Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 22 de abril de 2016

A CERVANTES CON HUMOR (DON QUIJOTE Y LOS OVNIS)

Fotografía tomada de internet, propiedad de Pau García Solbes


(Con motivo del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, que pasara a mejor vida el 22 de abril de 1616).


“- ¡Que no son ovnis sino molinos de viento!.  Díjole Sancho al caballero de la triste figura cuando se enfrentó a aquellos gigantes que jugaban con el espacio y el tiempo, y ponían en duda el magín del más renombrado mago o poeta.

- ¡Que no son ovnis, sino molinos de viento!. Gritaba una y otra vez desde la atalaya del cerebro izquierdo un escudero rechoncho y asustadizo, más ocupado en devorar quesos y panes que libros de caballería, y mucho menos libros que hablaran de ovnis y de encuentros cercanos.
Las escudillas volantes quedaban muy lejos de un Sancho ancho y pancho, ocupado en sobrevivir y no en pensar no fuera que de tanto pensar se le derritiera el seso.

Pero eran ovnis, no eran molinos de viento ni gases de los pantanos, ni ingenios volantes al uso de los humanos, ni miedo a reconocer la supina ignorancia que nos gobierna siendo como somos tan ilustrados.

Aquella vez el Ingenioso Hidalgo tenía razón. Tanta razón tenía, y tan ciego estaba Sancho, que terminó fablando con el rocín flaco y desgarbado que soportaba el peso más de su armadura que de sus huesos:

- ¡Rocinante, amigo mío, alejémonos con presteza, que con poca sutileza nos llevarán de este mundo. Y temo el infortunio de no ver más a Dulcinea!.”


No es perversa la arrogancia si, como perfume o fragancia, acaricia los sentidos con propuesta y contenido… literario, pervertido, con el humor más desbordante o con el más comedido, desafiante al petulante y conversor del compungido en caballero andante, con caballo, quijote sin Sancho o sin molinos… Si Quijote fuera Sancho ser soñara. Si Sancho fuera Quijote fuera la quimera.

El humor nunca es dañino. Lo que daña es no entender que, hilando fino, del humor al amor solo hay eso: fino hilo de sonrisas, carcajadas, trenzas del cabello de la amada. Dulcineas generosas que salud rebosan sin pensamiento fino, pero atinadas voluptuosas que en la posada te hacen gritar… “¡Mesonera, más vino!”, y luego vino lo que vino. Tiempos ha que en los caminos ni lazarillos ni escuderos, mucho menos quijotismo.

Así que disculpad mi atrevimiento, pues después de tanto tiempo le he puesto ovnis al universo cervantino.


                                         Gracias, Miguel, por tu legado. Y no me tomes en cuenta esta broma… o sí.




viernes, 15 de abril de 2016

EL MAR, LA MAR



Viento y sol. Agua y fragancia de mar embravecido que aturdiendo espuma desborda agua y salpica de pensamientos tumultuosos su faz cristalina, donde el cielo se mira.

Nubes, tormentas. Lluvia que se deja querer por la gran madre que la trajo al cielo y al mundo. Su mar, la mar, el mar de siempre que sin tiempo cuenta el tiempo a la vez que sosiega, pues nunca el mar (ni siquiera embravecido) viene a turbar el ánimo.
 

Latidos agolpados en segundos que rugen sin abrir fauces, sin cerrar ojos. Millar de tambores y tubas, y chelos, y corazones palpitando en uno solo y en cada uno de los que sienten el mar, la mar. La siembra sin siembra, el cielo al alcance de las manos, ladrón de almas, voz de lamentos.

Estrellas que caen sobre la orilla crepitan como brasas sobre el agua. Arrastran arena y piedras, y la espuma estalla. Se acercan y se alejan, meteoros de espuma blanca y tañido de sueños que van y vienen.

Espacio infinito. Cobijo de almas que hacen su camino a nado. Maman de sus madres y amamantarán a sus hijos, como si fueran humanos que no aprendieron a caminar, como si fueran ángeles sin blancas alas que vuelan flotando, que gravitan en brazos de la mar, del mar… y miran al hombre esperando comprensión.

Hubo un tiempo en el que el mar era el cielo más cercano de los hombres. Y sobre su rostro azul y verde, gris y blanco, rojo y naranja…, según el alma de los cielos, hacíamos nuestros caminos. Tocarlo era viajar y regresar a casa. Salir del mundo y descubrir otro mundo, y regresar a casa. Salir del mundo y hacer el mundo más grande, y regresar a casa. El mar, la mar, lo era todo porque todo lo daba, daba la vida y daba la muerte. Se llevaba a los hombres y traía lágrimas, como alegrías, como esperanzas… El mar no era tan solo el mar.







lunes, 4 de abril de 2016

IMPOSIBLE NO ES POSIBLE



Imposible describir, que describo, momentos vividos en la inmensidad más inmediata y en la más interna. Interna por precisa y diluida, donde la mente parece que desaparece porque intensa dilata tiempos en momentos sin tiempo. Imágenes y fragancias, voces y crepúsculos del alma, vuelos a ras del suelo. Y en instantes cobijados por incógnitas inicialmente indescifrables.

Imposible por decir algo. Porque palabra es sin sentido que sentido adopta a la luz del ego, que despertar piensa porque dormir quiere. Y que siente que asienta concreciones vanas, como verdades que atontan como alondras que graznar quieren pensando en canciones, no en devociones, que aligeran peso y alas despliegan.

Imposible como cierto lamento que indicar indica que el tiempo, sustrato del mundo que caminar quiere midiendo pasos y contando besos, es una cárcel de extraña luz que agosta el rostro y recoge vanidades arrastradas por ríos caudalosos, ríos reos del amanecer y el ocaso.

Imposible, palabra desterrada de mi vocabulario. Imposible no es posible.