Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

domingo, 31 de enero de 2010

HE VISTO UNA LUZ



He visto una luz, cada mañana, a cada momento, en el instante preciso. Una luz compañera, cercana, acompañante.
He visto una luz que permanece acomodada en mis pensamientos, en mi camino, en mis acciones, en mis sueños.

¿Es quizás el fruto de un sueño lúcido, donde el ser resplandece en su contacto con otra estrella viva que se viste con nombres y apellidos?.
¿Dónde está la virtud de mis días, mi consuelo, aquellos ojos sonrientes capaces de sacarme del más profundo ocaso?.

Esa permanencia sonora, que acaricia mis oídos con palabras brotadas de un corazón amado y que me ama, late al ritmo que yo lato, siente al ritmo que yo siento, como si fuéramos uno solo, como si el viento y la brisa se hubieran aliado en un mismo aliento.

Siento cómo el corazón se expande cuando pienso en ella, cómo mi espíritu se agita cuando pienso en ella, cómo me recojo en su interior cuando preciso el cobijo de la amada.

Es mi corazón el que late en el suyo, es el suyo el que late en el mío; pasos unísonos que comparten pulsos de luz en la conciencia, instantes eternos compartidos e impregnados de besos.
No es que seamos el uno para el otro. Es que siendo uno somos el otro.

EL PRIMER PASO


Está ahí, tan inmediatamente cercana que podría gritarnos al oído y no ser oída, aparecerse ante nuestros ojos y no ser vista.

¿Por qué buscar tan lejos?.
¿Por qué no entender que la simplicidad de la Verdad, de la auténtica iluminación, se encuentra en la inmediatez de nosotros mismos?.

Visitemos la catedral de la conciencia.
Atravesemos el umbral del espíritu.
Paseemos por los jardines de la Naturaleza.
Entonemos el canto de la vida.

Y mientras hacemos todo esto mantengamos la mirada puesta en el horizonte.
No confundamos el principio con el final. Ni la forma con el fondo. Ni las piedras con el camino. Ni al supuesto vocero de Dios con Dios mismo. Ni a cualquier sendero con el sendero del corazón, el camino sin camino de la conciencia, ya que todos parten de un único lugar y a ese único lugar retornan.

sábado, 30 de enero de 2010

ALCIONE (I)


La señal me llegaba de Alcione, débil pero certera. Hace mucho tiempo, cuando el tiempo se cifraba en pulsos de luz distanciados apenas el uno del otro, en aquél tiempo lejano y difícil de recordar, el mensaje de Alcione no dejaba de llegar.

Por alguna causa que desconozco su sistema se sumó a la purga posterior a la rebelión. Imponer el orden sobre el orden, desterrar el advenimiento de las sombras fue una tarea para la que solo los hijos de la Luz podían estar preparados. Pero quizás ni tan siquiera ellos, los unigénitos del tiempo y de la Luz, estaban suficientemente preparados. ¿Cómo era posible que co-crear tiempo y espacio, combinándolos, pudiera dar paso a una generación perversa y rebelde cuyo único propósito no era otro que adquirir el control del destino final y del previo desenvolvimiento del Cosmos?.

Por eso, aunque la señal débil de Alcione era suficientemente explícita, nunca fue suficientemente atendida. Por eso ahora los hijos del tiempo vuelven la vista atrás con la esperanza de que un retorno al menos accidental en la línea del tiempo pudiera ser suficiente para tomar ventaja en la pugna diaria entre la Luz y las sombras.

La pregunta que todos nos hicimos fue por qué el sistema de Pléyades permaneció inicialmente inmóvil y ajeno a la gran hecatombe. Por qué la aguja del tiempo empezó a fluir en una sola dirección y ellos no hicieron nada para impedirlo, ocupando como ocupaban un papel clave en la custodia de los sellos de luz, los siete sellos que mantenían cohesionado los siete tiempos primordiales.

Alcione, la guardiana del tiempo, avisó reiteradamente del peligro existente de parte de los sistemas exteriores al Universo conocido. ¿Por qué entonces Pléyades no puso a salvo los sellos y no hizo lo imposible por protegerlos?.
Desde entonces el tiempo corre direccionalmente en esta parte del universo, afectando al microuniverso de doce galaxias donde se engloba la Vía Láctea.

Quizá si Pléyades no hubiera colaborado con su pasividad ahora la situación sería bien diferente. Porque en el ocaso del tiempo, en su momento final, lo que devendrá será un retorno al origen. Y en el origen reinaba el caos, el desorden imperante en el que tiempo y espacio pertenecían a esferas diferentes de la creación, y se combinaban aleatoriamente sin orden previsible.

Esto vendría a significar la desaparición del Universo y la destrucción del tiempo único, el original. El ser humano, las humanidades, dejarán de existir; y la cultura, las obras creadas, los logros de unos y de otros, la más alta gama de la civilización, desaparecerán. Y todo pasará a formar parte del universo extra-radial en el que la sombra y la duda reinan.

