Manifiesto

Esta página está dedicada al misterio, es decir, al ser humano, a la vida, al permanente flujo que de ella se desprende y en el que el mismo ser humano transcurre. Mi principal lenguaje para hablar de ello no será otro que la prosa y la poesía místicas, pues son sugerentes, sugestivas y provocadoras de los estados más sutiles, son un lenguaje del alma dirigido al alma. Pero también me valdré de una prosa descriptiva, y también trascendente, para abordar otros misterios que, sin lugar a dudas, forman parte del ser humano y de su vida, de su origen y de su finalidad, misterios con los que convivimos desde que el hombre es hombre y que, por lo tanto, forman parte de nuestro camino y evolución. El universo nos contempla y nosotros lo contemplamos a él.

"El misterio..., solo nos envuelve el misterio"
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MÚSICA

viernes, 23 de noviembre de 2012

ÁRBOL (A UN SABIO Y VIEJO AMIGO)




Cada vez que estoy ante él es diferente, mis sensaciones son diferentes...

Una noche, cuando despertó en mí la percepción que me trasciende, sentí su llamada. Lo vi en la oscuridad..., una oquedad bajo sus raíces contenía una seta gigante..., arquetipos..., arquetipos de un tiempo y un mundo mágicos en el que el hombre es tan sólo una pieza más en el contexto de la vida, en una vida mágica también. Y me dijo: "Ven a mí".

A él he ido en muchas ocasiones y cada vez es distinto, y es distinto porque cada vez es más..., es más lo que siento en su presencia... Me envuelve..., si lo toco siento su energía circular a través de mí, me reconoce y se interesa por la persona ausente, me acoge en su halo de árbol de la vida... Y me cuesta alejarme de él y marcharme.

He hecho un amigo para toda la vida. He hecho un amigo al que no le importa el color de mi piel, que no sea dura y rugosa, ni de madera... No le importa que mis raíces no penetren la tierra y la pisen y se muevan sobre ella. No le importa que mi voz sea sonora y que no surja del viento entre las ramas, porque con él hablo con el corazón, ni le importa que mis hojas sean cabellos.

Cada vez que estoy ante él es diferente...

Ahora ya vuelvo la vista atrás desde mi casa, sin girar la cabeza..., engañando a la distancia... y no solo lo recuerdo, sino que lo veo, lo siento... y se que me siente en ese momento. Es un gran castaño bastante más que centenario... Con sus ramas toca las cumbres que anidan en el cielo, habla con los pájaros, sonríe, llora, canta, habla... Con sus raíces se mueve sin moverse y camina sin caminar por el tiempo, por mi vida, y sabe de otros árboles, amigos suyos de viaje...

En su corazón, el que palpita bajo su piel de madera, anida un viejo espíritu de la naturaleza.

Hubo un tiempo en el que ancestrales espíritus de Luz de otros mundos, espíritus de especies vegetales muy antiguas y sabias, descendieron sobre la Tierra para ayudarla a crecer y crear un sistema de vida íntegro, un mundo vegetal y en equilibrio..., venían para sembrar de Luz la superficie de la Tierra. Muchos de esos espíritus antiguos, sabios porque están conectados con su fuente primigenia, habitan en grandes secuollas, en viejos álamos y alcornoques, en sauces y castaños, en sicomoros..., llegaron de espacios siderales, del entorno de estrellas como la inigualable Sirio.

Mi amigo y yo mantenemos cortas pero intensas conversaciones en silencio. Me lo dice todo sin decirme nada. Me busca sin buscarme. Me presta su energía sin pedirme nada a cambio. Pero algo se mueve en mí. A través de mí adquiere otros conocimientos y otras experiencias, porque le interesa la Luz y mi tránsito por ella, y mi conexión con la Madre Tierra y el Padre Cielo, porque sabe que soy un árbol caminante que toca las estrellas con la punta de los dedos, y que transito por las estaciones como él.

Se interesa por mi porque me he interesado por él, he salido del corto espacio de mi atmósfera corporal para expandir la luz que me envuelve y acercarme a él. No lo he visto como a un árbol, como si solo fuera un castaño. Lo he visto como a un ser de la naturaleza nutrido en años que se ha forjado a frío y helada, a lluvia y viento, a tormenta y rayo, a canícula y sol abrasador. Y al no mirarlo como a un árbol, sino como a un venerable árbol, me ha sentido como lo que soy, no como a un hombre, y entonces nos hemos comunicado. Entre ambos no hay diferencias, hablamos de ser vivo y sintiente a ser vivo y sintiente. ¿Quién entonces es el árbol y quién el hombre?. ¿Y qué importancia tiene eso?.









4 comentarios:

  1. No he encontrado mejor descripcion del estar frente a un gran Arbol, ellos hablan el idioma universal, vibran con uno, se comunican y son uno de los seres mas nobles de este planeta. Gracias por compartilo y expresarlo de esta manera. gracias. Mixael-Guillermo

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    1. Gracias a ti, Mixael-Guillermo. Ciertamente, los árboles son unos de los seres más hermosos que podamos encontrar. Gracias por tener la sensibilidad de apreciarlo y entenderlo.

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