OTOÑO





Baten los árboles sus brazos quebradizos buscando estrellas, Sol y Luna, como sueños vestidos de destellos color tierra, tierra madre, madre tierra.

Vida que se deja acariciar, desde dentro y desde afuera, como una quimera de cristal teñida de atardeceres. Atardeceres de oro. Dorada luz que viste a hermanos de madera.

Cuando llora el cielo y las nubes parpadean… abro mis brazos y abrazo una vida que se expresa en voces sin voz que susurran vientos de cambio, paradojas del corazón que habla en el silencio y al silencio oye.

Crujidos caminantes, quejidos contenidos en hojas que se mecen en caída silenciosa y corretean sobre la faz del tiempo. Rostros dorados que buscan volar y en su vuelo acarician sueños de despierto durmiente, inspiración que el viento me da como alimento y flores que anidan almas. Y en el viento me siento y volar me dejo.

Al escribir la vida con el viento, con el agua, con la piedra y con la hoguera…, atanor en el corazón donde todo es uno y uno se hace… Amor que desnuda almas y viste caminos. Sostenedor del cielo. Caminante sin camino que al camino se aferra.

Dorada luz que invade los campos y los cielos. Baño de oro intangible. Belleza que besa y pide ser besada. Otoño en el alma. Luz de la luz.










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