Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

viernes, 28 de octubre de 2016

EL VIEJO DE LA MONTAÑA: SIRIO

El Viejo de la Montaña contemplaba las estrellas. Su costumbre era hacerlo tras la caída del Sol, cuando este huye tras el horizonte y el paño de oscuridad acaricia el cielo. A la hora mágica, el momento crucial en el que la noche cae sobre la mente y esta se aquieta.

Y al hacerlo las estrellas se movían. Tras la caída del Sol, este penetra en el corazón del hombre y la oscuridad del cielo es la templanza del alma. Y el alma templada brota a borbotones por los ojos. El cuerpo de luz resplandece como a ninguna otra hora. Y las estrellas se mueven. No todas, pero se mueven. Cruzan el cielo y responden al pensamiento. Y entonces las grandes preguntas acuden a él.

Bajo las estrellas el Viejo solo es un sueño que se sueña a sí mismo y que despierta en cada una de ellas. Abre los ojos y despierta hacia dentro, porque hacia fuera solo se puede dormir.

Una noche, mirándolas, el Viejo de la Montaña se preguntó a sí mismo: ¿De dónde vengo?. ¿Qué estrella es mi cuna, la cuna de mi alma?. ¿Dónde se gestó el primer yo que atesoré, antes de migrar de mundo en mundo buscando mi despertar?. Y la estrella reluciente que conocía como Sirio emitió un destello que atravesó su alma. Su luz prendió en él, y prendida quedó para siempre.

Sirio, su benevolencia acaricia los corazones. Y su compromiso no tiene tiempo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario