Y el más puro sentimiento no será como un lamento derramado por el viento, sino luces de colores vestidas de mil flores que adornan el santo rostro de lo que eres. Te has vestido con olvido y olvidado pereces a lo que parece. 

El águila se vistió de viento y el viento de atardeceres que buscan ser amanecidos, como tiempos que en presente merecen ser vividos como instantes permanentes.
Se lo que eres y aléjate del olvido.