Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 26 de agosto de 2011

SAGRADO ESPIRITU DE LA MONTAÑA



Me entregué al viento. Mirando aquellas montañas, me entregué al viento. Cerraba los ojos, y le decía: qué me cuentas viento..., qué me cuentas...
Y me decía a mi mismo: voy a abrir mis sentidos a ver qué me cuenta el viento, qué historias me trae desde lejanas tierras...

Frente a las montañas... Las palmas de las manos al viento para sentirlo mejor y ser más uno con él, y recibirlo con todo mi ser... Y me dejaba llenar.
El viento era un mensajero..., y yo solo debía estar presto a escucharlo.
¿Qué me traes, viento...?.

Y miraba las montañas..., que cautivaban mis sensaciones por minutos y minutos de las cadenas del tiempo que nos contiene. Hasta que la insonora voz, la que de vez en vez rompe mis murmullos de aprendiz de despierto, me dijo:

- No son montañas...

- Si no son montañas, qué son..., pregunté.

- Son cuerpos, dijo.

- ¿Cuerpos?..., volví a preguntar.

- Habitados por los espíritus de las montañas...

Y entonces, una extrema claridad se adueñó de mí. Y las certezas, y las sensaciones, de los grandes espíritus de las montañas llegaron hasta mí, arraigando en mi interior, haciéndome saber sobre ellos, reconociendo profunda e inequívocamente su presencia.

Las montañas me cautivaron, y proseguí mi camino, acercándome a ellas. Me hicieron regalos en la forma de hallazgos, y me transmitieron sus bendiciones. Oyeron mi voz, y yo oí las suyas. Me acogieron como si uno más de sus muchos habitantes fuera.
Me sentí integrado, acogido, sentido, escuchado, plenitud caminante que se sabía acompañado y querido por tan grande ser...

Un gran espíritu habita las montañas que nos llevan a Bobastro... Me ha abierto su corazón, y he entrado. Me ha tendido su mano, y la he cogido. Me ha indicado el camino, y lo he seguido. Me ha dejado ser uno con la montaña, y lo he sido.
Volveré.





viernes, 19 de agosto de 2011

LIBERTAD Y REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA



La mente y sus entresijos te roban libertad:

El miedo te roba libertad.
El apego te roba libertad.
La inseguridad te roba libertad.
El deseo te roba libertad.

Creerte libre te roba libertad.
La seguridad también te roba libertad.
Te roba libertad la distracción...

La libertad está asociada a la conciencia.
Todo aquello que te aleja de ser consciente, y del instante presente, te roba libertad.

La libertad está asociada a su propia búsqueda, al fin que la justifica y al hecho de permitir que cada ser decida conscientemente sobre su propio devenir. Pero nada de esto es posible si no somos verdaderamente conscientes. Nuestro destino solo nos será verdaderamente revelado desde nuestra conciencia, desde lo que en verdad somos. Por eso hay que liberarla.
Para conocer y para ser libres, debemos asumir nuestra responsabilidad como seres habitantes de este mundo, de este espacio. Y para saber esto y asumirlo, tenemos que conocer.

Para ser verdaderamente conscientes tenemos que despertar en este sueño que llamamos realidad. Para despertar, la premisa inicial que conduce a ello es saberse dormido y decirse a sí mismo: “Estoy dormido. Quiero despertar, abrir los ojos y ver.”
Para despertar tenemos que alejar los miedos que genera la inseguridad que, a partir de ese momento, siente el ego (que teme desaparecer). Debemos huir también de la seguridad que aporta el ego, al tenerse a sí mismo por una estructura psicológica, y de conciencia, estable.
La estabilidad del ego radica en su rigidez. La libertad radica, en parte, en la flexibilidad de la adaptabilidad, y en la siguiente substancialidad: si no hay movimiento no hay libertad. Porque la libertad no busca la uniformidad, sino la diversa posibilidad de saberse único, irrepetible e irreemplazable en la búsqueda de la Luz, diverso y único a la vez, parte y todo a la vez, latido y descanso a la vez, experimentador de momentos exclusivos en su propia existencia y naturaleza.

No es que todo te robe libertad. Es que la esencia de la libertad radica en el no apego, y en la conciencia de que la libertad existe porque nosotros existimos, y viceversa, y en parte justifica nuestra existencia.
No somos verdaderamente si no somos libres. No somos libres si no somos verdaderamente.

Básicamente, la libertad no es una meta, es un camino, un estado, un nivel de la conciencia. La más de las veces la búsqueda de la libertad se inicia cuando se toma conciencia de que se ha perdido o de que no se tiene. Deviene, por tanto, de un acto de conciencia. Pero ha de venir de un acto de auténtica conciencia. La libertad, la auténtica, la que habita en lo más profundo y en lo más hermoso de la condición humana, trasciende abrumadoramente la cárcel de las ideas, la cárcel del pensamiento, la cárcel de las horas y de los apegos.

Por naturaleza nacimos y somos libres... Pero nos han hecho creer que ser libres consiste en tener más posibilidades de elección entre productos de mercado, más posibilidades de elección en el supermercado de la política, que somos más libres si más tenemos y tenemos mayor posibilidad de consumir... Y a cada paso que damos, somos menos libres y estamos más hipnotizados. Porque caemos en la uniformidad y en la alienación, y en la complacencia del sistema, en el adormecimiento de la mente y, así, en el olvido de lo más substancial.

La revolución que cuenta es la revolución de la conciencia. Esta es la que nos traerá, a cada uno de nosotros, la libertad que añoramos y buscamos.
El deseo de libertad nace porque somos seres libres que saben que no lo son. Somos aves encerradas en jaulas de oro. El ave es el espíritu, el sostenedor de la conciencia. La cárcel de oro, la mente y todos sus entresijos.