El papel desarrollado por Sirio fue fundamental. Su papel instigador del sentido de responsabilidad en el resto fue muy importante. Como cuidadores de sistemas, como sembradores de ciencia, de inteligencia, como cuidadores de formas de vida y de mundos no podían permanecer al margen. Discreparon fuertemente con pleyadianos, pues estos pudieron haber jugado un papel fundamental y decisivo, pero quizá quisieron sacar provecho de una situación presumiblemente ambigua, o quizá sencillamente fueron pasivos porque no fueron previsores. Sea como sea perdieron los siete sellos, y se abrieron, poniendo en marcha el proceso de degeneración del tiempo y del espacio por el que atraviesa nuestro universo local desde entonces. Y ahora hay que detenerlo.

Alcione siempre tuvo razón. Ahora luchamos contra el tiempo, y nos volvemos temporales para combatirlo.

martes, 26 de enero de 2010

EL ALETEO DEL ÁNGEL




Aquella tarde salí a pasear. Después de tantos años de incertidumbre aún andaba perdido, deambulando por las circunvoluciones de un extinto recuerdo, de la más primordial memoria, del secreto de mi propio origen. Quizás hoy pudiera encontrar la respuesta.

Al mirar al cielo de mi propia inquietud, descubrí algunos nubarrones atenazados a la luz de un Sol de la conciencia que se esforzaba en tomar posesión de mis más ancestrales olvidos. ¿Cuándo podría rasgar por fin el velo de mis más profundos secretos, aquellos que dormitan en lo más hondo de la primigenia memoria perdida?.

El cauce de un río próximo, de aguas cristalinas, captó de una forma poderosa y suave mi atención. El reflejo del Sol sobre su mansa superficie me hizo pensar en la vida como en un fenómeno del río de la existencia, que refleja la luz de la auténtica conciencia de una forma velada, al tiempo que profunda, y en constante movimiento. ¿Pero acaso el Ser no permanece y es mi mente quien se mueve?. ¿Cómo podría recobrar aquella Primigenia Memoria, aquél recuerdo trascendente, que rescatara del olvido mi auténtica naturaleza?.

A voces en mi interior lance a mis espacios infinitos la sagradas preguntas que me persiguen desde cada uno de los todos que componen mi todo:

¿Cuál es mi verdadero nombre?.
¿Qué y quién soy en verdad?.
¿Qué cuna del espíritu me vio nacer hace eones de tiempo?.

Como si de un sueño se tratase, la muda voz de la brisa me susurró al oído:

Mírate en la belleza de todo cuanto acontece y te rodea ”.

Miré a mi alrededor, y todo cuanto pude observar irradiaba la maravillosa presencia de la perfección. Las piedras, los árboles, el mismo río..., todo era perfecto en sí mismo. Y, al tiempo, todo dependía de mí, de mi mirada, de mi estado. ¿Acaso todo cuanto veo no forma parte de mí?. ¿No soy acaso un fragmento de todo ello?.

En mi paseo, al tiempo que conversaba hacia mis adentros con la santa presencia de la soledad, mi incansable búsqueda me hacía tocar las puertas del corazón de cada una de las criaturas que habitaban aquel maravilloso paraje de la conciencia. Cada uno de estos seres parecía gritarme en silencio, dirigirse a mí como quien le habla a un perdido hermano de frágil memoria.

"¿Cuándo te unirás conscientemente a nosotras?, parecían decir las amapolas.


¿Cuándo tu corazón mirará a través de tus ojos, y tomará posesión de tus manos?, coreaban algunas rocas.
¿Cuándo levantarás el vuelo del espíritu, y descubrirás lo pequeño de lo grande y lo grande de lo pequeño?, casi cantaba el águila en su majestuoso vuelo".

"Quizás la gran familia de la humanidad no es otra realmente que la gran familia planetaria", reflexionaba en voz alta mientras cruzaba el puente. A fin de cuentas, todo cuanto veía a mi alrededor no era otra cosa que mi verdadero hogar, el habitáculo de mis búsquedas, de mis preguntas y respuestas. Un mundo repleto de iguales, vestidos con ropajes diferentes y con cometidos distintos, que acompañan su caminar con diversas melodías integrantes todas de la sinfonía de la vida.

Durante mi paseo, en el quieto deambular de unos pies imaginarios acostumbrados a viajar de mundo en mundo, de estrella en estrella, volvía a encontrarme con la raíz de las más primigenias preguntas, de los más ancestrales misterios. Por eso, al cruzar el puente que une la realidad del Ser con la fragilidad de la Memoria Primigenia, puse toda mi atención en el caminante que pausadamente se dirigía hacia mí.
Al ver su rostro con sorpresa descubrí que era mi propio rostro. Y le pregunté:

“¿Quién eres tú, que adornas tu alma con un rostro como el mío, como si expresión de una conciencia escindida fuera?”.

Serenamente, como si conociera la respuesta a toda pregunta, me contestó:

“¿Acaso no sabes reconocer que el rostro de cada hombre es igual al de cada hombre?. ¿Desde qué recóndito lugar de tí mismo te buscas que aún no has aprendido que todo cuanto ves fuera vive dentro de ti?. No alimentes el sueño de lo diferente, del observador y lo observado, pues en la raíz de cada incógnita está su propia respuesta, en el inicio de cada camino está el final del mismo. El secreto de la Memoria Primigenia habita en tu propio laberinto.”

