Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 26 de abril de 2013

MI GRAN INVOCACIÓN




Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
desde donde se expande y propaga la conciencia
y se siembra como principio de todo principio
en cada parte que compone al Todo,
Que llegue la Luz a la mente de los hombres.
Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
donde todo está contenido,
desde donde la vida y su pulso se extienden por cada rincón del Universo,
Que el amor llegue a cada corazón.
Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida.
Que la vida de los hombres se llene de sentido
y el sentido guíe sus pasos
y sus pasos hagan el camino que deben hacer.
El camino y el sentido que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres.
Que los pasos dados en la oscuridad se conviertan en pasos dados en la luz
y que los designios del Nuevo Tiempo cumplan el plan de Amor y Luz para los hombres.
Y la puerta donde el mal se halla se cierre para siempre.

Que la Luz, el Amor y la más sublime Voluntad reinen en la Tierra
y en la Tierra permanezcan por los siglos de los siglos.






Inspirado en "La Gran Invocación" (Alice Bailey, 1880-1949), 
incluida en su obra "Tratado de los siete rayos" 








viernes, 19 de abril de 2013

GRAN TODO UNO





Gran Todo Uno, Espíritu de la Vida, el que acuna mi sueño de ente despierto dormido en el hombre que cree ser. ¿Cuánto tiempo habré de seguir viviendo el sueño del dormido que despierto cree soñar su propia vida y viviendo cree dormir su propio sueño?.

Cuando abandoné mi casa primera,  siguiendo el trazo de luz en espiral que conduce al Sol que alumbra los días de los hombres, dejé atrás sin dejarla mi propia historia, pues me envolvió el olvido primigenio. Y ahora, armado con el verbo que me otorgas en mis momentos silenciosos, recobro destellos de luces desprendidas de espacios sin tiempo, para tejer los caminos que habremos de andar como hombres silenciosos que, al caminar, estremecen los suelos y hacen vibrar los mares, y vibran al son de la música de la vida.

¿Cuántos amaneceres, cuántas puestas de sol, cuántas olas contra la fina arena he contemplado?. ¿Cuántas miradas habré dirigido al infinito?. ¿Con cuántos ojos he cruzado mi alma?. ¿Cuántas sonrisas he regalado?. ¿Y cuántos desencuentros con el destino y sus caminantes habré vivido al cabo de esta vida?.

Gran Todo Uno, Espíritu de la Vida, ¿cuándo permitirás que despierte y abra mis brazos de luz y se conviertan en alas de arcoiris y surque los espacios siderales al fin libre?. Y libre de temores y tenazas de un cuerpo finito pero arrogante, de un tiempo inexistente pero del que soy cautivo. ¿Cuándo habré de levantar el vuelo y, al volver la vista atrás, veré la Tierra azul de los hombres que fuimos?.

Cuando me siente en la cumbre de mi montaña primigenia y me deje acariciar por los copos de nieve que me llueven desde tu rostro dorado, esperaré que me llames por mi nombre verdadero y disipes mis sueños de humano y retires el velo que cubre mi templo. Y cuando me digas “abandona ese cuerpo y regresa a casa” yo te rezaré:

Gran Todo Eterno, el sin tiempo y sin fin, el que anima la música de las esferas y el giro de los planetas, el destello de las estrellas y el regreso de los cometas. Te doy las gracias por verme a mi mismo en el mar sin tiempo de los antepasados, cada vez que vuelvo mi mirada al cielo estrellado y reconozco mi hogar, porque al verme en él me recuerdo y te siento.

Gran Todo Uno, Espíritu de la Vida, el que anima el susurro del viento y el canto de los pájaros, el que da vida a los ríos y espíritu a las montañas, el que anima la risa de los niños y permite que la vida fluya desde su nacimiento hasta su aparente fin, por los días de los días y desde que el mundo es mundo. Te doy las gracias por cada día y cada noche que he respirado y caminado bajo tu cielo y sobre esta Tierra.

