Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
El texto y las imágenes aquí contenidos son propiedad de Miguel Ángel del Puerto, y están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual

MÚSICA

sábado, 18 de enero de 2014

EL CAMBIO

Miré a la piedra y le dije: “Camina”. Y la piedra no caminaba.

Miré al árbol y le dije: “Háblame”. Pero el árbol no me hablaba.

Miré al pájaro y le dije: “Cuéntame la historia del viento, la que trae en cada susurro que entre las hojas del árbol se cobija”. Pero el pájaro nada decía.

Le dije al viento: “Cántame y cuéntame tu camino, el que haces de roca en roca, sobre las olas del mar y en el brillo de mis cabellos”. Mas el viento permanecía mudo.

Miré al mar y le dije: “Descúbreme tus secretos, hiela tus olas y siembra esta playa de corales de luz”. Y el mar permaneció impasible, como si sordo fuera o hubiera enmudecido.

Le dije a las estrellas: “Iluminad mis pasos en la oscuridad, bañad de caricias mis pupilas para que el secreto del universo aparezca ante mis  ojos y mi nombre se escriba en el firmamento”. Pero las estrellas ignoraron mis palabras, como si yo mismo no existiera.

Miré al camino y le dije: “Aparta las piedras, conviértete en suave sendero que me lleve de vuelta a casa y, una vez en casa, pueda descansar del dolor y la amargura y de la prueba que se esconde en el vivir”. Y el camino permaneció inerte, como si mis palabras solo fueran un juego para sus oídos de tierra.

Miré a mi hermano, el hermano del alma que cuenta días y busca sueños que cumplir, y atesora preguntas y respuestas como si vivir no fuera mas que un incierto acertijo a descifrar. Y le dije: “Hermano, eres mi maestro, cuéntame el secreto de vivir. Por qué respiramos y el corazón late bullendo de vida”. Y mi hermano permaneció mudo.

Pero al cerrar los ojos y mirar hacia dentro, al cobijo del alma, al hogar donde reposa la hermosa flor de cristal ígneo y rutilante. La voz sin voz, la de la luz que no se ve con los ojos de la cara, se apoderó de mis sentidos, de todo cuanto late en cada poro de mi piel y en el brillo que desprendo. Y me dijo:

“Hacedor de caminos,  eres lo único en lo que puedes cambiar el mundo. Eres lo único en lo que la magia de vivir debe expresarse antes que las estrellas te hablen, la piedras caminen y los pájaros te cuenten el secreto del viento... No hay cambio fuera que antes no se produzca dentro. Hazlo en ti para que se haga en el mundo”.







2 comentarios:

  1. Bellísimo. Muchas gracias Miguel Ángel! :) Te mando un fuerte abrazo, lleno de cariño.

    Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

    ResponderEliminar