Un relámpago, seguido de un trueno, atrajo mi atención. El cielo parecía haberse quebrado.


Como si de una broma de la conciencia se tratase me encontré sentado en mi sillón, ante la blanca pared que de vez en vez me veía meditar. Comenzaba a llover, y a darme cuenta de dónde estaba realmente.

Mi viaje por la conciencia empezaba a parecerme producto de un sueño. Sin embargo, aún atesoraba la sensación de absoluta realidad que en todo momento me había acompañado.


Quizás en este momento, al abrir los ojos, estaba realmente soñando.


¿Acaso no me encontraba ahora apresado por la férrea jaula de quien se cree limitado?. ¿Acaso no es tan cierto el vuelo del águila como el aleteo del ángel?.

lunes, 25 de enero de 2010

ACOMPÁÑAME


El Gran Espíritu que todo lo sostiene me dejó en este mundo, según el tiempo de los hombres, el 26 de enero de 1961.
Desde entonces, y hasta ahora, Miguel Ángel no ha dejado de buscar y hacerse preguntas, de buscarse y preguntarse.

Mirar al cielo es mirar al origen del hombre, a su pasado, pues en las estrellas se encuentra el hogar de nuestros ancestros, la casa del Padre, el principio y el fin de nuestros días.

Como ser humano, como conciencia de un ser definido en un espacio y en un tiempo específicos, mis luces y mis sombras siempre me han acompañado, como si de un guión prefijado de historias alternativas se tratase.

Hoy es el tiempo de la comunicación, de la voz del silencio hecha canto sonoro del espíritu a través de la red.
Hoy es el tiempo de compartir con vosotros el claro oscuro de la luz de la Luna en la noche de mis días, y el brillo del Sol en el despertar de mi conciencia. Y el tiempo de hablar desde el corazón a los corazones. Por eso te pido que me oigas en el silencio y me leas con los ojos cerrados.
En la medida en que tú despiertes yo despierto.

Acompáñame en mi camino y seré como tus pies descalzos sobre la arena de la playa: efímero tránsito borrado por las olas del tiempo, pero sendero caminado en la frontera donde los dos mundos se rozan y se confunden a veces.
Acompáñame en mi camino y yo estaré en el tuyo.
Bienvenido a mi vida.
Feliz encuentro en la luz.

QUIÉN ES MIGUEL ÁNGEL DEL PUERTO

Escritor, poeta y articulista, ha publicado sus trabajos en prensa local y en revistas del sector del misterio, publicando su primer artículo en prensa escrita a los catorce años. Colabora con radio y televisión de manera habitual desde hace tres décadas, ha dirigido y presentado programas de radio y televisión, e impartido un número importante de conferencias.

En el tiempo en que lo alternativo y paranormal era una extrañeza que empezaba a abrirse camino en la sociedad española (allá por los 70), y a pesar de su temprana edad, formó parte muy activa y después dirigió (en la siguiente década) el Centro de Investigación de Ciencias Especiales (CICE) de Málaga, asociación que marcó una época y ocupó su espacio en el panorama del estudio e investigación de los fenómenos extraños en España.
Su pasión y sus búsquedas, aunque exploró otros campos, pronto sintieron la gran atracción de los ovnis, siendo un ufólogo de la vieja escuela que, aún hoy, mira atentamente al cielo cada día por si “ellos” están ahí.
Conjuga en su persona la visión del investigador y la del testigo o experimentador, pues ha desarrollado un número importante de experiencias en diversos campos convencido, además, de la importante herramienta que significaba investigarse a sí mismo.

En 1996 publicó “Los senderos del arco iris” obra que, bajo la forma de prosa poética, aborda una visión de la realidad desde un punto de vista trascendente. Convencido desde muy joven de la naturaleza espiritual del ser humano esta perspectiva no le ha abandonado jamás, visión que desde su juventud ha venido reflejando en sus escritos.

Junto a Celia Iñiguez, su esposa, ha recorrido medio mundo en busca del misterio, en pos de respuestas que vinieran a traer luz sobre algunos aspectos de la antigüedad, visitando gran parte de los lugares de poder más interesantes del planeta y los focos civilizadores más importantes de la antigüedad. Han dejado en ellos una especial impronta sus viajes a Guatemala y Tíbet.

En 2006 descubrieron el efecto fotográfico negativo de la síndone de Noalejo, una réplica de la sábana de Turín realizada en el siglo XVI y que hasta ahora había pasado desapercibida; suponiendo este descubrimiento un importante punto de inflexión en lo concerniente al llamado Santo Sudario.
Ese mismo año se hicieron con su personal refugio en la Alpujarra granadina, al que bautizaron con el nombre de Shambala, la ciudad de la Luz y de los inmortales, desde donde simbólicamente irá transmitiendo en este espacio su personal perspectiva del mundo y del universo en el que vivimos.