Y cuando haga de nuevo mi camino entre los hombres, y pise sus campos, y me pierda en los recodos del camino,  y el río de la vida se lleve mi recuerdo y lo vuelva a llevar desde la fuente a la mar y desde la mar a la vida. Cuando el viento se lleve todo cuanto he hecho y solo queden aromas de lo que he sido..., déjame recordarte para que mi sueño sea despierto y mi despertar no sea un sueño. Porque regresaré vestido de violeta, con la llama prendida en el corazón, y entonaré el canto de la vida. 










viernes, 12 de abril de 2013

DONDE MORAN LOS ESPÍRITUS






En las altas montañas, en las cumbres escarpadas, en los picos nevados, en las profundas llanuras bañadas en sus entrañas por piedras de colores cristalinos, por aguas que acarician su semblante.

En las rocas, en las grandes rocas que adornan y recortan el horizonte, en las cavidades que como vientres custodian a los espíritus del tiempo y de los antepasados.

En las vertientes de limpias y frías aguas que bajan raudas a cumplir su destino allá donde todo es calma o la más rugiente bravura.

Cuando el ser me lo pide y siento temblar la vida bajo mis pies mis alas necesitan cubrirse de viento y sonrisas aéreas, de atardeceres y piedras crujientes, de caminos andados entre la espesura.

Cuando el ánima me lo pide, porque se siente cansada de los bosques de semáforos y de los ríos de cemento, me retiro a mis lugares de poder donde los duendes y las hadas, los antiguos moradores y los sabios espíritus de las montañas custodian los últimos lugares donde el secreto de la vida aún puede verse en las flores, en el sol poniente y en la áspera caricia de las piedras.

Donde moran los espíritus mora mi energía y el cuerpo que la recubre me acompaña en mis viajes sin destino, sin camino previsto y sin hora de vuelta.

Donde moran los espíritus mora mi búsqueda y el encuentro de la voz interior que me dicta en silencio el sendero a seguir.

Donde moran lo espíritus me esperan con los brazos abiertos, porque allí juego a detener la mente y parar los pensamientos y a dejarme oír por el que nunca oye.

Donde moran los espíritus es el hogar del hombre, no el del hombre que se viste de lo inútil y por lo inútil cultiva el tiempo y pierde la alegría.

Donde moran los espíritus es el hogar del hombre que se viste de colores, de luces de colores, con ropajes que se tiñen de malva o de azul claro o de rosa pálido, según sus pensamientos.

Donde moran los espíritus me pierdo y me dejo observar por guardianes que me abren paso y custodian mi camino. Y al final de la jornada, cuando el Sol se apaga, y los ojos de la vida se encienden en el techo azul con nubes blancas que dibujan mi semblante, porque en él me veo y en él me hallo, le canto a las estrellas la gran verdad del viajero: Todo camino se anda bajo el cielo.












viernes, 5 de abril de 2013

SILENCIO






Para oír debe haber silencio. Nada puede tronar dentro.

Para ser oído debe haber silencio. No debe haber murmullos de mentes en movimiento, de palabras inaudibles que resuenan como torrenteras de pensamientos.

Para oírte debes estar en silencio. ¿Porque si no acallas el trino de tu mente, el cantar de tus sueños, el ruido de tus miedos..., cómo vas a oír tu silencio y la voz que se derrama cada vez que, en verdad, estás callado?.

El silencio lo contiene todo. El silencio lo llena todo. Nace de la plenitud y del vacío, de la totalidad y de la nada. Se contiene a sí mismo en su propia vacuidad y se llena de todo en su intrínseca plenitud.

Para verte a ti mismo debes verte no solo en el silencio sino en la claridad de la soledad más absoluta, en la ausencia más meridiana de toda forma vacía o llena pero carente de sentido.

Para mirarte y verte debe reinar el silencio sensorial de la visión. Porque solo podemos vernos cuando sólos nos miramos, es decir, en la más absoluta vacuidad, para encontrarnos así en la plenitud.

Para vaciarse hay que llenarse. Para llenarse hay que vaciarse.

Cuando acallas la mente, cuando la silencias y no se oye mas que el silencio atronador de la soledad compartida contigo mismo, entonces es cuando puedes oírte a ti mismo y reconocer la sagrada voz interior. Mientras exista murmullo, torrentera de palabras, de ideas, de pensamientos que se escapan a llenar el hueco dejado por el segundo de silencio..., mientras exista todo esto solo tendrás atisbos y susurros de la voz interior, de la voz del silencio.

Para que todo te hable tienes que estar callado. Acalla la mente y despierta.




                  

                            A Cayetano, quien me sugirió escribir sobre el silencio