Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 5 de abril de 2013

SILENCIO






Para oír debe haber silencio. Nada puede tronar dentro.

Para ser oído debe haber silencio. No debe haber murmullos de mentes en movimiento, de palabras inaudibles que resuenan como torrenteras de pensamientos.

Para oírte debes estar en silencio. ¿Porque si no acallas el trino de tu mente, el cantar de tus sueños, el ruido de tus miedos..., cómo vas a oír tu silencio y la voz que se derrama cada vez que, en verdad, estás callado?.

El silencio lo contiene todo. El silencio lo llena todo. Nace de la plenitud y del vacío, de la totalidad y de la nada. Se contiene a sí mismo en su propia vacuidad y se llena de todo en su intrínseca plenitud.

Para verte a ti mismo debes verte no solo en el silencio sino en la claridad de la soledad más absoluta, en la ausencia más meridiana de toda forma vacía o llena pero carente de sentido.

Para mirarte y verte debe reinar el silencio sensorial de la visión. Porque solo podemos vernos cuando sólos nos miramos, es decir, en la más absoluta vacuidad, para encontrarnos así en la plenitud.

Para vaciarse hay que llenarse. Para llenarse hay que vaciarse.

Cuando acallas la mente, cuando la silencias y no se oye mas que el silencio atronador de la soledad compartida contigo mismo, entonces es cuando puedes oírte a ti mismo y reconocer la sagrada voz interior. Mientras exista murmullo, torrentera de palabras, de ideas, de pensamientos que se escapan a llenar el hueco dejado por el segundo de silencio..., mientras exista todo esto solo tendrás atisbos y susurros de la voz interior, de la voz del silencio.

Para que todo te hable tienes que estar callado. Acalla la mente y despierta.




                  

                            A Cayetano, quien me sugirió escribir sobre el silencio









8 comentarios:

  1. Muy hermoso Miguel Ángel. Saludos y gracias por tus inspiradoras palabras.

    ResponderEliminar
  2. No hay nada más hermoso que ver solo gestos y actos rodeados de silencio. Es la hora de que ellos hablen y así, en ese silencio, una encuentra la textura de una caricia o el color de una mirada. Apenas se interrumpe nada desde el silencio. Lo universal sigue su curso y nada se altera en la vibración de esas ondas de colores que vienen, van y nos envuelven.
    Hermoso artículo, amigo.

    ResponderEliminar
  3. Y hermosas palabras llenas de sentido, palabras que te agradezco y que recibo en el corazón. Gracias, mi anónima amiga.

    ResponderEliminar
  4. En ese lugar indígena de chiquillanes y puelches. En ese cajón del maipo, di otro paso hacia el silencio. Cada paso es como estrechar el camino para, no se sabe, si entrar en otro más grandioso o simplemente encogerte en tu humilde pequeñez.

    Tirada cerca de una baranda del río Maipo entendí, desde una extraña vibración, que no se podía alterar absolutamente nada de lo que nos rodeaba y de lo que formábamos parte. La exigencia era fluir o callar.

    Estrechando caminos. Ya no era posible sacar la ira ni acumularla, sino transmutarla. ya no era posible alterar con una palabra, el devenir de las cosas y el cauce de los ríos. Ya no era posible la inconsciencia de nuestra presencia...al menos de la mía.

    Allí, donde se elevan los picachos de la precordillera Andina, supe que solo el silencio era considerado rezo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi desconocida creo que... amiga, acaricias mi alma con tus palabras y la sensibilidad y el camino andado que contienen. Gracias por estar ahí. Extiendo mi mano hacia la tuya. Un saludo.

      Eliminar
  5. Leo esto ahora, después de un profundo momento de ira, que encima no se si lo ha provocado la verdad o forma parte de esas mentiras con las que la gente sobrevive y cuando me planteo:¿ qué es una mentira?, volvemos a rizar el rizo y hasta sobrevivir, es otra mentira, porque nunca hemos tenido que luchar por una vida que Es y no muere pero..hoy la ira me ha podido y he roto el silencio con maldiciones.

    Leo mi propia entrada del 10 de Mayo y recuerdo, siento, y vivo nítidamente aquella percepción en la Cordillera Andina. Aquella percepción absoluta y total de que no se podía alterar nada, pero yo estaba en otro lugar. Respiraba y formaba parte de una vibración que no me atrevía a romper porque romperla era aterrizar en este nuestro mundo y es aquí donde hoy he roto aquella regla. Me he bajado de ese mundo y he aterrizado en el mundo de nuestros juegos o no se si he traído la divina ira a mi lugar porque hay iras que son Divinas. Nacen en algún lugar desconocido. Te arrollan como un huracán y su fuerza rompe toda higuera malparida que se llena de brevas. La diferencia de esta ira es la calma y la ausencia total de rencor Solo anhela deshacer balas que causaran dolor a muchos y después abrazar a quien has herido porque solo el amor queda tras esa ira, pero hasta esa me duele.
    Volver, volver a ese rincón del Maipo. A ese río de aguas marrones que abraza la cordillera y es apenas perceptible desde la magnitud de aquel lugar...pero es el quien abraza y el que llena de agua viva las plantas que lo cubren y las montañas que lo tapan. Puedo sentir esa especie de zumbido que emana de la esencia; que te envuelve, que te abraza y por la que temes hacer el más ínfimo ruido por si desapareciera.Quedito, despacio, como la fragilidad del jazmín, así es ese rincón que a veces no es posible oírlo entre el ruido.
    M

    ResponderEliminar
  6. Sí Miguel Ángel, hay que saber escuchar el silencio...
    Flo

    ResponderEliminar